
Yo encuentro una analogía en mi relación con José Allamano y la relación con mi propio padre: con el avanzar de los años mi admiración y gratitud hacia ellos ha ido creciendo, al ir descubriendo su profundidad humana y espiritual.
Por Oscar Clavijo *
El Padre José Allamano, fundó en 1901 y 1910, respectivamente, los misioneros y misioneras de la Consolata. Este sacerdote diocesano de Turín (Italia) a quien Giovanni Saldarini, Arzobispo y Cardenal de Turín del 1989 al 1999, describió así: “sacerdote, docto y tímido, paciente y decidido, preciso y capaz de dirigir, obediente y profético, ordenado en el estudio y en la vida, frágil físicamente e incansablemente creativo en las obras y en las fundaciones.” (Agasso Domenico, Giuseppe Allamano, fare bene il bene, 1990, Milano, Edizioni Paoline, página 6). Consciente de que es imposible describir totalmente el misterio de una persona en unas pocas líneas, utilizaré la anterior descripción para que nos ayude a entender porque el Allamano es un santo muy humano.
Docto: nacido el 21 enero de 1851, quedó huérfano, junto con otros cuatro hermanos y hermanas, cuando tenía menos de tres años. Su madre, Marianna Cafasso, “esa santa mujer de mi madre” como él la llamaba, no escatimó esfuerzos para hacerlo estudiar. Después de estudiar la primaria en Castelnuovo, su pueblo natal, entró en el Colegio de Don Bosco en Turín para la secundaria. Terminó sus estudios en el seminario diocesano de Turín hasta obtener el doctorado. Prácticamente toda su vida estuvo comprometido con la formación intelectual y humana de sacerdotes y misioneros. Solía decir: “el sacerdote ignorante es una lámpara apagada, un ídolo de tristeza para la iglesia.” El que fue profesor de Teología moral, pasaba muchísimas horas confesando en el Santuario de la Consolata. Esto es solo un ejemplo de cómo para Allamano el estudio y la formación intelectual no eran un fin en sí mismos, sino instrumentos para poder servir y acompañar mejor a las personas.
Tímido: viene descrito muchas veces como una persona humilde y reservada, con un comportamiento digno y amable. En él la timidez no es un obstáculo para la relación, se convierte en acogida, escucha y respeto. En algunas de sus enseñanzas podemos intuir que detrás de su manera reservada de ser hay una motivación espiritual: “acostumbrémonos al recogimiento, para que Dios esté presente en todas nuestras obras, realizándose en presencia de Dios y sólo para Dios”; “toda palabra dicha sin necesidad, utilidad y conveniencia es vana”. “Que nuestro hablar sea poco y bueno, poco y dulce, poco y simple, poco y caritativo, poco y amable”.
Paciente: en él se conjugan la paciencia con la esperanza activa; el saber esperar el momento oportuno con la preparación minuciosa y precisa. Un claro ejemplo de esto es la fundación del Instituto de los misioneros de la Consolata, cuya primera idea se remonta a 1891; pero que no se concretó sino hasta 1901, después de muchas dificultades.

Decidido: una vez que estaba convencido de que una obra o una acción eran necesarias y que eran voluntad de Dios no se detenía delante de las dificultades u obstáculos. Cuando a finales de 1880, con solo 29 años, fue nombrado Rector del Santuario de la Consolata, éste estaba en decadencia y la construcción en mal estado. Con la estrecha colaboración del P. Santiago Camisassa, se embarca en la reestructuración del Santuario, una obra que costará miles de Liras de la época y que solo se concluirá en 1904. Aquí se ve claramente la tenacidad y decisión de José Allamano, con pocos recursos disponibles se compromete en una obra grandiosa confiando totalmente en la providencia. Lo mismo ocurrirá durante la fundación del Instituto: cuando muchos eran contrarios y preveían un fracaso, él convencido que la fundación era una obra de Dios, siguió adelante sin prestar atención a las críticas y dificultades.
Preciso y organizado: se dice que nunca llegaba tarde a ninguna parte, organizaba bien su día. “¿Qué es nuestra vida? es una hora. Al menos en esta hora trabajamos con tanta intensidad, con tal ánimo que una sola hora valga todo el día.” “Nuestra vida vale en la medida en que es activa para nosotros y para los demás.”
Capaz de dirigir: Allamano es recordado como una figura paterna tanto por los jóvenes sacerdotes que acompañó como director espiritual y como director del “convitto”, como por los primeros misioneros y misioneras que formó personalmente. Capaz de escuchar, comprender, guiar y corregir cuando era necesario. Poseía autoridad sin ser autoritario, dirigió el Santuario de la Consolata por 46 años, desde 1880 hasta 1926, año de su fallecimiento.
Obediente y profético: la obediencia a la iglesia y sus autoridades siempre fue un punto firme en su vida. Al mismo tiempo era honesto y sincero en expresar sus ideas, ya fuere con el arzobispo de Turín que con los cardenales de Roma y Propaganda Fide. Su idea de fundar un Instituto Misionero para anunciar el Evangelio a los no-cristianos es profético para su tiempo cuando la iglesia local había perdido ímpetu misionero. “La vocación misionera es sublime porque es la continuación de la misma misión de Nuestro Señor Jesucristo, la de los apóstoles y de los santos misioneros.”
Podemos decir que en José Allamano su humanidad, guiada por el Espíritu de Dios y el Evangelio, se convirtió en fuente de Vida, se hizo “Misión”, donación total, para muchos pueblos y culturas.
* Padre Oscar Clavijo, misionero de la Consolata colombiano, actualmente en la Casa Madre, Turín – Italia.
Artículo publicado originalmente en la revista Dimensión Misionera (clic para ver)