Centenario “A la mano” para todos

El lema que los Misioneros han elegido para este primer Centenario de San José Allamano: “Centenario A la mano”, pone de relieve la proximidad cotidiana y ordinaria, “a la mano”, de la propuesta humana, ministerial, carismática – misionera de Consolata y de santidad de este santo “extraordinario en lo ordinario”. 

Por P. Salvador Medina, IMC *

Esa identidad sencilla y transparente del Santo “A la mano” puede correr el riesgo de quedarse encerrada en la Familia Misionera Consolata. Sobre todo, si nuestra mirada, un tanto tímida y reservada, respaldada en eso de “hacer el bien, bien hecho y sin ruido”, termina por impedirnos ver a quienes, estando más allá de nosotros, descubren el dinamismo misionero de la Iglesia Católica y a quienes constituyen nuestro horizonte último de vida y misión “ad gentes”. Todos implicados en la misma misión de Dios. 

Con el fin de evitar esa autorreferencialidad como denominaba el Papa Francisco el enclaustramiento de la Iglesia, estamos invitados o desafiados a contemplar y celebrar el regalo de la Canonización como oferta de la Iglesia para el mundo y hacer todo lo posible para socializarla en todos los ámbitos, más allá de nosotros mismos. Este puede ser uno de los objetivos de este Centenario.

La santidad “A la mano” les va bien a los niños, a las juventudes en sus procesos académicos y de crecimiento, a los adultos en el ejercicio de sus diversas profesiones, estados y estilos de vida, lo mismo que a los mayores y ancianos. Le viene bien a la Vida Religiosa, al clero en general, a todos los laicos, servidores del Reino de Dios, empeñados en la misión de Dios confiada a la Iglesia. Sirve, inclusive, como propuesta vocacional, temporal o “ad vitam”, para muchos que sienten la llamada a la universalidad y que reconocen en el Evangelio del Señor Jesús una buena noticia para todos los pueblos.  

La propuesta organizativa de la misión en el formato de la Vida Religiosa Consagrada, vivida en comunidad, la vivencia de los Votos y la misión entre quienes no conocen el Evangelio de Jesús, “ad gentes”, puede y debe ser ofrecida, colocada “A la mano”, para todos los bautizados. 

Figuras por P. Carlos Zuluaga

Fraternidad para la Misión ad gentes

San José Allamano estando como responsable del Santuario de la Consolata y de la Casa de Formación del clero joven de la Iglesia Local de Turin (desde 1880), reflexionaba, entre 1891 y 1899: “Es una pena que Turín, con tantas fuerzas vivas, no tenga una obra misionera propia” (Conferencias espirituales, finales del s. XIX). Mientras tanto iba soñando, diseñando y redactando una propuesta (Reglamento) misionera para Presbíteros diocesanos y Laicos, técnicos o profesionales. Una vez aceptada su propuesta en la Diócesis y puesta ya en marcha, inmediatamente después y, a solicitud de los misioneros en el campo, decidió incluir las mujeres y dedicarse con todo empeño a la organización estructural y jurídica de las instituciones, lo mismo que a la formación específica de sus misioneros y misioneras. Todos convocados a vivir en “espíritu de familia”, no de Institución o Colegio. En alguna de sus cartas circulares aclaró: “Yo no quise hacer una congregación religiosa; quise hacer una obra misionera. Pero la Santa Sede juzgó que ésta era la forma más segura, y yo me sometí con gusto”. 

La idea de San José Allamano no era la de fundar una Congregación Religiosa sino una obra u organización misionera “ad gentes”, al servicio de la humanidad, Iglesia Local y universal. Fue la misma Santa Sede la que, en su discernimiento para la aprobación canónica, propuso la modalidad de Vida Religiosa o Consagrada, más práctica y estable, que Allamano aceptó confiado, asumiendo los Votos como medio para la misión y no como esencia constitutiva de la identidadEsto nos da libertad de iniciativa creativa, sin temor ninguno de infidelidad, para compartir el carisma con laicos y laicas, sin patriarcalismos ni feminismos, sin clericalismos ni paternalismos, en fraternidad humana y ecológica, participativa y sinodalidad.  

El ser humano hecho para la comunidad

“No es bueno que el ser humano esté solo”, dice el libro del Génesis (2,18-24) refiriéndose a los orígenes y colocando en la reflexión contemplativa del Creador el antídoto contra la soledad solitaria: “hagámosle compañía adecuada” se dice Dios, que le corresponda, que esté a su altura, frente a él, igual en dignidad, distinta en identidad, capaz de relación, diálogo y comunión. El ser humano no se comprende a sí mismo en soledad, sino que descubre su identidad en la relación. Está hecho para el encuentro. El otro no es complemento funcional, sino revelación de sí mismo, consolación, compañía adecuada.

