Lo que me incomoda del papa Francisco

Francisco,

llevo doce años escuchando y mirando tu forma de dirigir la Barca de Pedro, y te quiero decir por qué me has incomodado:

  • Me incomoda tu sencillez que confronta las falsas riquezas en las que pongo mi corazón.
  • Me incomoda tu alegría que me recuerda lo bello que es ser cristiano.
  • Me incomoda tu sentido del humor que desinfló mi ego para aprender a reírme de mí mismo.
  • Me incomoda tu pobreza que hizo mirar a los pobres y descartados de nuestro mundo, con quienes está Jesús.
  • Me incomoda tu autenticidad que rompe protocolos, porque cuestionó mi «deber ser» para abrirme y acercarme a la realidad del mundo.
  • Me incomoda tu misericordia que hizo sentirme necesitado del amor de Dios y saberme Su hijo muy amado.
  • Me incomoda tu audacia contagiosa que hace que los jóvenes salgamos a la calle a «hacer lío».
  • Me incomoda tu compasión que acepta a «todos, todos, todos» en la Iglesia, y abrió mi corazón para aprender a amar sin condiciones.
  • Me incomoda tu familiaridad con la humanidad, pues había olvidado que todos y todas somos hermanos y hermanas en Dios.
  • Me incomoda tu silencio orante, pues sentí ternura al verte hablando con Dios, como un amigo habla con otro amigo.
  • Me incomoda tu amor por la Casa Común, porque me recordaste lo pequeño y limitado que soy.
  • Me incomoda tu humildad al reconocer tus errores, porque confrontó la «imagen falsa» de quien creía ser.
  • Me incomoda que pidas perdón por los pecados de la Iglesia, porque me recordaste que también me he olvidado del amor que Dios me tiene.
  • Me incomoda tu deseo de caminar en comunidad que desarma mi ambición y pone a prueba mi solidaridad con toda la Iglesia.

Pero lo que más me incomodó, muy querido papa Francisco, fue que me enseñaste a mirar a Jesús de Nazaret, y con su mirada tierna y profunda reconocí que él me llamaba a ser su Compañero. Tu incomodidad nunca fue mala, más bien, siempre fue motivación para discernir una vocación de Amor y servicio a Dios, a su Iglesia, en la Compañía de Jesús.

Y me incomoda reconocer que tu amor por la Iglesia y por el mundo es un reflejo de conocer profundamente a Jesús, conocer su amor ardiente por nosotros, y que me invita a seguir conociéndolo más a Él.

Después de doce años siguiéndote a la distancia, me incomoda verte frágil y necesitado de otras personas que cuiden de ti, porque cuestiono si me estoy entregando completamente como tú lo haces, amorosamente por toda la Iglesia y nuestro planeta.

Gracias por tu incomodidad, querido Papa Francisco, porque nos ha enseñado a discernir lo verdaderamente importante: el ser y desear ser Iglesia, siguiendo a Jesús de Nazaret.

* Por Humberto Guzmán Parra, S.J. – Publicado en “Christus – Revista de Teología, Ciencias Humanas y Pastoral” (México)

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