Misioneros con corazón de pescador, manos de sembrador y habilidades de pastor

19 agosto, 2020
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Por Equipo AMJV Argentina

Un valor es algo que “vale mucho” para nosotros; parafraseando a la filósofa española Adela Cortina diría que los valores son cualidades que nos permiten acondicionar el mundo y hacerlo habitable.

Ser solidario o egoísta, defender la igualdad o discriminar a otras personas, ser tolerante o intolerante, respetar a los demás o no, evidencia de forma explícita los valores que profesamos.

La vida misionera nos enseña que distintos grupos sociales pueden diferir en sus valores, y en distintas sociedades o distintas culturas, las normas y principios que rigen a los valores pueden ser muy diferentes.

El Allamano, con insistencia, motiva desde sus cartas a los primeros misioneros a centrarse en tres valores fundamentales para el crecimiento y buen andamiento de la Misión.

Espiritualidad sólida

El misionero al igual que el pescador del Evangelio de Lucas 5,4 es desafiado a dirigirse mar adentro, si desea hacer la experiencia de la pesca milagrosa en la Misión. Navegar hacia lo profundo de la vida exige alta y sólida espiritualidad, condición infalible para que la propia transformación, la del lugar y la de las personas acontezca.

Al igual que la frustración que siente el corazón del pescador, el misionero del Allamano es estimulado a no perder la calma y a buscar contra toda adversidad la voz interior del Maestro.

Poner toda la confianza en la palabra de Jesús, es un valor fundamental para todo misionero que desea iniciar un proceso de transformación interior.

Construcción del Reino

Si bien la palabra construir nos refiere inmediatamente a la albañilería, piedras, ladrillos y muros; cuando se trata de construir el Reino de Dios el elemento simbólico cambia de inmediato, simplemente porque el Reino de Dios se trata de agarrar con las propias manos el arado de la vida y comenzar la grandiosa tarea de sembrar semillas de la Bienaventuranzas en la Misión.

El papa Francisco nos recuerda que el Reino de Dios no es ni un espectáculo, ni un carnaval y no quiere publicidad. Al igual que una semilla, el Reino de Dios crece desde adentro y a escondidas, en medio de nosotros.

El Reino de Dios requiere del misionero: manos humildes, movidas, motivadas y cimentadas en la ardiente pasión por la humanidad.

Testimonio de la Resurrección

El perfil de cuidador y conocedor de las ovejas del Buen Pastor, exige al misionero poner en marcha todas sus habilidades, para poder luchar contra los antivalores que excluyen a los vulnerables y menosprecian el valor de la Vida.

La Misión hoy más que nunca necesita la presencia de grandes testigos y testimonios del Cristo vivo y presente en medio de la humanidad, como dueño y dador de la Vida en abundancia. Pequeños y constantes gestos de amor al prójimo es la mejor habilidad a desarrollar cuando se trata de testimoniar la Vida en Cristo.

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