
José Allamano, sacerdote diocesano, canonizado por el Papa Francisco el 20 de octubre de 2024, durante la Jornada Mundial de las Misiones en la Plaza de San Pedro, es propuesto como testigo de la misión de Dios Padre, la misma confiada a su Hijo Jesús. Padre y maestro de Misioneros (1901) y Misioneras (1910), a los cuales convocó, formó y envió, como Jesús en la Iglesia.
Por P. Salvador Medina, IMC *
De este Padre Maestro trató el P. Efren Baldasso, misionero de la Consolata venido de Italia para acompañar los ejercicios espirituales de la Familia Misionera de la Consolata (Presbíteros, Religiosas y Religiosos, Laicas y Laicos) que se alimentan de su propuesta carismática, su santidad de vida y su propia humanidad.
San José Allamano mediante conferencias semanales, charlas familiares, celebraciones litúrgicas, cartas y otros medios ordinarios formaba a sus misioneros con una sencilla y coloquial pedagogía. El P. Efren, estudioso de San José Allamano, fundador y formador, supo extraer de su enorme caudal propuestas sencillas de humanidad, santidad, teología y praxis misionera. Durante toda la semana, ayudó a toda la Familia Misionera de la Consolata a vivenciar a su Santo Fundador en aulas de formación. Nos parecía estar con él. Nos dejábamos cuestionar, admirados con la actualidad de su discurso y desafiados al confrontarnos con nuestro presente aunque quedáramos con enorme tarea en relación al futuro.
Esta corriente misionera brotada del seno del Santuario de la Consolata, al pie de los Alpes piamonteses (Turín) en 1901 viaja a través del tiempo, bañando y fecundando territorios, pueblos y culturas. Llega a Colombia en 1947 por el puerto de Buenaventura. Hoy nos encontramos, como las aguas del Rio Amazonas con las del Rio Negro en la Amazonía Continental, mezcladas con las de los rios Caquetá, Orteguasa, Putumayo, de la Amazonía Colombiana. Todas navegan sin chocar, viajan juntas sin mezclarse, rumbo al mismo mar.
Es posible la comunión en la diversidad, sin anular las identidades. Verdadera comunidad en donde la familia Misionera, con sus diversidades y los pueblos con sus culturas y espiritualidades, pueden también avanzar juntos, como los ríos y ser uno como le pedía Jesús al Padre: “que todos sean uno” (Jn 17,21), no por uniformidad, sino por comunión.
Con la ayuda del P. Efrén, el grupo de más de 60 misioneros reunido en San Vicente del Caguán, recibió, como baño de agua fresca, las sabias y practicas enseñanzas del Santo Fundador, dejándose confrontar con un presente que exige mayor y sincera evaluación para podernos abrir al futuro con esperanza y continuar la navegación de “Jerusalén a Jericó”, lema de la actual dirección Regional.
María Consolata,
enséñanos a caminar con los pueblos,
como Familia Misionera internacional e intercultural,
aprendiendo de los ríos que no se imponen,
no conflictúan ni se confunden,
juntos le sirven a la vida con ternura y energía.
Haznos misión “A la mano”, de consolación – liberación.
Amén.
* Por P. Salvador Medina – Misionero de la Consolata en la Región Colombia



