Amados, llamados y enviados a la misión en el mundo

El padre Pietro Trabucco durante el curso en Roma. Fotos: Jaime C. Patias

Después de una pausa de fin de semana en el clima de bienvenida al nuevo Papa León XIV, en su primer domingo como Pontífice, el lunes 12 de mayo, el grupo de 16 misioneros jubilares, que celebraban los 25 años de ordenación sacerdotal y/o profesión religiosa, reunidos en Roma para el curso de formación continua, retomó sus trabajos con una reflexión sobre el núcleo fundacional del carisma.

Por Peter Githaiga Njoroge *

El estudio fue dirigido por el padre Pietro Trabucco, IMC, misionero con un profundo conocimiento de la vida del Santo Fundador y de la misión del Instituto, donde ha desempeñado diversos servicios, entre ellos el de Superior General.

Vea a continuación el vídeo con un resumen de la reflexión. Al hablar sobre el papel de la Vida Consagrada en la vocación misionera, padre Trabucco recordó que “el Instituto nació no como una congregación religiosa, sino como un grupo diocesano. Tras la primera experiencia misionera en Kenia en 1902, el Fundador se dio cuenta de que la formación que recibían los sacerdotes en el seminario diocesano no era suficiente para hacer de ellos buenos misioneros. Así que Allamano entendió, como un don de Dios, lo que ahora llamamos el carisma, para unir la vida religiosa con la misión”.

«En el camino misionero actual de nuestros Institutos debemos partir siempre del carisma original que nos transmitió el Fundador, cuidando de poner siempre en primer lugar los elementos fundamentales y evitando poner todas nuestras energías en aspectos, aunque importantes, pero siempre relativos a los primeros», dijo el padre Trabucco.

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En su reflexión, el padre Trabucco, que actualmente reside en la Casa Natal de San José Allamano en Castelnuovo Don Bosco (Italia), subrayó el rico legado del Fundador, que siempre quiso de sus misioneros un «más» para «no ser sólo trabajadores de la misión, sino vivir como consagrados en plena disponibilidad para el amor».

Participantes en el curso reunidos en la Casa General IMC en Roma

“Nuestro camino misionero pasa por la enseñanza y el testimonio de San José Allamano. Un misionero vacío de espiritualidad, que Allamano llamaba fuego, no enciende a nadie, no calienta a nadie. En cambio, un misionero con el corazón encendido por los valores de la comunidad, la oración, la Eucaristía, la devoción a la Virgen, los comunica instintivamente a los demás… Hay que tener fuego para ser misionero”.

El padre Trabucco invitó también a los participantes del curso a reconocer el don del Espíritu en el carisma del Instituto y recordó que San José Allamano insistía en la centralidad de Cristo, el amor a la Eucaristía, la devoción mariana y el espíritu de comunidad y comunión.

El asesor concluyó su reflexión invitando a los misioneros “a renovar siempre su adhesión a Cristo caminando en sintonía con todo el Instituto y la Iglesia”. La invitación es, ser misioneros amados, llamados a seguir a Cristo Jesús en la vida religiosa y enviados al mundo.

* Padre Peter Githaiga Njoroge, IMC, misionero en Kenia.

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