15 de junio
María alegró la Fiesta de Bodas: “Hagan lo que Él les diga”.
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Oración inicial
Padre Santo, por la intercesión de nuestra Señora de la Consolata, recibe nuestras alegrías, esfuerzos y esperanzas. Danos fuerza para llevar con valor los sufrimientos, las dificultades y fragilidades. Transforma todo ello en misericordia, solidaridad, justicia y paz, para que podamos gozar en espíritu de familia, de la casa común que Tu nos has dado.
Que, siguiendo a tu Hijo Jesús, sepamos trabajar por el bien de los demás, con la fuerza del Espíritu Santo y la compañía maternal de María que corre presurosa al encuentro de la vida que eres Tú mismo que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Iluminación Bíblica
Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió:
«Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía». Pero su madre dijo a los sirvientes:
«Hagan todo lo que él les diga». Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete». Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y les dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento». Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. (Jn 2,1-11)
Meditación
Tal vez no nos falte el espíritu de caridad, pero tenemos que motivarlo y acompañarlo con una escucha atenta de la Palabra de Dios. Una Palabra escuchada y compartida.
María, mientras se da cuenta de la falta de vino, dice también que escuchen a Cristo: Hagan lo que Él les diga. El servicio, la promoción humana no deben nunca hacer perder de vista o pasar a segundo lugar aquello que va primero: generar y nutrir la fe a través de la Palabra y de los sacramentos. En ella vemos el punto culminante de nuestro servicio, la verdadera consolación. María fue también la gran intercesora durante las bodas de Caná.
Dice el Beato José Allamano: “Lo que Dios puede por omnipotencia, la Virgen lo puede con la plegaria… La Santísima Virgen, en Dios y con Dios, lo puede todo. Ella es la tesorera y la dispensadora de todas las gracias. Ella es, a decir de los santos, la omnipotencia suplicante. Con su ternura maternal penetra Ella en las intenciones de su Divino Hijo. Por eso basta que pidamos y nos dispongamos a recibir sus gracias”.
Propósito: Pidamos que nosotros también estemos dispuestos a hacer lo que la Palabra de Dios nos diga.

Oración Final
Súplica a la Virgen Consolata
Oh Consolata, nuestra tierna Madre,
nosotros, tus hijos e hijas, nos dirigimos a ti:
consuela a toda la humanidad afectada por guerras, violencia y enfermedades. Dirige tu mirada sobre los que sufren,
sana a los enfermos, fortalece a los que trabajan por la salud de todos.
Acoge en tu amor maternal a los difuntos y consuela a sus familiares.
Ilumina a los gobernantes para que tomen, en cualquier situación,
las decisiones correctas por el bien común.
Tú, que eres nuestra Consolata, guárdanos en tu amor
y acompaña nuestros pasos por los caminos del mundo
donde la misión nos pide ser consuelo para la humanidad.
OH, ¡VIRGEN CONSOLATA!, intercede por nosotros ante tu hijo Jesús. Amén.
Nuestra Sra. de la Consolata Ruega por nosotros
Beato José Allamano Ruega por nosotros