
Desde octubre del año pasado, las comunidades de los Misioneros y Misioneras de la Consolata en todo el mundo han celebrado con alegría la canonización de San José Allamano. New Jersey no fue la excepción, y el pasado 22 de marzo de 2025, la comunidad misionera de esta región se unió a esta gran fiesta multicultural.
Por Peter Ssekajugo *
Para que esta ceremonia saliera bien, el Superior delegado de DCMS, padre Peter Ssekajugo, involucró a muchas personas en la preparación. Se trataba de los Misioneros de la Consolata residentes en New Jersey, el equipo de la oficina regional, el equipo de la parroquia de San Agustín dirigida por el párroco, el padre Bob, los Caballeros de Colón de la Asamblea de O’Grady, de la que el padre Peter fue capellán, el grupo de hombres de Cornerstone y el grupo de oración de la Consolata.

La misa, que comenzó a las 11 de la mañana, fue presidida por mons. James Checchio, obispo de la Diócesis de Metuchen, y concelebrada por varios sacerdotes y diáconos permanentes. El obispo pidió al padre Peter que hiciera la homilía para poder predicar sobre San José Allamano.

Uno de los elementos que animaron la misa fue la participación del coro keniano de la Diócesis de Metuchen y de las Hermanas María Inmaculada de Nyeri, fundadas por el obispo Filippo Perlo, presentes en New Jersey, Nueva York y Georgia. Según los feligreses de la parroquia de San Agustín, era la primera vez que se celebraba allí una misa tan hermosa. Hubo una mezcla de cantos, inglés, swahili y kikuyu, resaltando la diversidad y la catolicidad de nuestra Iglesia de las misiones en el mundo.

Mons. James Checchio agradeció a los Misioneros de la Consolata por haberle invitado a celebrar esta misa y los felicitó por su larga presencia en la Diócesis. El padre Bob se unió a estas palabras de gratitud por el apoyo a la parroquia San Agustín y a otras parroquias y por llevar a su Iglesia la alegría de la fiesta de San José Allamano.
Allamano fue un canal a través del cual Dios ha obrado

En su homilía, el padre Peter Ssekajugo habló sobre San José Allamano, la fundación de los dos Institutos, nuestras misiones, sobre el milagro de Sorino Yanomami y de la ceremonia de canonización del pasado octubre 2024 en Roma, y de las fiestas que siguieron en Turín y Castelnuovo.
«La alegría que se vivió en Roma y en Turín durante la peregrinación por ocasión de la canonización fue una afirmación de que, al igual que se comparte la alegría de la buena noticia, también se comparten sus frutos en comunidad, en la Iglesia. Los Misioneros y Misioneras de la Consolata no podían ni pueden vivir solos esta alegría. Del mismo modo que compartieron el Evangelio, deben compartir su alegría», destacó el padre Peter en su reflexión.

También mencionó que la canonización de Allamano «para nosotros sus seguidores, es una afirmación de Dios de que su carisma y su misión son dones que Dios dio al mundo a través de nuestro Fundador. Eso significa que Allamano fue un canal a través del cual Dios ha obrado en las comunidades evangelizadas por nosotros. Lo que San José Allamano predicaba estaba inspirado por el Espíritu Santo. La fundación y el envío de los misioneros y misioneras fue el primer milagro, después la curación de muchos enfermos, como la del indígena Sorino en la selva amazónica en Brasil».
Allamano hizo la voluntad de Dios
Ahora, Dios le dice: ‘José Allamano, el bien que hiciste lo hiciste bien. Ven a los altares. Ven al lugar reservado para los que hacen mi voluntad’. Su canonización nos invita a sus seguidores a estar donde nuestra cabeza está, pues nos invita a ser ‘primero santos, luego misioneros’.

El hecho de que el milagro que llevó a la canonización de José Allamano se sucediera entre una de nuestras grandes opciones misioneras, los pueblos indígenas de la selva amazónica, nos recuerda que Dios nunca olvida a los humildes, a los olvidados, a los últimos, a los niños, a las mujeres del mundo. Que la Palabra de Dios sigue encarnándose y acampando entre su pueblo. Aun así, el acontecimiento de este milagro en el pueblo Yanomami es un recordatorio de que la evangelización puede hacerse de la periferia al centro, de la Amazonía a Roma.
* Padre Peter Ssekajugo, IMC, Superior delegado DCMS.