El servicio: un sueño más allá de las fronteras

El mundo de hoy clama que no estamos en el mundo ideal por las diferentes crisis que han estado aconteciendo durante los últimos años: las guerras, la explotación, la contaminación, la globalización, el hambre, la ausencia de verederos líderes en la política y otras. A pesar de ello hay quienes creen que se puede poner un granito de arena y buscar la construcción de Otro Mundo Posible.

Por: Mariana Plazas Aragon

El Instituto de los Misioneros de la Consolata es una Comunidad Religiosa con la misión de llevar el Reino de Dios y la consolación a todos los rincones del mundo, es por ello, que cuenta con presencias en 4 continentes (Asía, América, Europa y África) y 26 países. La Congregación tiene un carisma altamente misionero, inspirado en la espiritualidad Allamaniana e iluminado por la Virgen Consolata.

El Instituto cuenta con una serie de servicios y pastorales en diferentes regiones. Uno de los servicios es el de la Formación de Misioneros, en Comunidades Formativas Apostólicas (CAF), caracterizadas por ser comunidades internacionales e interculturales. Es, entonces, la Comunidad la que acompaña a los formandos en su recorrido educativo y misionero. Estas comunidades se caracterizan por fomentar el seguimiento de Jesús a través del discernimiento y la corresponsabilidad, fortaleciendo la dimensión humana (comunitaria, espiritual, misionera) pastoral, religiosa, ministerial, económica e intelectual.

El 24 de julio de este año 2021, los Misioneros de la Consolata tienen la alegría de presentar a Julius Niwagaba ante el arzobispo Ricardo Tobón para que le conceda el Ministerio del Diaconado. Días antes de su ordenación, tuvimos la fortuna de poder hablar con Julius y acá les compartimos el resultado de ese amable diálogo.

¿Quién es Julius?

Un misionero de la Consolata Ugandés, nació el 19 de mayo de 1989, hijo de Emmanuel Ruchwamihigo y Tumusiime Ustiina. Tiene 6 hermanos. A sus 13 años entró en el Seminario Menor de su diócesis con la intención de ser sacerdote diocesano, visto que era la única opción que tenía, con el tiempo fue dejando esa ilusión del sacerdocio. Al recordar el inicio de su recorrido, reconoce la perfección del tiempo de Dios, a sus 17 años volvió el ánimo y ese llamado de ser sacerdote.

Estudió en un colegio mixto, lugar que fue clave para fortalecer su vocación misionera, para salir más allá de las fronteras e ir a aquellos lugares donde las personas no conocen a Jesús. En su estadía en el colegio conoció a un compañero que estaba un año delante de él, Marius, que estaba haciendo un camino vocacional con los Misioneros de la Consolata y un día recibió una carta del Instituto. En ese momento invitó a Julius a leerla juntos. La carta le demostró a Julius que el Instituto tenía lo que él quería, devoción a la eucaristía y a la Virgen y un fuerte compromiso con la misión ad-gentes. A su vez le ayudó a descubrir que lo que él realmente quería era salir de sus fronteras, predicar el Evangelio y llevar el Reino de Dios a los lugares que lo desconocían.

Misionero de la Consolata

Julius tuvo la sensación de que por fin había encontrado la Congregación de la cuál quería ser parte. Pero él ya había iniciado un camino con los padres del Espíritu Santo, entoncesenvió las cartas a ambos Institutos. Como los padres del Espíritu Santo tardaron en responder, él se dijo así mismo “el que responda primero yo me voy con él”. Los Misioneros de la Consolata dieron una respuesta mucho más pronta, invitándolo al encuentro de vocacionados.

Así, inició a caminar junto a los Misioneros de la Consolata en el año 2011. Para el 23 de agosto, del año siguiente, entró al seminario, en el Kenia, para comenzar la primera etapa formativa, el propedéutico, que duró un año. Luego para el 2013, él fue destinado a Nairobi, la capital, para vivir su segunda etapa de formación, los estudios de filosofía. En el 2016 fue aceptado para el Noviciado, en Tanzania. Finalizando esta etapa, hizo sus Votos Religiosos temporales, el 13 de agosto de 2017. Esto significó el inicio del camino para sus estudios de teología, los cuales iba a realizar en Colombia.

