
Algunas consideraciones sobre lo que se entiende por Cooperación Misionera y Animación Vocacional en la Iglesia. Los misioneros de la Consolata en América acaban de promover un Bienio Vocacional (2019-2020) para reavivar el don de la vocación y animar para que otros abracen la misma causa.
Por Jaime C. Patias *
En la Iglesia y en la Vida Congregada, las vocaciones para la misión se encuentran dentro del ámbito de la Cooperación Misionera.
¿Qué es la cooperación misionera?
Sabemos que, por nuestra propia vocación, no somos los “dueños” de la misión: la misión es de Dios, en la que estamos llamados a cooperar. La cooperación misionera es aquella acción que promueve la participación del Pueblo de Dios en la misión universal, ya que la misión ad gentes es esencialmente una acción eclesial en la que todos están invitados a participar. “La participación de las comunidades eclesiales y de cada uno de los fieles en la realización de este plan divino recibe el nombre de cooperación misionera” (CMi 2).
Esta participación se realiza esencialmente de tres maneras: a) en la comunión espiritual (oración); b) en la comunión de los bienes materiales (donaciones y ofrendas para las misiones); c) en la entrega de la vida (vocaciones).
¿Qué es la Animación Misionera?
En su esencia, “animación” significa comunicar vida, espíritu, alegría, vitalidad, apertura, entusiasmo para poner a la Iglesia en un estado permanente de misión.
La animación misionera es toda actividad que tiene por finalidad crear, desarrollar y mantener viva en el pueblo de Dios la conciencia misionera, de manera particular, sobre la dimensión universal de la misión. La cooperación es el primer fruto de la animación misionera, entendida como un espíritu y una vitalidad que impulsa a los cristianos, las instituciones, las congregaciones y las comunidades a una responsabilidad universal ad gentes.
Sin embargo, la animación no se hace solamente con muchas iniciativas, espectáculos o grandes eventos. La animación misionera significa sobre todo formar una mentalidad, crear una mística, una espiritualidad misionera donde la vida se convierte en misión. Se trata de crear una mentalidad que se convierta en hábitos permanentes en las personas, instituciones y comunidades cristianas. El ardor misionero, fruto de esta mística y espiritualidad, se convierte en una opción de vida.
Podemos decir que la mística y la animación misionera son inseparables. El desánimo, la indiferencia, la clausura y la falta de entusiasmo por la misión son el resultado de una crisis de la mística y de la espiritualidad misionera. Jesús, que vivió en íntima comunión con el Padre, fue, por excelencia, el misionero de la voluntad del Padre. Él fue el enviado por el Padre para proclamar la Buena Nueva (Mc 1, 38-39).
“El Espíritu del Señor está sobre mí… para proclamar la Buena Nueva a los pobres, me envió a proclamar el año de gracia… la liberación de los prisioneros…” (Lc 4,18-21).
Vocaciones para la misión
Las vocaciones misioneras nacen de un ambiente donde se respira la misión, en comunidades, grupos, familias y personas que viven la alegría del encuentro con el Señor y que, tocados por esta experiencia de amor, hacen de su vida una misión de Dios en el mundo.
Para el Apóstol Pablo, la mística era la profunda comunión con la persona y la práctica de Jesús: “Para mí, el vivir es Cristo” (Fil 1:21). Como el Apóstol de los Gentiles, la animación misionera debe suscitar el ardor, la pasión, el entusiasmo, la alegría y el coraje que llevaron Pablo a exclamar: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! (1 Cor 9:16). Quien encontró verdaderamente a Cristo, vive en la alegría de comunicar esa experiencia que renueva y da sentido a la vida.

Por ello, en nuestra Animación Juvenil Misionera Vocacional (AMJV) es importante presentar la realidad de la misión, especialmente la misión ad gentes que es nuestro carisma heredado del Beato Fundador, P. José Allamano. Destacar testimonios misioneros significativos; informar y reflexionar sobre los grandes desafíos de la humanidad que preocupan los diferentes pueblos y culturas en nuestra Casa Común; proponer la vocación misionera en todas sus formas; promover un estilo de vida profético y evangélico; orar por los misioneros y sus obras; presentar las opciones del Instituto; difundir la comunicación misionera.
AMJV en salida misionera
Las vocaciones nacen cuando los jóvenes hacen una experiencia personal de encuentro con Jesús en los diferentes contextos de misión. No son los discursos, eventos y espectáculos los que tocan el corazón de las personas, sino la experiencia concreta de Dios que llama a cooperar en su misión. Para ello, somos invitados a una AMJV con menos discursos y reuniones y con más experiencias de Dios en la misión concreta seguida de un proceso que permita compartir y reflexionar (discernimiento).
Acompañamiento vocacional
Los jóvenes que tienen esta experiencia de misión en su proceso de discernimiento necesitan ser acompañados. Para ello, sirve el excelente Manual de Acompañamiento Vocacional recientemente lanzado por la Comisión Continental de la AMJV.
En resumen, animar es convocar para un nuevo re-encantamiento misionero, una nueva primavera de misión que suscite nuevas vocaciones en un proceso de acción y reflexión. El Bienio Vocacional del IMC en América ha terminado, pero la tarea de revivir el don de la vocación en nosotros para contagiar a otros jóvenes a abrazar la misma misión continúa.
* Jaime C. Patias, IMC, Consejero General para América.