
Vivir y realizar la Misión de Dios confiada a la Iglesia, comunidad de discípulos/as – misioneros/as, en diferentes contextos, latitudes, culturas y procesos históricos, exige buena salud física, afectiva, espiritual, emocional e intelectual, además de una clara identidad personal e identificación cultural, religiosa e institucional.
Los agentes de la misión, en una Iglesia Particular o Local, como la del Vicariato Apostólico de Leguizamo – Solano, “caminando juntos”, en sinodalidad, con el Papa, la Iglesia en el continente y en el mundo entero, se empeñan en la información y formación continuadas, para responder con mayor profesionalismo a los retos de la misión.
Misión de frontera en la Frontera
Por eso, el Vicariato de Leguizamo-Solano, en la tri-frontera (Colombia – Ecuador – Perú), con Mons. Joaquín Pinzón G. a la cabeza, en su búsqueda de cualificación, invita a la Universidad y, con ella a la academia y a los académicos/as, a participar en la búsqueda y construcción de un pensamiento articulado, interconectado, con la misión.
Universidad y misión, entonces, al servicio de la formación de los agentes de la evangelización: obispo, sacerdotes, religiosas y laicos/as, todos en búsqueda de luz para iluminar los senderos de la misión, de más y mejores herramientas para la vida personal y el acompañamiento de los pueblos y comunidades indígenas, campesinas, afro-descendientes y urbanas, respetando la diversidad cultural y ambiental, tejiendo la fraternidad y la conectividad entre todas las criaturas.
Todos inspirados en la propuesta del Reino de Dios, o reinado de la vida, anunciado y operativizado por el Señor Jesús, con la luz y la fuerza del Otro Consolador.
Misión y Antropología
Reconociendo que, como en la propuesta del buen Samaritano, en toda acción humana subyace una visión o comprensión del ser humano y su entorno cultural, el Vicariato está implementando, junto con la Universidad Autónoma de Occidente, un “Diplomado en Antropología”, proyectado en tres Módulos, para este 2022, entre pandemia y ecologia.

Profesionales de la academia comprometida con la realidad, orientados por el Decano de Humanidades, Profesor Jesús Flórez, se van desplazando a las orillas del rio Putumayo, mientras los misioneros/as llegan, navegando por los diferentes ríos, a beber todos de las aguas vitales del saber académico y la praxis misionera. Qué maravilloso intercambio, al servicio de una “ecología integral”.
Aunque la vida sea continua, la academia se organiza por módulos, para permitir el intercambio, los aprendizajes, la asimilación y la aplicación de los nuevos o viejos conceptos en el tejer cultural, al servicio de “la comunidad de la vida” y del “buen vivir”.
El primer módulo, como para facilitar un lenguaje y una comprensión común, ha explanado el terreno y colocado en la mesa los conceptos de Cultura, recorriendo las teorías del evolucionismo y del funcionalismo, ayudando así a comprender la complejidad de lo humano, la selva y lo salvaje.
Antes de iniciar, debemos reconocer que no existe la cultura sino las culturas y que, ninguna es superior a otra, sino que son diversas; que las culturas no son estáticas sino dinámicas como la vida misma, y que todas son producto de la iniciativa humana, con sus contextos, corporalidades, lenguajes, emociones, tradiciones, símbolos, mitos, ritos y rituales, todo al servicio de la vida, hasta la misma muerte con sus violencias y sufrimientos.
Podemos, igualmente, colegir, que no hay culturas de muerte, sino que todas están atravesadas por corrientes de muerte que, la cultura misma, las debe y puede enfrentar.

El segundo módulo navegó en las vertientes de la Antropología de la Cultura y la Naturaleza, ayudando a percibir la diferencia o igualdad entre estas dos.
Iniciando por la visión Monista o integral del ser y pasando por la Dualista, divisoria y atomizaste, de la Edad Media, aún vigente, pero adentrando en la actualidad de la Ontología Relacional que conlleva la relectura de las diversas relaciones identitarias, especialmente la de la persona consigo misma, las con el Trascedente y sus diversas concreciones en religiones o espiritualidades, entre los Seres Humanos, iguales y diversos, las Ecología y su interrelación entre sociedad y naturaleza, entre ecología y política, entre etnoecología y antropología del medio ambiente. Todas grandes temáticas, apenas aquí enunciadas, pero en el Diplomado mejor tratadas.
Conclusión inicial
El estudio de todo lo humano que permita comprender cómo es el otro, es tarea de la Antropología. Para América Latina y para comprender al sujeto histórico y presente que habita la Amazonía, este estudio es importante porque permite comprender la herida colonial que se causó y aún persiste y que permite al Misionero en su encuentro con lo racial y étnico cuidar de cómo se acerca y dialoga en este universo de diversidades, claras, oscuras e híbridas de la cultura.
Nos ata el pasado colonizador y de dominios, al igual que las conquistas de Occidente que separó blancos de negros, norte de sur, bueno de malo. Pero, el adentrarnos en esta reflexión, desde la Antropología, deja la interpelación frente al propósito evangelizador y la urgencia de dar paso a maneras creativas y sanas para el relacionamiento con las personas y grupos humanos, lo mismo que con el lugar donde se ponen los pies. Invita a evocar actitudes, pensamientos y sentimientos más monistas y eco sistémicos, que se acercan a la realidad de los pueblos y de la “casa común” en la Amazonía.

Gratitud a las profesionales que han acompañado el primer y segundo módulo, Liz Rincón (antropóloga) y Elizabeth Patiño (Historiadora Ambiental).
* Escrito a varias manos: Mons. Joaquín Pinzón, Marcela Díaz O., Luz Marina Hernández y Salvador Medina, además de todos los participantes en el Diplomado y muchos más.