El milagro realizado en la Amazonía confirma el carisma

El papel de los chamanes para sostener la bóveda celeste y acompañar a sus entes queridos en el momento de la muerte para atravesar la ventana de la eternidad. Foto: Misión Catrimani

“El milagro realizado por intercesión del Beato José Allamano confirma el carisma dejado en herencia a sus misioneros enviados ad-gentes”.

Hemos recibido con gratitud la noticia de que el Fundador de los Misioneros de la Consolata, el Beato José Allamano, será canonizado el 20 de octubre de 2024 en Roma, precisamente en la jornada Mundial de las Misiones. De acuerdo con los procedimientos canónicos, la declaración de santidad del Allamano requería el reconocimiento de un milagro realizado por Dios a través de su intercesión.

Así sucedió, en la selva amazónica, con Sorino Yanomami, quien había sido atacado y gravemente herido por un jaguar, el 7 de febrero de 1996 y recuperó completamente su salud, gracias a la intercesión de José Allamano.

Si el Fundador había dicho, con cierto tono de reproche, que enviaría rayos del cielo para hacer oír su voz, en el caso de que los misioneros actuaran sin caridad, hoy podemos consolarnos sabiendo que el milagro que lo lleva a los altares es una clara confirmación de la misión ad-gentes que confió a sus hijos e hijas a través del carisma, don del Espíritu Santo, que permite la participación en la misión confiada a la Iglesia y guiada por el mismo Espíritu. Podemos decir que el Fundador ha querido repetir una de sus conocidas expresiones exhortativas: “¡así los quiero!”.

¿Qué podría significar este milagro? Estoy convencido de que este hecho confirma la actualidad de las enseñanzas de José Allamano y del camino misionero que la Iglesia está siguiendo. En las Constituciones del Instituto Misionero de la Consolata (n. 4 y 5) se expresa claramente la finalidad que nos caracteriza en la Iglesia: la evangelización de los pueblos y la misión ad-gentes. Bajo el impulso del Espíritu, el Allamano forma a los primeros misioneros para una misión encarnada en la realidad. Con este milagro, el Fundador muestra que acompaña a los misioneros y a la Iglesia en un estilo de misión universal, audaz y prudente, abierto al encuentro y al diálogo con las culturas y los pueblos. En este sentido, me gustaría señalar tres elementos para la reflexión.

1. El encuentro que enriquece
La curación chamánica de Sorino. Dibujo de Trento Yanomami

El Sínodo para la Amazonía (2019) reflexionó sobre nuevos caminos de evangelización que se pueden trazar con actitudes inspiradas en la “cultura del encuentro(DF 60), estableciendo puentes con las cosmovisiones de los pueblos amazónicos. El Papa Francisco reiteró que “la Iglesia necesita escuchar su sabiduría ancestral, […] reconocer los valores presentes en el estilo de vida de las comunidades originarias, recuperar a tiempo las preciosas narrativas de los pueblos” (QA 70). Esta atención, que tiene como objetivo “establecer puentes” con la sabiduría ancestral, está motivada por la conciencia de que es el Espíritu Santo “quien da lugar a una riqueza múltiple y variada de dones y, al mismo tiempo, construye una unidad que nunca es uniformidad, sino una armonía multiforme que atrae” (EG 117), ya que “no haría justicia a la lógica de la Encarnación pensar en un cristianismo monocultural y uniforme” (EG 117).

El milagro ocurrido en la selva amazónica nos permite establecer un diálogo entre nuestra perspectiva cristiana y otras perspectivas. Las hermanas misioneras de la Consolata, recitando la novena al Padre Fundador, pidieron su intercesión ante Dios por la curación del indígena Sorino, una curación que también les permitiría restablecer la paz y calmar la angustia. Por su parte, los chamanes yanomamis -mientras el paciente estaba en el hospital y cuando había regresado a su comunidad, realizaban rituales que abordaban la imagen espiritual del jaguar que continuaba atacando al familiar, poniendo en riesgo el restablecimiento de su salud. El diálogo entre estas diferentes perspectivas, lejos de ser un relativismo simplista, un sincretismo forzado o una búsqueda de uniformidad que, en la mayoría de los casos, implica la imposición del punto de vista del más fuerte, exige respeto y aprecio por las diferentes tradiciones espirituales. Esta apertura nos permite apreciar los valores y signos de gracia que florecen en diferentes contextos culturales y ante los cuales nos dejamos evangelizar.

