Cumpliendo el sueño de la misión ad gentes

“Un día lo soñé y hoy puedo decir que se está cumpliendo”. Jennifer Katherine Palomeque, laica misionera de la Consolata, colombiana, comparte sobre la misión con los migrantes venezuelanos en Brasil.

Por Jennifer K. Palomeque *

Un sueño 

En el 2017, cuando conocí a los Misioneros de la Consolata en el congreso de Consolación y Misión en la ciudad de Bogotá, lo primero que llamó mi atención de esta Comunidad, fue escuchar hablar de la misión ad gentes y ver personas de otras partes del mundo, las cuales nunca pensé encontrarme. Fue también muy agradable saber que algunos de los que estaban en aquel encuentro, ya habían recorrido un sinfín de lugares, siendo caminantes de Jesús, llevando su nombre por lugares maravillosos. Esas fueron algunas de las cosas que me atrajeron a esta hermosa Familia de misioneros. Ahí empezó ese sueño de ir más allá de mi realidad a llevar a Jesús por muchos lugares y compartir de él a diferentes personas y en diferentes formas.

¿Por qué Brasil y no otro lugar para misión?

Todo empezó con una solicitud de hacer misión ad gentes, cuando los superiores pasaban por Cali, en la visita canónica en el 2021. Ante el deseo de salir más allá de las fronteras, el padre Jaime C. Patias lanzó la propuesta de hacer misión en Brasil y ser parte del equipo itinerante de Boa Vista.  Él nos contó un poco del trabajo que se realizaba y habló del gran apoyo que podríamos brindar desde nuestras profesiones, nuestra juventud y el deseo de llevar ánimo misionero a muchas personas. 

Transcurrido algunos meses, se logró concretar el proceso para hacer parte del equipo, pero como ha pasado en los últimos dos años, el Covid-19 empezó a dar sorpresas inesperadas. Cuando ya estaba casi todo listo para salir a misión, en enero del 2022, llegó una oleada muy fuerte de casos en Colombia y Brasil. Los contagios y las muertes aumentaron de manera significativa, hecho que no permitió que viajáramos para la fecha ya prevista. Todos los días revisaba las cifras, para saber cómo se movía esta nueva variante que nos atacaba en el momento. Observaba los datos con toda la esperanza que descendieran. Pasó todo el mes de enero, principios de febrero y las cifras eran cada vez menos alentadoras. A mitad de febrero otra vez apareció la luz, la esperanza de viajar se hacía cada vez más veraz, las cifras habían disminuido un poco y empezaron a gestionar todo para que pudiera ir a mi lugar de misión. 

La salida

Llegó el gran día de salir de mi casa, de mi tierra, de mi lugar seguro e ir a vivir una nueva aventura misionera acompañada de personas increíbles, pero sobre todo en la compañía de Jesús. Recordé aquel evangelio que dice: “Y Jesús dijo: ‘Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres’. Inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron” (Mt 4:19-20). Creo que eso fue lo que hice, dejé mis redes y empecé a seguirlo a él en esta nueva aventura. Confieso que el pánico me invadió por un momento y un amigo muy cercano me dijo: “no te preocupes, aquel que te envió te va acompañar en tu misión” y esas palabras me han llenado de fuerza y ánimo en este caminar.

Cada vez se siente más real eso que tantas veces me han dicho en la animación: la alegría de poner la vocación al servicio de la misión, del otro. Confieso que no es fácil, muchas veces quisiera hacer mucho, pero a veces, atada por la situación, por la realidad, por las necesidades emergentes de las personas, no se puede hacer demasiado y menos en tan poco tiempo. Eso, en todo caso, no deja de ser un motivo para seguir trabajando y dar todo tal como lo hizo Jesús de Nazaret. Sí algo he aprendido de la misión y del carisma que tenemos, es que la consolación también es presencia y muchas veces el trabajo aquí se torna también eso: ser y hacer presencia.

Rodrigo y Jennifer Katherine Palomeque con migrantes venezolanos en Boa Vista.
En la misión

Hoy tengo la gran fortuna de decir que pude salir más allá de mis fronteras, a un lugar que antes no estaba en mis planes. Hoy me encuentro en Brasil, en la ciudad de Boa Vista – Roraima, trabajando con migrantes venezolanos, un trabajo poco convencional, que está lleno de mucha incertidumbre. Cada vez llegan más, bajo diferentes realidades, pero todos con el mismo anhelo, lograr salir adelante y buscar un mejor futuro para ellos, sus hijos y sus familias. También que estoy enfrentándome a una cultura, lengua y realidad muy diferentes, pero siempre dando lo mejor que tengo para aportar un granito de arena a esta sociedad y seguir trabajando en la construcción del Reino.

Mujeres indígenas warao migrantes en Boa Vista hacen artesanía para vender.

Esta aventura apenas está iniciando, hay mucho trabajo por delante, muchas cosas que quisiera hacer, muchos planes por desarrollar, pero por ahora vamos caminando con Jesús y esperando que todo marche según sus planes.

* Jennifer Katherine Palomeque Filigrana, laica misionera de la Consolata colombiana, en Brasil.