
«La fiesta de la Consolata de este año adquiere un significado aún más profundo, ya que forma parte del camino del Jubileo de la Esperanza que nos invita “a convertirnos en misioneros de la esperanza entre los pueblos, ‘artesanos’ de la esperanza y restauradores de una humanidad a menudo distraída e infeliz».
Así lo afirma el Superior General, padre James Lengarin, IMC, en su Mensaje titulado «Fijemos nuestra mirada en la Virgen María Consolata: modelo de fe, caridad y esperanza», publicado con ocasión de la fiesta celebrada el 20 de junio.
«En compañía de María Consolata, “Madre de la esperanza que no es casualidad que la piedad popular siga invocando como Stella Maris, un título expresivo de la esperanza cierta de que en los acontecimientos tormentosos de la vida la Madre de Dios viene en nuestra ayuda, nos sostiene y nos invita a confiar y a seguir esperando», subraya el padre Lengarin, que precisamente desde la perspectiva de la «Esperanza» se centra en algunos aspectos de la historia del santuario de la Consolata que comenzó en el año 924.

El Padre General recuerda que «San José Allamano jugó un papel fundamental en la historia del Santuario y en la difusión del amor a la Consolata. Su profunda espiritualidad mariana le llevó a promover la devoción a María Consolata y, personalmente, reservó momentos diarios para recluirse a contemplar el icono de la Virgen. Con la mirada dirigida a ella, desde el “coro”, fue correspondido por la de María, que lo sostenía en sus deberes de rector y lo guiaba en sus preocupaciones por el naciente Instituto»
En su mensaje, el Superior General lanza una invitación a celebrar la fiesta de la Consolata contemplando su icono. « Detengámonos un momento a mirarlo en las imágenes, en los cuadros de nuestras iglesias y capillas, en los pasillos o en las oficinas donde trabajamos. En resumen: “¡Vamos a sentir cercana la Consolata!»
«Invito a todos a hacer esta invocación: ¡María, danos tu mirada consoladora!»
«Lo pedimos especialmente por los misioneros que están cansados y enfermos, desanimados y decepcionados, que necesitan ser mirados con ternura y cuidado por la Madre, que los conoce mejor que nadie».
«Pedimos por todos aquellos que se sienten solos y abandonados, migrantes, niños en campos de refugiados, pueblos indígenas, pigmeos e indefensos; por los que sufren a causa de las guerras y las injusticias, por los que no conocen a Jesús y por los jóvenes que están en dificultades porque no encuentran trabajo».
«A la mirada consoladora y solícita de María encomendamos al Papa León XIV, a nuestros nuevos Superiores y a los Consejos de la Circunscripción, que la Virgen de la Consolata los guíe con su sabiduría, los anime con su amor en su servicio a la Iglesia y al Instituto», espera el padre James Lengarin.