Migrar para entender la vida

Mons. Paulo Andreolli, SX, obispo auxiliar de la Archidiócesis de Belén y padre Lorenzo con indígenas warao en Boa Vista, Roraima. Fotos: Juan Carlos Greco

¿Deberíamos todos migrar para entender a los migrantes? ¡No sé! ¡Podía ser una buena propuesta! Pero aun saliendo de nuestras fronteras geográficas no sería suficiente. Transitemos juntos estas líneas y veamos si coincidimos en algo.

Por Juan Carlos Greco *

Salir

Creo que lo mejor sería seguir el consejo de Anthony de Mello: “Debes aprender a salir del campo del pensamiento y de la locución y emigrar a los dominios de los sentimientos, de las sensaciones, del amor y de la intuición”. Ponernos en contacto directo con nuestras emociones y sentimientos, puede revelarnos muchas cosas sobre nosotros mismos y entendiéndonos nosotros mismos entender más aún a los demás. Es que desde mi zona de confort el pensamiento puede organizar el mundo tan bien que ya no seríamos capaces de verlo como es en realidad. Los pensamientos pueden crear nuestro mundo ideal, pero para hacerlo realidad debemos actuar.

Salir, emigrar… es lo que hizo Paulo, hoy para todos, Mons. Paulo Andreolli, SX, quien salió de su Italia natal para trabajar en Brasil como misionero javeriano desde 2007. Hace menos de un año es obispo auxiliar de la Archidiócesis de Belén, estado de Pará, tierra donde muchos indígenas warao de Venezuela han elegido para migrar y residir buscando un nuevo horizonte. Cuando Padre Lorenzo me dijo que él y Dom Paulo querían conocer la ocupación espontánea warao de Boa Vista, Roraima me entró escalofrío. ¿Un obispo interesado en qué?

Interesado de…

Interesado en escuchar: Tenemos que entender que la distancia más corta entre la verdad y un ser humano es una historia. Pero no solo esas historias elaboradas, hasta perfectas gramaticalmente. Escuchar historias, aunque sea que “se van intentando entender” ya que los warao le hablaban en español, mezclando alguna palabra en su idioma nativo. La historia nos permite ver como es el ser humano y cómo éste ha actuado en las diversas situaciones en las que se ha encontrado. Escuchó historias de los padres de los warao que fueron casados en el internado, historias de los padre Damián, Julio o Basilio (capuchinos), hasta de algunos de la Consolata como el famoso padre Zacharias Kariuki. Escuchó historias de dolor, lucha sufrimientos y también de victorias.

Interesado en ver otro mundo y caminar en medio de la gente. Leí una vez que “si observas de qué modo estás hecho y cómo funcionas, descubrirás que hay en tu mente un programa, toda una serie de presupuestos acerca de cómo debe ser el mundo, cómo debes ser tú mismo y qué es lo que debes desear”. El crecimiento espiritual puede romper nuestras barreras socioculturales y dejarnos ver que la vida puede ser muy diferente. Y para eso es necesario migrar: de pensamiento, sentimientos…¡sin miento!

Interesado en dar ánimo no en elogiar, ¡gracias a Dios! Porque la aprobación, el éxito, la alabanza, la valoración son las drogas con las que nos ha hecho drogadictos la sociedad. Al no tenerlas siempre, para muchos el sufrimiento es terrible. Muchos de nosotros somos auténticos adictos a la aprobación de los demás, no depende de ellos nuestra felicidad personal. Si vino a intercambiar ideas, a dejar algunas que parten de su experiencia o de su intuición misionera. A dar alguna opinión de cómo podría entretejer caminos aprovechando el tema de la Campaña de la Fraternidad promovida por la Iglesia en Brasil (CF 2024: Fraternidad e amistad social) de este año y la inclusión de los warao en este contexto. O cómo podríamos a partir de Caritas colaborar en la formación con esta comunidad (100%) indígena.

La gran necesidad: amar

Deja con su ejemplo y transparencia un mensaje, en medio de tantas preocupaciones materiales. Uno piensa que se pierden algunas ayudas precisamente porque muchos no migran para intentar pensar como el otro a quien quiero ayudar. Perdimos la ayuda del GIES porque solicitar certificados médicos a un indígena para obtener un beneficio para uno de sus integrantes en condición de desnutrición parece humillante. Y la ayuda no puede ser solo para uno. Todo se comparte. Recuerdo cuando lleve el Ensure Plus a una mujer totalmente desnutrida. Ella lo tomo entre sus manos y agradeció. Al rato quienes lo estaba aprovechando eran sus hijos. Para una madre, aun en ese estado sus hijos están primero. Una agencia internacional humanitaria nunca entenderá eso.

Sólo hay una necesidad: esa necesidad es amar. Cuando alguien descubre eso, es transformado. El amor puede convertir nuestra vida en algo maravilloso, dejémosle entrar en nuestra vida.

Y entonces uno piensa que debemos seguir amando y desapegarnos del dar y dar desde lo material para dar más amor y seguir trabajando más en la línea de luchar por los derechos y para que las políticas públicas incluyan cada vez más al migrante y sobre todo al indígena que es más vulnerable. Lo malo es que la mayoría equipara la felicidad con conseguir el objeto de su apego, y no quiere saber que la felicidad está precisamente en la ausencia de los apegos, y en no estar sometido al poder de ninguna persona o cosa.

Una gran cita que todos deberíamos conocer, la felicidad reside en nosotros mismos.

Pasan los años, uno deja de ser joven y comienza a entender que “el mayor aprendizaje de la edad reside en aceptar la vida exactamente como nos llega”. Saber conformarnos con lo que tenemos es algo que muchos aprendemos con el pasar de los años. Pero seguir luchando. Diría en otras palabras el “Che”: ¡Hay que endurecerse sin perder la ternura jamás!

* Padre Juan Carlos Greco, IMC, Servicio Itinerante para personas en Movilidad Humana en Roraima.

Contenido relacionado