
El 20 de junio de cada año, los misioneros y las misioneras de la Consolata celebran con agrado y entusiasmo la fiesta de Nuestra Señora de la Consolata. Esta es precedida por la preparación espiritual de su novena. La fiesta es la más grande y la más importante para los misioneros y misioneras. Es un legado espiritual que ellos recibieron de su padre fundador, el Beato José Allamano. Es la mayor manifestación de la espiritualidad Mariana.
Por: Lawrence Ssimbwa *
El Beato José Allamano se entregó totalmente a la Virgen Consolata. La amó con todo el corazón, le confió sus proyectos y le encomendó la obra de la fundación de los dos Institutos Misioneros. El Beato amaba a la Virgen y se enorgullecía de Ella. Momentos tras momentos no dejaba de hablar de la confianza que siempre depositaba en Ella: “creo que faltaría a mi deber y a mi especial afecto a la Santísima Virgen, si no aprovechara de todas ocasiones propicias para hablar de Ella” (“Así los quiero”, p.219). La Consolata se convirtió en inspiradora de su ser y quehacer.
El itinerario de su vida muestra que se empapó del amor de la Consolata. Se hizo instrumento de Dios tomándola como modelo. Se consagró totalmente a Ella y la consideraba su propia madre. La Consolata no era madre solo para él, sino también para sus misioneros y misioneras. Reiteraba con frecuencia esta afirmación: “La Santísima Virgen bajo este título, ¿No es acaso nuestra madre y no somos nosotros sus hijos e hijas? La convicción de su amor incondicional hizo que les dijera a los misioneros y a las misioneras que Ella era una madre que nos amaba a todos “como la pupila de sus ojos, que pensó en nuestro Instituto, lo sostuvo en todos estos años material y espiritualmente, y siempre está lista para responder a nuestras necesidades” (“Así los quiero”, p. 222).
Por eso, al celebrar la fiesta de la Consolata es importante dejarse guiar por el Beato José Allamano en cuanto a los siguientes aspectos:
Acerca de la novena de la Consolata
La novena prepara siempre la fiesta de la Consolata. Son nueve días de intensa oración en los que se pide la intercesión de la Virgen Consolata. En ellos, el Beato José Allamano nos invita a hacerla bien. Así nos dice: “Cuando comienza la novena en preparación a la fiesta de la Consolata, les haría una ofensa recordarles que deben hacerla bien. ¡Basta saber que nos acercamos a festejar a nuestra querida Madre para que esté todo dicho! La novena es la preparación espiritual de la fiesta. El éxito espiritual de la novena hace que se celebre con entusiasmo. Por eso hay que hacerla bien, es decir, hay que poner empeño en ella para rendirle honor a nuestra madre, la santísima Consolata.
Acerca de la fiesta de Consolata
La fiesta de la Consolata es la más importante a nivel del Instituto. No hay otra que merezca tanta atención. Por ello el 20 de junio es un día especial para los hijos y las hijas de la Consolata. Acerca de ella dice claramente el Beato José Allamano: “El corazón nos dice lo que hay que hacer por una madre. Por lo tanto, pongamos empeño para rendirle honor. Pidamos tantas gracias para nosotros y para el Instituto: En primer lugar, que creciendo numéricamente, se crezca también en gracia para responder adecuadamente” (“Así los quiero”, p. 224). Es decir, es momento para honrar a la Virgen, suplicarle por el bienestar del Instituto y el de los Misioneros.
La fiesta de la Consolata debe celebrarse con mucho amor porque es la fiesta particular del Instituto y más aún porque complace a la Consolata. Por eso José Allamano es muy preciso: “por lo tanto, que el fruto de esta fiesta sea tratar de complacer cada vez más a la Virgen y ofrecerle los mejores dones que corresponden a sus hijos e hijas” (“Así los quiero”, p. 224). Vale ser celebrada con intensidad de amor porque “es nuestra fiesta, es decir nos pertenece de modo particular” (Así los quiero, p. 224).
