Fe en tiempos de prueba

El Superior General de los Misioneros de la Consolata envía un mensaje motivando para que celebremos la fiesta del Beato José Allamano, el 16 de febrero, dejándonos iluminar por sus palabras y su ejemplo de vida.

Por Julio Caldeira imc *

En su mensaje anual a los misioneros, misioneras, amigos, parientes y bienhechores de la Consolata por ocasión de la fiesta litúrgica del Fundador, el padre Stefano Camerlengo, superior general, recuerda que estamos viviendo un “momento muy particular”, en el contexto de una pandemia global.

Para ello, nos presenta el modelo de nuestro “padre y guía”, José Allamano, contemplando “sus actitudes y convicciones ante los muchos momentos de crisis y dificultad que han salpicado su larga vida”, como fueron las dificultades antes de fundar el Instituto de los Misioneros de la Consolata, las difíciles rupturas para iniciar la misión en África, los dramáticos años de la primera Guerra Mundial y de la gripe “española”, y el último período doloroso de su vida.

Algunas perlas de sabiduría para vivir los tiempos difíciles, actitudes ante las dificultades

Padre Stefano recuerda que en estos tiempos, somos llamados a “dejarnos iluminar por el Evangelio para colaborar en la construcción de un futuro diferente”, cultivando la esperanza y inspirándonos en algunas frases del padre Fundador. Una de ellas dice:

“Yo me digo a mi mismo, sin ser Job: un enviado anuncia una cosa dolorosa, luego llega otro con otro desastre… ¿Y qué? El Señor ha dado, el Señor ha quitado; ¡bendito sea el nombre del Señor! Las cosas hay que tomarlas de las manos de Dios y decir: ¡No se haga mi voluntad, sino la tuya, oh Señor! […] Algunos tienen una fe bastante fuerte, pero tienen poca esperanza, no son capaces de ensanchar sus corazones. Ensanchemos nuestro corazón hacia una esperanza viva. Y no sólo esperanza, sino super-esperanza, esperanza contra toda esperanza. Cuando uno espera poco, le está faltando al Señor que quiere que todos los hombres sean salvados. […] Hagan las cosas con la mayor perfección posible y no piensen en lo que va a pasar; oren, recen mucho y… vivamos de esperanza!”.

El ejemplo de nuestro Fundador: ¡oración y misión!

Para hablar de la fortaleza y coraje en las dificultades y tribulaciones, recuerda lo que dijo el papa Francisco: “no hay misión cristiana que tenga como lema la tranquilidad. Las dificultades y las tribulaciones forman parte de la obra de la evangelización”. Para ello, el superior general invita a que confiemos en Dios, que cuida de sus enviados y los enseña a “seguir adelante haciendo el bien”.

Desde “nuestra oración obstinada” debemos dejarnos empujar, levantar los ojos y mirar lejos, “con un corazón nuevo, iluminado y moldeado por la sabiduría del Evangelio”. En esto, José Allamano decía:

“Siempre habrá debilidades, pero estamos aquí para aceptarnos, apoyarnos y santificarnos. No debemos caer en la melancolía; en cambio, debemos ponerlo todo en las manos de Dios y así edificarse unos a otros y edificar también a los demás… Me agradan los que siempre caminan en la voluntad de Dios, que buscan y hallan su seguridad en las manos de Dios. ¡Qué alegría me da cuando veo que uno avanza bien; sigue adelante, siempre adelante. Les quiero alegres. Aquí hay que estar bien en el cuerpo y en el alma. Deseo que se conserve y crezca cada día más el espíritu de tranquilidad, serenidad y alegría. Éste es el espíritu que quiero”.

El superior general concluye su mensaje animando a que sigamos adelante en el Señor: “¡Avanti in Domino!”

Lea el mensaje completo aquí:

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¿Quién fue José Allamano?

El beato José Allamano nació en Castelnuovo di Asti, tierra de santos, donde nació el 21 de enero de 1851. Educado por su madre en las sólidas virtudes cristianas, pasó luego a la escuela de Don Bosco.

Respondió generosamente a la llamada del Señor y fue ordenado sacerdote diocesano en la Iglesia de Turín el 20 de septiembre de 1873. Desempeñando diversos cargos en el Seminario y en la formación de sacerdotes diocesanos, en 1880 fue nombrado rector del Santuario de la Consolata, donde quedó hasta su muerte. Con la colaboración del infatigable canónico Santiago Camisassa consiguió restaurarlo material y moralmente, tornándolo centro de espiritualidad mariana y de iniciativas pastorales. El padre Allamano maduró una profunda y filial piedad hacia la Virgen Consolata, hasta el punto de ser considerado “su custodio y tesorero”.

Allamano supo ampliar sus horizontes al mundo entero. El “Cristo primer misionero del Padre” fue el icono siempre presente en su vida que lo llamó irresistiblemente a la acción. Es por esto que tomó la decisión y con espíritu de obediencia fundó el Instituto de los Misioneros en 1901, y el de las Misioneras en 1910.

Durante toda su vida hasta el día de su muerte ocurrida el 16 de febrero de 1926, fue educador incansable de sus hijos e hijas en vista de la misión propriéndoles con insistencia el núcleo central de su pedagogía: “Primero santos, después misioneros”.

El 7 de octubre de 1990 el papa San Juan Pablo II lo declara Beato, presentándolo a la Iglesia como modelo y protector ante Dios y la Santísima Virgen Consolata. Actualmente se está estudiando un milagro realizado en la Amazonía, atribuido a su intercesión. Lea el mensaje completo sobre el proceso de canonización aquí.

* P. Julio Caldeira, imc, es coordinador de comunicaciones de la Red Eclesial Panamazónica – REPAM, en Manaus.

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