Misionera de la Consola: partera, enfermera y mártir

Mujer italiana, Religiosa católica blanca, cae en tierra, víctima de siete balas negras y musulmanas, disparadas con odio religioso por aquellos a quienes servía con profesionalismo y gratuidad, allá en Mogadiscio, capital de Somalia – África

Por Salvador Medina *

Alianza de sangre

La sangre de Sor Leonella Sgorbati se fusionó con la de Mohamed Mahamud, un musulmán, padre de cuatro hijos, que la acompañaba mientras atravesaban la calle que separaba o unía la escuela – hospital con la casa – comunidad. Mohamed trató de ponerse entre ella y las balas asesinas cayendo, como ella, asesinado. La sangre del padre musulmano se mezcló en un solo charco con la de la misionera católica, lo que llevó a Mons. Jorge Bertín, obispo de Yibuti y Administrador Apostólico de Mogadiscio, a leer el acontecimiento en clave de futuro: “Para mí, la muerte de una italiana y de un somalí, de una cristiana y de un musulmán, de una mujer y de un hombre, nos dice que es posible vivir juntos, porque es posible morir juntos. Por esta razón, el martirio de la hermana Leonella es un signo de esperanza”

Nacida en el 9 de diciembre de 1940, en Rezzanello de Gazzola (Provincia de Piacenza – Italia), terminado su secundaria entra en el Instituto de las Misioneras de la Consolata. Emite su primera Profesión Religiosa el 22 de noviembre de 1965 y sale de Italia, destinada a estudiar Enfermería en Kendal – Inglaterra, para después ir al África como misionera a testimoniar y anunciar al “Dios de toda consolación” con el servicio a la vida.  

Treinta y seis largos años ofreció en el Kenia. Inicialmente en el “Nazareth Hospital” de Kiambu, como enfermera Jefe de Pediatría, cerca de Nairobi. Mientras trabajaba se capacitaba con la experiencia y la academia hasta poder asumir la dirección de la Escuela de Enfermería del Hospital de Nkubu, en Meru – Kenia. Allí se transformó en partera, enfermera, administradora, maestra y formadora de profesionales de la salud. En 1993 vine nombrada Superiora de las Misioneras en el Kenia y desde ese servicio visiona la necesidad y la posibilidad, no sin los riesgos, de ir a servir a la vida en la martirizada Somalia, en donde permanecían cuatro Misioneras de la Consolata que, después del “éxodo forzado” en 1991, decidieron permanecer allí como voluntarias en el Hospital SOS, Kinderdorf Internacional, única estructura de tipo pediátrico existente en Mogadiscio, que ofrecía sus servicios gratuitamente.  

Misionera de la Consolata

Antes del cambio de destino, Sor Leonella pasó por Turín y Castelnuovo para refrescar el carisma, recibido del Padre Fundador José Allamano y durante un mes, denominado “allamaniano” que, según testimonia la coordinadora Sor Chiaretta Bovio, lo experimentó muy corto, la gracia de Dios actuó profundamente en su corazón. En el Santuario de la Consolata, en Turín, el 21 de febrero 2006, después de haber renovado a los pies de María su SI a Jesús, Sor Leonella se confirmó en su llamado a donar la vida hasta el fin.

Durante la celebración eucarística, el versículo del Aleluya repetía las palabras de Jesús: “Si el grano de trigo que cae en la tierra, no muere, queda solo, pero si muere produce mucho fruto” (Juan 12, 24). Le pidió a la Virgen que le ayudara a ser fiel a esta llamada, recordando quizás lo que 10 años antes, con ocasión de la fiesta de la Consolata, en Kenya, le había escrito a sus Hermanas: “En Ella, Mujer plenamente Consolada, ¡la Consolación se hace carne – el Amado del Padre toma un cuerpo – Cuerpo y Sangre que el Hijo quiere donarnos para hacernos uno solo con El! ¡Contemplemos a La Consolata en la actitud de donar el Hijo! Esta Madre que se convierte en “Sagrario y en Cáliz” para que nutriéndonos de este Hijo que Ella nos entrega, nos transformemos de verdad en “Hijas en el Hijo”. 

Cuando recibimos de las manos de María a Jesús que nos nutre de sí mismo y nos une con El, en el Amor del Padre, nosotras nos hacemos dignas de la fuerza del Amor, ¡que todo arriesga para dar vida en el amor!

Solo así, encontrando a nuestros hermanos y hermanas, podremos sumergirnos en sus sufrimientos, seremos capaces de escucharlos, acogerlos, compartir sus dolores y alegrías, sus esperanzas y hacer florecer la Vida amando hasta el final”.

El perdón como don

Sor Leonela no había ido a Somalia, uno de los países más pobres del mundo en donde cotidianamente se enfrenta la carencia generalizada, agravada con un conflicto armado que no da tregua, a interceder para que dejaran vivir y trabajar en paz a los cristianos católicos o, al menos, a las cuatro misioneras de la Consolata que, voluntariamente, habían permanecido en la socialista República Democrática de Somalia, bajo el régimen de Mohamed Siad Berre, que colapsó en el 1991, generando una absurda guerra civil que causó innumerables desplazamientos internos y un gran éxodo de extranjeros. Tampoco había ido a acabar con el Islam, como algunos lo interpretaron cuando se graduaron las primeras enfermeras (agosto del 2006) en la Escuela de Enfermería iniciada en el 2002, con la aprobación y reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud. Tampoco, ciertamente, había ido motivada por un buen contrato de trabajo, bien remunerado.  

Sabía muy bien que iba como Misionera de la Consolata a testimoniar la Consolación encarnada, Jesucristo muerto y resucitado; a anunciar la llegada-presencia del Reino de Dios, reinado de la vida; a colocar su granito de arena en la construcción de ese Reino de amor, con su profesión religiosa y académica, al servicio de la salud (= salvación), a partir de los niños y sus madres, los más indefensos.

En ese empeño se encontraba cuando enemigos de su fe, ignorantes y violentos, la asesinaron. Ante el ataque letal su respuesta fue “perdono, perdono, perdono”. A eso había ido, a donar la vida por la vida, a compartir, con María Consolata, la consolación recibida. Ese don cultivado a lo largo de los años, como el del per-don, fue su oferta y su misión.

El Papa Francisco se lo reconoció, en grado heroico, el 26 de mayo de 2018 en la Plaza de San Pedro, cuando la declaró Beata, bienaventurada – Mártir por amor en un contexto interreligioso, interétnico, intercultural e inter genero racial. Misión ad gentes pura y dura

* Padre Salvador Medina, misionero de la Consolata en Colombia

Grupo de la celebración de su memoria – casa de las Misioneras de la Consolata – Bogotá