2. Promover la vida plena
La curación chamánica de Sorino. Dibujo de Trento Yanomami

En el pensamiento del Fundador y de los primeros misioneros estaba claro que la evangelización no podía disociarse de la “formación del ambiente”. Un término que hoy puede ser sustituido por el concepto de “ecología integral”, al que el Papa Francisco se refiere a menudo y que explica en detalle en la Encíclica ‘Laudato si’, como el único camino correcto y posible para establecer relaciones y cuidar la Casa Común con sus habitantes.

Después de algunos años de trabajo apostólico en Kenia, el decreto de alabanza concedido por la Sagrada Congregación para los Religiosos (28/12/1909) – una primera aprobación pontificia – puso de relieve cómo los misioneros del Instituto de la Consolata se distinguían por su compromiso con la vida de la gente (Carta V, p. 304s). Aquel decreto dio gran alegría y satisfacción al Fundador, que leyó en él la aprobación del método misionero estudiado e implementado junto a sus hijos, que además de ofrecer a las personas las promesas de otra vida, las hacía más felices en la tierra.

El milagro realizado por intercesión del Beato José Allamano, con la curación inexplicable de un paciente que había sido auxiliado en la clínica de la Misión Catrimani y posteriormente trasladado a Boa Vista donde había sido intervenido quirúrgicamente es, una vez más, la confirmación de la validez de una presencia misionera entre los pueblos indígenas, inspirada en el servicio de una Iglesia diaconal que valora la defensa de la vida en todas sus dimensiones.

3. Ninguna discriminación de pueblos e individuos

La misión de la Iglesia, aunque se desarrolla de diferentes maneras en contextos diversos, se dirige a todos los hombres y mujeres, porque «Dios no hace diferencias entre las personas» (Rm 2, 11) y Cristo «ha derribado el muro de separación» (Ef 2, 14), que es la enemistad entre los pueblos.

El milagro de la curación de Sorino, un indígena Yanomami que vive en su comunidad en la selva amazónica, recogiendo junto a sus familiares los recursos de esta tierra, contando y escuchando las historias de sus antepasados, y celebrando ritos y fiestas que dan sentido a la reproducción de la vida, nos confirma cómo Dios mira con atención a todas las personas.

José Allamano, fundador de una familia misionera ad-gentes, no podía dejar de hacer suya esta mirada de Dios y quiere infundirla a sus discípulos: mirar al pueblo yanomami, para que pueda tener una vida plena.

Casa y bosque: vivienda colectiva yanomami junto al río Catrimani. Foto: Corrado Dalmonego, 2011

Este último elemento nos abre a una reflexión urgente e importante. Dios, a través del milagro realizado por intercesión de Allamano que hoy despierta tanta curiosidad, nos muestra el camino de cuidar, respetar y proteger la vida. Por lo tanto, no podemos ignorar que el pueblo Yanomami aún sufre una violencia atroz en sus comunidades, con la invasión de su territorio por actividades de minería ilegal, tráfico de armas, drogas y personas, controladas por facciones criminales.

Esto, sumado a las dificultades de la atención sanitaria, está generando una crisis humanitaria y sanitaria catastrófica. Las respuestas dadas por las autoridades tardan en establecer la defensa del territorio y la protección de la población, mientras que las leyes propuestas socavan la garantía de los derechos de estos pueblos, así como de otros pueblos indígenas de Brasil.

¿Deberíamos invocar a José Allamano para que interceda por otro milagro?

* Padre Corrado Dalmonego, IMC, misionero en Roraima.

Río Catrimani en la Tierra Indígena Yanomami de Roraima. Foto: Jaime C. Patias
Contenido relacionado