La importancia de la Consolata para la vida de los Misioneros
El amor inquebrantable y la devoción extraordinaria que le tenía a la Consolata condujeron al Beato José Allamano a que encomendara a sus misioneros y misioneras a fiarse en ella por las siguientes razones:
María es Reina de misioneros y misioneras: Es importante notar que el reinado de María no se fundamenta en motivos de jactancia, sino que se basa teológicamente en su divina maternidad y en su función de ser corredentora del género humano. En la piedad popular, se repite con frecuencia el rezo de la Salve: Dios te salve Reina como el reconocimiento y la proclamación de su realeza. La palabra reina o rey deriva del verbo latino regere, que significa ordenar las cosas a su propio fin. El rey o la reina tienen el oficio de gobernar a la sociedad para que ésta alcance su fin deseado. El significado de la palabra rey o reina tiene múltiples acepciones. Por ejemplo, se puede ser reina de tres formas: la que es reina en sí misma, la que es esposa del rey, y la que es madre del rey. La Virgen María es reina por los dos últimos títulos: por su relación con Dios y con Cristo.
La Virgen María no es reina en sí misma, sino por su divina maternidad y por ser corredentora del género humano. Se entiende su divina maternidad desde la Sagrada Escritura donde se dice que Ella concebirá el Hijo que será llamado el del Altísimo y a Él le dará el Señor Dios el trono de David su padre y en la casa de Jacob reinará eternamente y su reinado no tendrá fin (Lc. 1, 31-33). Y a María se le llama madre del Señor (Lc. 1, 43). Aquí se puede deducir que Ella es Reina, pues engendró a un hijo que era Rey y Señor de todas las cosas. Fuera de eso, la Virgen María es Reina porque cooperó en la obra de nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey no sólo por ser Hijo de Dios, sino también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina no sólo por ser madre de Dios, sino también nueva Eva. Su papel en la salvación no es secundario, sino íntimamente unido al de Cristo.
Así que María es Reina de los misioneros y misioneras porque por Ella seguramente se llega a Jesús y así coopera para que la sangre de su Hijo no se derrame en vano. Los misioneros y las misioneras colaboran en la salvación del mundo, pero también necesitan salvarse. Necesitan llenarse de Dios para poder mostrárselo a los demás. El camino seguro para llegar a Jesús es a través de María. Asimismo, para alcanzar la santificación se requiere pasar por Ella porque “quien quiera alcanzar la santidad sin la Virgen, es como quien pretende volar sin alas” (“Así los quiero”, p. 220). Por lo tanto, se acude a María para obtener la gracia santificadora que viene del único Salvador del mundo.
La Consolata es nuestra: La devoción a la Virgen Consolata les compete a sus misioneros y misioneras, pues es nuestra Madre Fundadora. Ella es invocada con muchas advocaciones, pero somos devotos especialmente a Ella con un título especial: “La Consolata”. Ella es nuestra y “tenemos que ser felices de tenerla como protectora” (“Así los quiero”, p.223). Por ella somos lo que somos en la Iglesia, por el nombre Consolata nos conocen como evangelizadores entregados para la consolación de los pueblos periféricos; por el nombre Consolata muchas iglesias locales nos consideran expertas en la misión evangelizadora de la iglesia universal. Este nombre que lleva el Instituto debe suscitar el orgullo de “pertenecer a la Virgen bajo este título” (“Así los quiero”, p.223).
La celebración de la fiesta de la Consolata es una de las ocasiones a través de las cuales los misioneros y misioneras le muestran su devoción y amor filial. Pues, “si celebramos con intensidad de amor todas las fiestas de la virgen, con cuánta más razón ésta que es “nuestra” fiesta, es decir nos pertenece de modo particular” (“Así los quiero”, p.224). Eso implica prepararla bien tal como lo pide el Beato José Allamano: “¡Basta saber que nos acercamos a festejar a nuestra querida Madre para que esté todo dicho! Para nosotros, hijos e hijas predilectos de la Consolata, ¿Es importante esta fiesta? ¡Es todo! No, no quiero decirles que deben prepararse; estoy seguro de que todos están bien dispuestos para hacer bien la novena y celebrar con entusiasmo la fiesta” (“Así los quiero”, p. 224).
Conclusión
Cada vez que celebramos la fiesta de la Consolata debemos volver a la fuente de inspiración de nuestra Comunidad Misionera, el Beato José Allamano, es decir, preguntarnos ¿Cómo quiere el Beato José Allamano que preparemos la novena para celebrar adecuadamente la fiesta de la Consolata? Conocimos a la Consolata gracias a su espiritualidad mariana que expresaba con una devoción clara a la Virgen. Pidámosle con constancia a nuestro fundador, que puso toda su confianza en Ella, que interceda por los misioneros y las misioneras para que puedan sentir el amor consolador de María y puedan así consolar a los demás que el Señor les ha confiado.
* P. Lawrence Ssimbwa, imc, misionero en Buenaventura (Colombia)