
Ser hermano no es lo mismo que tener hermanos, ni que hacerse hermano. Como, ser amigo no es lo mismo que tener amigos, ni que hacerse amigo. Igual, ser compañero no es lo mismo que tener compañeros, ni que hacerse compañero.
Salvador Medina*
Los hermanos son un don, un regalo de la vida. Nadie los escoge, simplemente los acoge, agradece y disfruta o padece. Los amigos los escogemos, los cultivamos con cuidado artístico, con detalles, cariño y respeto. Los compañeros nos escogemos, nos juntamos por proyectos o emprendimientos, objetivos o vocaciones. Con ellos comemos el pan sudado juntos “cum – panis”, trabajado juntos.
Hermano Francisco
Una premisa, tomada de la 1 Carta de Juan, guía al Papa en su vida y su ministerio: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte” (3,14). Además, “quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” (4,20). Un amor que sabe de compasión con todos (Fratelli Tutti, 62)
Elegido Papa el humano latinoamericano, se autodenominó Francisco, en memoria del poverello de Asís, hermano del lobo, de la rosa, del sol, del agua, de los pobres y su hermana pobreza.

A “todos, todos”, nos exhortó: “soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz. Todos hermanos” (Fratelli Tutti)
Amigo Francisco
Hombre de relaciones humanas transparentes, basadas en la verdad, como las de Jesús, su Maestro y Señor: “En adelante ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre” (Jn 15, 13-15).
Francisco, en consecuencia, se atreve a escribirle a una sociedad sin compasión, que parece haber perdido el corazón, una carta sobre el Corazón de Jesús que “nos permite sentirnos amados por un corazón humano lleno de afectos y sentimientos como los nuestros”. Una carta en la que revela su “espiritualidad”, alejándose de “formas desencarnadas y rigoristas. Él cree que la espiritualidad implica profundamente el alma humana, los sentimientos y la dimensión física del ser humano”, comenta el subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación, Antonio Spadaro.

Al tiempo que nos invita a la amistad personal, para la convivencia íntima, a la social, para la práctica politica y la ecológica, para el cuidado de la “casa común”, nos abre a la amistad universal, integradora, diríamos misionera, pues “el Corazón de Cristo nos lleva al Padre y nos envía a los hermanos”. A su luz “la misión se convierte en una cuestión de amor» (Dilexit Nos, 163, 208)
Compañero Francisco
Que hubiese sido un compañero fue el criterio para elegir el sustituto de Judas en el grupo de los 12: “es necesario que uno de los que nos acompañaron durante todo el tiempo que el Señor estuvo con nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el dia en que fue elevado a los cielos, entre a formar parte de nuestro grupo, para que sea, junto con nosotros, testigo de su resurrección” (Hch 1,21-22). Compañero entonces de camino, de causa, de opción y de práctica – misión. Testigo del triunfo de la vida sobre la muerte, la Pascua.
Así hemos sentido muchos al Papa Francisco. Entre otros, el mismo Papa emérito Benedicto, cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos/as, presidentes, profesionales y laicos/as de todas las categorías, credos, condiciones y profesiones.


Claro está, como Jesús, el testigo del Padre Misericordioso, tampoco Francisco, testigo de Jesús, ha agradado a todos con su testimonio ni su mensaje. Muchos lo han visto y tratado como el enemigo de sus búsquedas y proyectos, de sus comportamientos y emprendimientos.
Conclusión inconclusa
Hermanos, tejiendo relaciones de igualdad y reciprocidad entre diferentes, para la felicidad; amigos tramando relaciones de amor gratuito y generando encuentros de diálogo, para la convivencia placentera y pacífica; compañeros de Jesús y entre nosotros, construyendo pactos o alianzas políticas y económicas para cuidar y disfrutar, en paz, de la “casa común”.
Esta es una buena propuesta para el “buen vivir” del ser humano y el de tola “la comunidad de la vida” en la tierra, nuestro hogar (Carta de la tierra, 2000).
*P. Salvador Medina, misionero de la Consolata en Colombia