
La Comunidad Apostólica Formativa (CAF) de Mendoza, Argentina, todos los meses dedica un día al retiro mensual pero en este mes, el día 29 de marzo, lo hizo de forma virtual y guiando por el Padre Armando Olaya.
Por Peter Kariuki Njagi *
La reflexión se inspiró en el tema del mes de marzo propuesto por el Bienio sobre la persona, “aprendiendo la misión de Jesús misionero del Padre”.
Consideramos que ésta fue también una interesante experiencia de continentalidad, el padre Armando, superior de la Región IMC Colombia, nos hizo ver que podemos distinguir dos tipos de aprendizajes: el intelectual y el existencial. E primero tal vez sea el más reconocido y valorado, está respaldado por años de estudio, calificaciones y títulos académicos que reconocen públicamente y socialmente tu preparación en cierto ámbito del saber. Sin embargo no es el único aprendizaje porque existe también él de la vida del que no existen títulos sino solo los rastros que el vivir cotidiano deja en cada uno de nosotros.
En el camino misionero es necesario el aprendizaje intelectual pero éste tiene que ser calificado, purificado y filtrado por la experiencia de la misión y de la vida. Hay que aprender a encontrar los signos y el mensaje de Dios en lo ordinario, lo cotidiano, lo común, encontrarlo en los pequeños detalles de la vida.
El mismo Jesús, a la hora de educar a sus discípulos, optó por la escuela de vida: subió al monte y llamó a los que él quiso, éstos vinieron a él y estuvieron con él (cf. Mc 3,13) y más tardes también fueron enviados. Los discípulos el evangelio lo fueron aprendiendo estando con Jesús, teniéndolo a él medio de ellos. El evangelista Juan en el prólogo de su evangelio dice que “el verbo que se hizo carne y puso su morada en medio de nosotros” y es esa proximidad la que nos hace cristianos, discípulos, misioneros. Jesús descendió hasta lo más profundo del hombre, se insertó en la realidad humana, en su belleza y también su miseria y la elevó al orden divino, cumplió el plan original del Creador para con toda criatura.

Jesús supo valorar la realidad cotidiana y en ella encontraba el mensaje de Dios para nosotros. Su inserción e identificación con la realidad humana es para nosotros el modelo de la misión. El espacio privilegiado por medio del cual nos acercamos a la persona de Jesús es su Palabra sobretodo escuchada en la oración. En la lectura meditativa de la Palabra de Dios descubrimos los criterios y las actitudes de Jesús que orientaron su vida y que tienen raíces profundas en el corazón de Dios.
Lo que Jesús hizo, bajando en lo más profundo de la realidad humana, debería de ser la inspiración de todo nuestro ser misioneros y nuestro hacer misión. El contacto con los hombres con los que nos encontramos todos los días, con sus preocupaciones y sus sufrimientos, llevado a la oración e interpretado por la Palabra de Dios, nos habilita para el anuncio de la Buena Noticia que ayuda a transformar la vida y la historia y es capaz de dar sentido al sufrimiento y a las luchas cotidianas.
Ese encuentro cotidiano con Dios y con los hombres es el aprendizaje de la vida y de la misión a la que nos consagramos. Una misión que está orientada a alcanzar la humanidad plena, resucitada, justificada y reconciliada por Dios que Jesús, hace dos mil años, nos regaló.
* Peter Kariuki Njagi, imc, es estudiante profeso keniano en la CAF Mendoza, Argentina.