El “dulce” veneno: aproximación al fenómeno del alcoholismo

Foto: Bruno Ticianelli

El uso abusivo del alcohol en las comunidades indígenas de las Américas, constituye un gran desafío personal, familiar, social, político y evangelizador. Su enfrentamiento, abordaje y tratamiento se convierte en cuestión de vida o muerte.

Por Gabriel Armando *

La vida indígena americana, como los demás estilos de vida, no es perfecta. Ella alberga también limitaciones, como aquella relacionada con el alcoholismo. Se trata de esta realidad que constituye un verdadero dolor de cabeza para el indígena americano y para los demás habitantes de Abya Yala; ese “dulce” veneno que siembra desorden, muerte y desolación.

El alcoholismo constituye sí un caballo de batalla en la vida del indígena americano. El indígena americano bebe, y bebe mucho. Diríamos nosotros, con el villancico navideño, “bebe y bebe y vuelve a bebe”, en practica,literalmente vive atrapado entre botellas. Y claro está, exponiéndose a todo tipo de riesgos y consecuencias, todas ellas muy graves.

Sí, el consumo abusivo del alcohol, es una realidad bien compleja, sobre todo porque aparece hoy unida a la recreación. El indígena americano se sirve del alcohol para vivir y para celebrar sus amistades y sus experiencias de vida personal, familiar y social.

Un poco de historia
Foto: Eva Elijas

El uso del alcohol es una práctica muy antigua en estos pueblos. En tiempo de la Colonia se creía que, la embriaguez era algo característico de la cultura indígena. El vicio dominante, pero al mismo tiempo, justificado como algo inherente al ámbito religioso, ceremonial y medicinal. Seguramente que la colonización europea tuvo su aporte significativo a este flagelo del alcoholismo. La devastación cultural causada por la explotación y la opresión europea ejercida sobre la vida y la cultura indígena empujó a mucha gente al alcoholismo, haciendo incluso de los festivales meras vivencias nostálgicas.  

Hoy podemos hablar de un nuevo contexto en el uso del alcohol entre los indígenas, pues se hace de manera libre y generalizada, con un carácter esencialmente recreativo y “curativo”. El indígena americano usa el alcohol para hacerle frente a los grandes desafíos que se le imponen, tales como la discriminación, la marginación, la extrema pobreza, la vulnerabilidad y la violencia cotidiana; la falta de tierras y de políticas de prevención, al abandono estatal, etc. Lo usa como mecanismo de sobrevivencia, de manera individual y social, aunque lo entienda como vicio o mal vivir.

Son muchas las funciones del alcohol en el mundo indígena. Funciona como elemento identificador e integrador. Beber significa definirse como individuo y como colectividad, forjar la singularidad y, a la vez definir la participación en el grupo. Emerge también como cuestión de poder, convirtiéndose en una forma de control y subyugación. Al mismo tiempo es administrado, cuidadosamente, por los comerciantes explotadores para perpetuar sistemas esclavizantes, mantener y alimentar tiranías internas y externas.

Consecuencias

El alcohol, ese “dulce” veneno, ese hechizo, esa tentación irresistible, constituye una causa de muchos fenómenos negativos en la vida de los pueblos indígenas. Fenómenos relacionados con la salud, el orden social, público y la cultura. Igualmente se convierte en fuente de estrés, de depresión, suicidio, lesiones, cánceres, dependencia y síndrome de alcoholismo fetal; de enfermedades como la cirrosis, la diabetes, la hipertensión arterial, lo mismo que cardiovasculares y digestivas.

Foto: Miguel Padriñán

En el campo de las relaciones sociales, es fuente violencia pública e interfamiliar, de comportamientos criminal, de maltrato de menores, de pérdida de productividad en el trabajo, de desempleo, etc. Genera dificultades económicas, bajos logros educativos, problemas familiares y entre amigos, divorcios, caídas, accidentes y atropellamientos, desintegración familiar y problemas psicológicos y hasta la muerte.  

Valoración

Este, que es un problema, se convierte en un gran desafío, para las personas y sus familias, los pueblos y sus autoridades, la educación con sus escuelas, colegios y universidades, las iglesias y sus pastores. Un desafío que clama por respuestas urgentes, sanadoras y liberadoras. Mayor desafío aún por tratarse de un problema fuertemente arraigado en la vida personal y comunitaria.

Foto: Cottonbro

El indígena cree que el alcohol es un hechizo, una tentación irresistible que alegra al corazón. Es un gran desafío porque se trata de un problema general, que afecta a hombres y mujeres de diferentes edades, espacios geográficos y sociales. Es un gran desafío porque afecta a poblaciones vulnerables a causa de la pobreza, la desnutrición, la marginación extrema, con limitadísimo acceso a los sistemas de salud, la educación y otros servicios de tratamiento y prevención, herencias todas de un pasado colonial, aún no superado.

Finalmente, es un gran desafío porque se desconoce u oculta su realidad. Siendo un problema de salud pública, se le trata como un vicio, un pecado, un maleficio o una perdición. Los gobernantes lo ignoran y si de alguna manera lo enfrentan es con policía, represión y hasta cárcel y nada más.    

* Gabriel Armando, imc, es misionero en Sucumbíos – Ecuador