Esta identidad relacional, constitutiva del ser humano, se expresa y crece, para San José Allamano, en y con el “Espíritu de familia”, comunidad misionera. Se trata del mismo espíritu que ayuda adecuadamente a todas las formas o modalidades de Familia, incluidas las religiosas o consagradas, con sus respectivos matices, claro está. Una “compañía adecuada” que se traduce en: fraternidad que enseña a pasar del egoísmo al compartir, del orgullo autosuficiente a la humildad del necesitado; a perdonar, no guardar rencor y reconciliarse; a cuidar, prioritariamente, al más débil y pequeño; a corregir y ser corregido; a escuchar y dialogar para vivir sinodalmente; a hacerse y ser amigo y compañero; a madurar afectiva y espiritualmente; a consolar y ser consolado; a amar y ser amado. 

Estos aprendizajes duran toda la vida y van a la par con el aprendizaje de ser y desempeñar los roles de papá – mamá – hermano. Hay que revisarlos en la medida que se crece y actualizarlos permanentemente. San José Allamano exhortaba a su Familia Misionera: “Entre ustedes haya mucha caridad; sin ella no hay misión.”

Votos de libertad: obediencia, castidad y pobreza

No siendo los Votos Religiosos, para San José Allamano, un añadido jurídico ni una simple disciplina comunitaria, sino una expresión vital del amor a Dios y de la entrega total a la misión, se constituyen en un camino concreto de santidad misionera, vivido con realismo, equilibrio y profundo sentido eco – eclesial. En términos generales podemos decir que San José Allamano entendió los Votos como respuesta de amor a la iniciativa de Dios, medio pedagógico de santificación, no fin en sí mismos. Instrumentos al servicio de la misión ad gentes, expresión de libertad interior, no de represión: “Los votos no hacen santos, pero ayudan mucho a hacerse santos” (San José Allamano). Solo tienen valor si se viven con amor, convicción y alegría, no por obligación externa.

El Voto de Obediencia: libertad frente a sí mismo

Vivir en obediencia, desde la fe, es estar presentes en el presente, atentos a los signos de los hermanos, de los tiempos y los espacios, abiertos y disponibles a descubrir, en discernimiento comunitario, la voluntad de Dios. Se trata de una actitud filial que se asume desde la Familia y se va desarrollando en el encuentro con los otros/as. Exige capacidad de verdad y diálogo, de escucha y respuesta, compromiso y responsabilidad. Diríamos hoy, de vida en familia y trabajo en Equipo, de proyecto de vida en común. La obediencia mutua y discernida juntos, ordena toda la vida en todas sus dimensiones. 

El Voto de Pobreza: libertad frente a los bienes  

Vivir en pobreza, desde la fe, es mantenerse desapegado, real y afectivamente, de las posesiones, los honores, los títulos, los placeres. Alegres y armoniosos en la escasez y en la abundancia, austeros y confiados en la Providencia, bien administrada. Agradecidos y disponibles para ir siempre “más allá” y permanecer en gratuidad. Caritativo y solidario: “El misionero debe ser pobre, pero nunca miserable” (San José Allamano). La pobreza “A la mano” es digna, prudente y responsable, no improvisada ni ideológica. 

La libertad frente a los bienes, las cosas y las posesiones, diligentemente planeada y transparentemente administrada, ordena la economía y la ecología humana.  

El Voto de Castidad: libertad frente a las personas

Vivir en castidad, desde la fe, es consagrarse integralmente Dios, mantenerse libre para amar a todos sin exclusivismos ni apegos afectivos. Capacidad, madurez, para relacionarse desinteresadamente con niños, jóvenes y adultos, sin abusos, explotaciones, ni apegos, evitando exclusiones, exclusivismos o discriminaciones. No es fácil, claro está. El amor es exigente: “Quien ama mucho, sacrifica mucho”, decía el San Allamano e insistía en una castidad humana, madura, vigilante y alegre, sostenida por la vida espiritual y la fraternidad.

La libertad frente a las personas e incluso los animales y sucedáneos, ordena y armoniza el corazón,el cuerpo y la razón. 

Conclusión

Los votos, como podemos constatar, no se viven “para uno mismo”, sino para la misión de cada uno, de acuerdo a su vocación y ministerio. “No todos pueden hacer votos, pero todos pueden vivir el espíritu de los votos”, decía el santo Allamano.

En este sentido, la fraternidad vivida en la familia, la comunidad, la empresa o sociedad, puede encontrar en los Votos luz para el camino o proceso ordinario de humanización, socialización y santificación de niños, jóvenes, adultos o ancianos, hombre o mujer. 

La propuesta de San José Allamano “Primero santos, después misioneros; o mejor, santos siendo misioneros”, resulta práctica para todos. Va mucho más allá de lo jurídico, supera la ley y conduce por el camino de la libertad. Termina proponiendo la Fraternidad como camino de humanización, misión y santidad. Una apuesta actual, práctica y realizable que sostiene la fidelidad en tiempos de dificultad y conduce a la felicidad.

* Por P. Salvador Medina, IMC, Misionero de la Consolata en Colombia.

Archivo IMC
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