Niwagaba llegó a nuestro hermoso país el 3 de noviembre de 2017, en donde permanece hasta el día de hoy. Llegó a hacer parte de la CAF de Bogotá, iniciando sus estudios teológicos en 2018 y terminándolos en mayo del presente año. Las CAF para él resultó ser la manera en que él, como formando, podía poner en practica lo que estaba aprendiendo. Con el inicio de la pandemia y los estudios virtuales, el Instituto percibió que también era bueno aprovechar ese tiempo para que comenzará a colaborar en la experiencia de misión en la Comuna 13 de Medellín.

El 12 de diciembre de 2020 se cruzó por primera vez con estas tierras antioqueñas, acompañando al pueblo en Navidad, comenzando así la presencia misionera del Instituto en la Comuna 13, específicamente en la Independencia 1 y 2 del barrio 20 de julio. El año 2021 el consejo de la Región Colombia, con la aprobación de la Dirección General, admitió a Julius a la Profesión Religiosa perpetua, por toda la vida y al Diaconado, el 4 de julio del 2021.  

Frente al hermoso paisaje de la ciudad de Medellín, Julius continúa contándonos acerca de su estadía en Colombia. La salida de su país significó un cambio cultural pero también un momento de gracia. Pese a las diferencias culturales, Niwagaba, en parte por su personalidad y en parte porque la gente siempre ha tenido sus manos abiertas para recibirlo y escucharlo, no ha sentido una diferencia abismal. Sentirse acompañado es una de las ventajas que le ofrece el territorio, esto lo lleva a reconocer que le encanta porque, los colombianos son personas extrovertidas y siempre están dispuestos a dialogar. Pero con su diferencia internacional él también saca provecho para hablar con ellos, lo cual le ha servido para aprender más del idioma, algo muy importante porque “aunque la misión es presencia, si uno no puede comunicar se vuelve muy difícil”. Es la compañía de la gente una de las motivaciones claras para seguir en el camino misionero.

Diacono Misionero

En nuestros últimos minutos con Julius logramos hablar un poco acerca de cómo ve su diaconado en la Comuna 13. Sonríe y de manera alegre nos cuenta que su Ministerio como Diacono le dará la posibilidad de ponerse al servicio del pueblo y de todas las personas que viven específicamente en esa Comuna, acompañándolas con su presencia. Ve que estará presente, como Misionero de la Consolata, representando al Instituto, pero a su vez estará, como Diacono, representando a la Iglesia Universal y, esa es su misión, “construir el Reino de Dios junto con el pueblo”

Y así, entre palabras y sonrisas, Julius Niwagaba, termina compartiéndonos que “vivimos para servir, si no servimos entonces no hay razón para vivir”. De corazón le deseamos un excelente apostolado en la comuna 13, junto a la comunidad de la parroquia de Las Bienaventuranzas. ¡Que sea María Consolata quien lo acompañe en su caminar misionero! Le quedan a él, como a nosotros, los tres mandamientos que nos compartió Mons. Ricardo Tobón, el arzobispo de Medellín, durante la homilía de la Ordenación: el llamado amoroso que Jesús hace a sus discípulos, ese llamado que nos enseña que quién desee ser el primero deberá ser último, un llamado que Dios hace y que nosotros debemos responder; la consagración, para la comunidad, para el Reino de Dios, una consagración que nos lleva a servir a quienes nos rodean; el envío, como muestra de la confianza que Dios tiene en cada uno de nosotros, “yo soy en la medida en que me entregó en dónde Dios me ha enviado.” Concluyendo con el valor de la presencia del diácono en la comunidad, ya que Julius se convierte en un signo para ellos, Dios trabajando en él y él trabajando en la comunidad.

*Mariana Plazas Aragon – Estudiante de Psicología e Integrante del Equipo del Centro de Misión y Culturas de Bogotá – Colombia.

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