
En el lluvioso mes de septiembre, del 7 al 10, los Misioneros y Misioneras de la Consolata que acompañamos el caminar de los pueblos originarios en Colombia, Perú y Ecuador, nos encontramos en Toribio, Cauca, en el contexto de los 42 años del proyecto Nasa y 38 de presencia de la Consolata en este territorio.
Por Javier de Jesús Velásquez*
El motivo de este encuentro fue “realizar una evaluación mutua, crítica y propositiva entre el Equipo Misionero y la Asociación del Proyecto Nasa, para revisar nuestra presencia misionera en Toribio y retomar, desde esta evaluación, algunos elementos que nos sirvan para continuar acompañando, como misioneros y misioneras, el camino de los pueblos originarios en la Región Colombia – Perú- Ecuador.
Encontrarnos con un nutrido grupo de mayores indígenas, catequistas y coordinadores de diferentes áreas del proyecto Nasa, fue de especial riqueza para nosotros. Ellos, en su mayoría, personas que se formaron en torno al Equipo Misionero, fueron expresando su sentir sobre la presencia del Equipo en el territorio.
Frutos recogidos
Desde los aportes de los indígenas, los misioneros descubrimos que la vida ofrendada en equipo, es un referente transformador que se mira como presencia de Dios que da fuerza, que sostiene, que motiva y se vuelve consolación.

Nos hicieron sentir que no sobramos en medio de ellos, pero nos piden, decididamente, resignificar nuestra presencia, de manera que podamos seguir acompañando los vacíos y realidades que van quedando rezagados y sin dolientes en los procesos de los pueblos:
- La formación humana y en valores, sobre todo de los jóvenes.
- La formación espiritual
- Ayudar en el discernimiento de lo que va faltando
- Buscar ser creadores de puentes de comunión entre el pueblo Nasa y otros pueblos originarios de Colombia.
Celebración
Ha sido también impactante para nosotros, poder participar en la jornada de trueque el día 9 de septiembre en la vereda Santa Rita, lugar donde nació el proyecto Nasa con el P. Álvaro Ulcué.

Alrededor de unos dos mil indígenas se congregaron para intercambiar semillas y productos; para festejar y agradecer; para hacer memoria de una historia y seguirla proyectando. Hubo abundancia de alegría y comida de balde para todos, como expresión de un pueblo que ha crecido en comunión, en organización, en liderazgo y participación.
Vuelta al camino
Nos hemos regresado a nuestros lugares de fe, comunión y vida, con grandes desafíos misioneros, pero sobre todo nos hemos regresado a casa, con la satisfacción de haber sido testigos de los frutos de una evangelización animada a partir de un equipo de vida.
* P. Javier Velásquez, misionero de la Consolata con el Pueblo Embera de la Diócesis de Cartago, Valle – Colombia