
El equipo de Animación Misionera y Juvenil Vocacional (AMJV) de los Misioneros de la Consolata, Región Colombia, se reunió los días 19 y 20 de marzo para evaluar el camino recorrido y proyectar los desafíos de la evangelización juvenil en el contexto actual. El encuentro se dio en el marco del Inicio del Año Vocacional y la celebración de la solemnidad de San José, esposo de María.
Por P. Mauricio Awiti, IMC *
El encuentro contó con la participación de los padres Salvador Medina, Ferney Nicán, Stanislaus Joseph, Eugenio Teresa y Mauricio Awiti, acompañados por los profesos Fredrick Wambugu y Michael Epete. El balance del año 2025 fue positivo, destacando un cumplimiento efectivo de las metas y una participación creciente del laicado joven.
El reto de una pastoral encarnada
Se considera que la pastoral juvenil sigue siendo uno de los grandes retos para las pastorales. La pastoral no es un ejercicio meramente metodológico, sino un acto consciente que orienta la acción evangelizadora desde discernimiento especialmente con los mismos jóvenes o los consejos pastorales. En este sentido, se planteó tres preguntas:
- ¿Cómo acompañar a los jóvenes en la construcción de sentido en medio de una realidad fragmentada y vulnerable?
- ¿Cómo formar jóvenes capaces de leer críticamente su realidad y comprometerse en su transformación?
- ¿Cómo propiciar un encuentro auténtico con Cristo en una cultura digital, plural y emocional?
El desafío para los procesos pastorales hoy en día es, cómo comprometer más a los jóvenes en lo relativo a lo espiritual y especialmente a la vida religiosa y/o sacerdotal. Se considera que, la sociedad ha dado pasos gigantes de la exigencia externa a la exigencia interna. Esto es en el campo de bienestar y emocional. El paso significativo está transformando las instituciones y las personas, particularmente a los jóvenes. Por consiguiente, el desplazamiento de una comprensión amplia de servir al otro, al estar encerrado en sí y con poca apertura hacia compromisos de largo tiempo.
En este sentido, hubo acuerdo que para abordar el mundo juvenil se necesita una lectura interdisciplinar: sociología, religión, psicología y teología pastoral. Por lo tanto, es imprescindible una mirada critico-interpretativo y la capacitación en el acompañamiento como una herramienta pastoral. Se considera que hay una influencia de factores como la secularización y pluralismo religioso, desigualdad y violencia, la transmisión de la fe, la identidad y la búsqueda de sentido, la credibilidad institucional y la experiencia religiosa. Estos, desdibujar el espectro vocacional para muchos jóvenes.
Sin embargo, no se puede quedarse solo en el análisis y los diagnósticos. La convocatoria es hacer algo que responda proféticamente a los retos y oportunidades. Además, se invita a hacer una buena lectura de los “signos de los tiempos”. En este marco, se ha pensado que todas nuestras parroquias deben ser lugares de animación vocacional, dado que se trabajan con los grupos juveniles o hay catequesis. Estos espacios son propicios para hacer crecer la semilla vocacional.
Al mismo tiempo, los colegios son campos fértiles para la animación misionera y vocacional. La indiferencia y la tibieza misionera en estos espacios es una tragedia para el instituto y negación de una de las tareas principales del misionero. El sentido común convoca a los misioneros a superar los miedos, dudas y la fe frágil, dado que la vocación es don de Dios y el sigue llamando a obreros a sus mies.
En la Región, se está respondiendo concretamente a los desafíos de animación vocacional con la planeación de las semanas vocacionales en las parroquias IMC. La convocatoria es pasar del dicho al hecho: motivar a los jóvenes en nuestras parroquias y colegios a participar en los procesos de escucha y discernimiento. Al mismo tiempo, se puede profundizar las experiencias con programas de inmersión misioneras en campos de misión como la semana santa, escuela de liderazgo juvenil, congreso de misión y consolación y misiones navideñas. En otras palabras, se abren espacios de polinización misionera que terminan dinamizando las parroquias y colegios.
Otra preocupación fue la participación de los laicos en la animación misionera. En la iglesia se habla mucho de sinodalidad que es una actitud vertebral para la eclesiología hoy. En este sentido, es urgente y pertinente la participación de los laicos jóvenes en la organización y ejecución de las actividades de AMJV. Asimismo, se les permiten a orientar su propia vocación dentro la Iglesia.
Nuevos horizontes: Cultura digital y contexto social
Hay que superar las manifestaciones de desconfianza creciente hacia los jóvenes influida por rigidez institucional e individual o desconexión con la realidad juvenil. En esto, viene la memoria el Papa Francisco quien insistió mucho en la necesidad de una Iglesia “en salida”, capaz de escuchar y acompañar, lo cual se convierte en un criterio clave para la pastoral juvenil contemporánea.
Al mismo tiempo, la irrupción de la cultura digital y subjetividad juvenil se ha abierto como el nuevo areópago para la AMJV. Estos campos están transformando profundamente las vivencias religiosas. Se considera que vivimos en una “sociedad red” donde la identidad se construye de manera flexible y fragmentada. En este contexto los jóvenes acceden a múltiples discursos religiosos; los jóvenes prefieren experiencias rápidas, visuales y emocionales y se alejan de prácticas consideradas rígidas o poco significativas. Los estudios en el campo de la neurociencia han mostrado que el cerbero adolescente busca recompensas inmediatas y experiencias intensas, lo que influye en la espiritualidad. La pregunta es ¿de qué manera se está aprovechando la comprensión del campo digital para la animación misionera y vocacional?
Otro aspecto para tomar en cuenta es el contexto colombiano marcado por la desigualdad, violencia estructural y economías ilegales; estas realidades generan en los jóvenes una fuerte búsqueda de sentido y protección simbólica, además de una confusión existencial, elemento que se debería de atender dentro de la pastoral. Es decir, la religión puede cumplir una doble función en dicho contexto. En este sentido, se señala dos puntos la contención emocional y comunitaria y el horizonte de esperanza transcendente.
Por otra parte, hay que considerar que el rol tradicional de la familia religiosa se ha perdido. Esto produce en los jóvenes identidades difusas o sin arraigo. Por lo tanto, la iglesia se convierte el lugar de trasmisión de prácticas religiosas profundas y colectivas.
Tomando en cuenta todo lo discutido y debatido, se llegó a la conclusión que se debe fortalecer la pastoral de acompañamiento en el marco de una espiritualidad encarnada. El lenguaje debe cambiar, es decir, de sea simbólico y narrativo. En las parroquias y instituciones educativas hay que promover comunidades significativas (pequeños grupos) donde se puede integrar experiencias de fe y vida.
Un llamado a la esperanza
Tomando en cuenta todo lo discutido y debatido, se llegó a la conclusión que se debe fortalecer la pastoral de acompañamiento en el marco de una espiritualidad encarnada. El lenguaje debe cambiar, es decir, que sea simbólico y narrativo. En las parroquias y instituciones educativas hay que promover comunidades significativas (pequeños grupos) donde se puede integrar experiencias de fe y vida.
El compromiso del Instituto es claro, creando espacios fértiles donde la semilla vocacional pueda crecer con fuerza en el corazón de las nuevas generaciones.
*Por P. Mauricio Awiti, IMC – consejero Regional y miembro del equipo de animadores vocacionales.


