Colombia: expectativas del nuevo arzobispo de Bogotá

27 junio, 2020
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Foto: CEC

“Vengo a caminar con ustedes. Vengo a orar con ustedes. Vengo a evangelizar con ustedes. Y cuando Dios me conceda esa gracia, ¡vengo a morir con ustedes!”, dijo en su homilía de posesión, en la Catedral Primada de Colombia, Mons. Luis José Rueda Aparicio.

Por Salvador Medina *

Mons. Luis José Rueda Aparicio, posesionado como arzobispo de Bogotá el 11 de junio, fiesta litúrgica de San Bernabé, “es un obispo de provincia y de origen humilde, nacido en San Gil (Santander) el 3 de marzo de 1962, donde inició su formación sacerdotal; es un hombre medianamente joven para este tipo de cargos: tiene 58 años y es un gran conocedor de la realidad de los territorios colombianos. Es un cura de pueblo sin mayores credenciales. Es, en términos eclesiásticos, un pastor cercano a sus ovejas. Es, en general, ese tipo de sacerdote sin vanidades que reclama el Papa, quien lo acaba de nombrar como sucesor del cardenal Rubén Salazar”, escribió José Alberto Mojica Patiño, editor del periódico El Tiempo, el 16 de abril 2020.

Apto para consolar

Inspirado en el misionero Bernabé, un levita natural de Chipre, a quien los apóstoles llamaban también Bernabé, que traducido del griego significa “hijo de consolación” o “apto para consolar” (cfr. Hch 4,36), “modelo para la Iglesia y para el creyente, un hombre de mucha fe”.

El nuevo arzobispo mira su peregrinar junto con la Iglesia Particular de Bogotá, como un caminar apostólico, afincado en la experiencia de la primera Iglesia Local, aquella de Jerusalén (cfr. Hch 1,8; 2,41-42): “Es la Iglesia la que envía al misionero, su servicio tiene la fuerza de la comunidad. Este envío eclesial supera cualquier tentación de liderazgo individual, porque con Bernabé, es la Iglesia misma la que se pone en camino hacia el mundo”.

Al igual que San Bernabé, el arzobispo recordó que, “el Señor necesita de nuestras manos, de nuestra inteligencia, de nuestro ser para que su amor se haga visible en un momento tan difícil como el que viven el mundo y nuestra nación”.

Misionero en camino

El camino y el caminar de la Iglesia en Bogotá, recordó Mons. Luis José, a lo largo de sus 456 años de historia, ha sido acompañado por diversos carismas y ministerios prestados por el clero diocesano, la vida religiosa, los laicos y los 40 arzobispos, que “han entregado generosamente su vida en este servicio”, resaltando particularmente la “sabiduría misionera y la audacia evangelizadora” del cardenal Rubén Salazar Gómez, durante los años precedentes: “En verdad me llena de alegría recibir una Iglesia bien estructurada, un plan de Evangelización en plena marcha”.

Cuatro dimensiones misionera le darán rumbo a su ministerio en la capital, explicó el prelado:

  1. Anunciar la Palabra de Dios:para consolar al enfermo y a su familia, para animar a los que han perdido un ser querido, para fortalecer al que se fatiga y no encuentra el camino. ¡Ay de nosotros en la Arquidiócesis de Bogotá, si no evangelizamos!”.
  2. Celebrar a Jesucristo:es urgente que nuestros fieles y comunidades puedan beneficiarse de esos pulmones espirituales que son los lugares consagrados, la pandemia ha hecho multiplicar la creatividad celebrativa en las redes sociales, pero eso no basta: ¡Necesitamos celebrar en los templos!”
  3.  Vivir la alegría de la fraternidad: solo habrá alegría cuando se puedan sanar las heridas producidas por “el pecado personal y social” y en la medida que se siga custodiando desde el ‘Plan de Evangelización’ en marcha en la Arquidiócesis, aspectos como el cuidado a la familia, el trabajo y la creación.
  4. Construir el Reino: “su Reino en esta arquidiócesis, en esta Iglesia en camino que peregrina en Bogotá y en el oriente de Cundinamarca. Sirvamos, queridos hermanos, al Reino de Dios y sirvamos a nuestro pueblo. Pero hagámoslo con pasión. ¡Con pasión evangelizadora!”.
Forjadores de una sociedad más justa y fraterna

Después de saludar al Presidente de la Nación, Iván Duque, a las autoridades civiles, militares y de policía, lo mismo que a la sociedad en general, les extendió la invitación a caminar juntos, en unidad de esfuerzos: “Les manifiesto mi disposición para que aunemos fuerzas, para que tendamos puentes de encuentro, para que forjemos una sociedad más justa y fraterna, y para que trabajemos unidos por la paz de Colombia”.

En comunión con el Papa Francisco

El Nuncio Apostólico, Mons. Luis Mariano Montemayor, en nombre del Papa, invitó al nuevo Primado de la Iglesia Católica en Colombia a ser instrumento generoso de reconciliación en Bogotá: “Poco a poco se ha venido acentuado problemáticas sociales muy conflictivas a saber: los cordones de miseria, la violencia urbana, la insuficiencia de los servicios de salud, entre otros… Usted es llamado a ser instrumento generoso y fraterno de reconciliación para contribuir a cerrar tantas heridas muy profundas que se reflejan en las desigualdades, en los odios de clase y de partido, en el dolor inmenso de las víctimas de toda violencia”.

Coyuntura económico-administrativa

No será fácil para el recién llegado a la Sede Episcopal enfrentar la situación económica/administrativa, seriamente afectada por esta crisis viral que estamos enfrentando con muy escasos recursos y sin una perspectiva clara de recuperación, visto que “cada parroquia se sostiene en más de 90% por ofrendas que hacen los feligreses”.

Seguramente que la Providencia, apoyada con creatividad, solidaridad y nuevas formas, maneras y estructuras, abrirán el panorama, por ahora un tanto oscuro, inclusive orientando para algunas pistas de salida de tal situación.

* P. Salvador Medina, imc, es misionero en Bogotá.

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