
El 19 de diciembre de 2020, en la catedral de la Arquidiócesis de Cali – Colombia, fue ordenado sacerdote, al servicio de la misión ad gentes en los Misioneros de la Consolata, el ugandés Michael Iga, quien nos cuenta el recorrido personal y su vivencia en este acontecimiento eclesial y misionero, en el contexto de pandemia global.
Por Michael Iga *
A pesar de las dificultades que hemos vivido desde el mes de marzo de 2020, la mayoría causadas por la Covid 19, Dios nos bendijo con unos regalos maravillosos. Uno de ellos fue mi Ordenación Sacerdotal, de manera misteriosa y en el tempo oportuno, esperado por más de diez años de formación y seguimiento de Cristo.
El 19 de diciembre, entre el cantar de villancicos, intensa oración y preparación para la venida humanada del Dios niño, recibí la Ordenación Sacerdotal en una tierra querida, aunque extranjera, Cali – Colombia, por la imposición de manos y oración consagratoria de monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali.

Primeros años
Usualmente los momentos de ordenación son tiempos de alegría y reflexión sobre el amor que Dios tiene a su pueblo y el gozo del pueblo por un ministro más a su servicio. En mi caso, el Señor que me llamó de un pueblo no conocido (Jn 1,43-46), de Kijwala en la diócesis de Masaka – Uganda, me acompañó en todo mi proceso de formación, desde el 25 de agosto de 2010, el día que empecé el Propedéutico en Nyeri – Kenia. Gracias al Padre Mark Gitonga, al hermano Blaise Kasongo y al padre Atilio Lerda, mis formadores en esta etapa.
Ya durante la Filosofía, en Nairobi–Kenia (2011-2014), debo reconocer y agradecer al padre Josafat Wanyonyi quien me ayudó mucho en el crecimiento personal y entendimiento de lo que significa ser misionero. Hice el noviciado en Sagana – Kenia (2015) acompañado por el padre John Mugambi y el padre Petro Baudena, que me ensenaron a amar la Comunidad IIMC, el trabajo manual y el valor de la oración en la vida misionera.
Vida y misión
Luego llegué, para hacer la Teología, en las tierras de misión Colombia. Aquí aprendí a ver y vivir varias opciones misioneras, con sus realidades y contextos diferentes. Gracias al padre Kennedy Kimathi que, enfatizaba la responsabilidad personal y la auto formación, que culminé exitosamente, por la gracia divina. Le sucedió una experiencia diaconal, inmediatamente después de la Ordenación, el 20 de junio de 2020, durante la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de Consolata. Las dos experiencias (diaconal y sacerdotal) fueron maravillosas, como inicio de mi ministerio sacerdotal y misionero, tanto al servicio de la Arquidiócesis, como para el mundo entero.

Agradezco la oportunidad que me dieron de servir en la catedral San Pedro Apóstol – Cali, el acompañamiento del Padre Wiston Mosquera, párroco de la catedral Vicario General, hombre de grande corazón y ricas experiencias pastorales. Él no solamente me enseñó a vivir fielmente mi sacerdocio, sino también a manejar una parroquia, vincular la gente en las actividades pastorales, etc. No puedo olvidar a mi Superior regional Padre Armando Olaya y Monseñor Darío de Jesús por su cercanía, consejos y acompañamiento paterno. Aquí viví la experiencia de ser un Director Espiritual, un catequista y desempeñar otros servicios parroquiales. ¡Gracias!
Así los quiero

A lo largo del proceso formativo me di cuenta que el camino misionero – sacerdotal, es un camino personal, que se hace comunitariamente. Por eso, agradezco a todas personas que me ayudaron, directa o indirectamente, en diferentes aspectos formativos y de crecimiento humano, espiritual, académico y ministerial. Tal vez me quedaría difícil mencionarlos a cada uno por su nombre, pero están todos en mis oraciones.
Espero y confío que este proceso formativo y esta experiencia vivida me ayuden, en la misión futura, a vivir la santidad misionera a la que nos convoca el Fundador, Beato José Allamano, en su libro “Así los Quiero”.
* P. Michael Iga, imc, es un neosacerdote ugandés destinado a Argentina.


