El 24 de noviembre de 2021, en horas de la mañana, falleció en la ciudad de Manizales, Colombia, a sus 82 años, el Padre Agustín Baima.
Una vida hecha misión
“Mi vida prácticamente es esta, ser misionero, llevo 70 años viviendo en esta Comunidad y mi familia misionera es como mi familia real”. Este es testimonio del mismo P. Agustín, registrado en la última entrevista que le concedió al P. Jaime Patías, consejero General del IMC, durante Visita Canónica a la Región Colombia, hace apenas tres meses.
Nacido de familia humilde el 26 de diciembre de 1939 en Cirié, un pequeño pueblo de la provincia de Turín en Italia, Agostino llegó al mundo como integrante de una familia conformada por cuatro hijos, sin embargo, la muerte le arrebató a su madre a tan solo cinco meses de su nacimiento y tal vez fue ahí, cuando el destino del Padre Agustín tomaría, sin saberlo, los rumbos de la misión, tras las palabras de su madre ad portas de la muerte, cuando le presentaron a sus hijos y ella respondió: “Ya no son míos, yo los ofrecí al Señor”.

La vocación misionera
No es fácil identificar la fecha o la circunstancia en la que surge, pues se va manifestando poco a poco. Sin embargo, recuerdo que la motivación inicial me vino del contacto con un sacerdote que trabajando en el Kenia, un día vino al pueblo y nos visitó en la escuela. En el salón de clase preguntó si alguno quería ir a trabajar con él que tenía un territorio muy grande a su cuidado y se encontraba solo. En aquel momento Agustín no respondió nada, guardó silencio, sin embargo, en el año 1950 decidió ingresar al Instituto Misionero de la Consolata y consagrar así su vida a la misión de Dios.
El aíre de la misión en Colombia, en donde llegó en 1971, le ayudó a recuperar su vitalidad y poder así terminar su formación. Humilde y paciente, siempre presto a ayudar y apoyar a quien lo necesitara, el Profeso Perpetuo Baima fue aceptado a al Presbiterado y recibió su ordenación sacerdotal el 18 de noviembre del 1973, ocho años después de lo previsto, al haberse visto obligado, por enfermedad, a interrumpir su proceso académico-formativo.

Sacerdote misionero
Gracias a su entusiasmo, generosidad, creatividad, además de su espiritualidad y emprendimiento, fue destinado a la Animación Misionera en y desde el Centro José Allamano, hoy denominado Centro de Misión y Culturas – CMC; a la Comunicación de la misión, debdo su pasión por la fotografía y los audio-visuales, campo en el cual se desempeñaba con profesionalismo, estética y arte, valiéndose de las más avanzadas tecnologías; a la formación de los futuros misioneros en la etapa de la Filosofía, integrada en su tiempo al Centro Inter congregacional de Pastoral y Filosofía – CEPAF; y a la misión directa entre las nacionalidades indígenas del Chimborazo, en el Ecuador, en donde permaneció por 11 años, para regresar a Colombia y continuar prestando sus servicios en Manizales, a la sombra del Santuario de Fátima.

Animador misionero
La misión la invadía y trasbordaba entusiasta y creativamente. Siempre provocó, sembró y suscitó la misión ad gentes, más allá…, con la palabra, variadas iniciativas y múltiples actividades en el corazón de los fieles cristianos, los sacerdotes y obispos, las religiosas y los movimientos laicales, las Iglesias particulares colombianas y en general la Iglesia Latinoamérica, especialmente a través de su participación en los Congreso Latino americanos misioneros – COMLAs, lo mismo que a cuantas instituciones le abrían sus puertas, incluida su propia Comunidad Misionera. Verdadero e incansable animador ad intra y ad extra.

Evangelizador misionero
“Cómo no acordarme cuando estuvo en el Ecuador, en Punín y Licto. Un gran ser humano, humilde y paciente con los más vulnerables, testimonia Jorge Aucanshala: ¡hasta pronto Taita Aguchito, minchakama!”. Nos quedan cortas las páginas para transcribir las expresiones de reconocimiento, dolor y agradecimiento: “Hasta pronto mi padre Agustín Baima. Hoy mi corazón siente una inmensa alegría porque partes hacia la casa de nuestro Padre celestial, pero a la vez un inmenso dolor porque fuiste un misionero intachable de botas y guadaña. Siempre estuviste dispuesto a servir, desde arreglar el jardín, que por cierto te quedaba hermoso, hasta dar esas homilías instruidas y profundas, y por qué no, a enseñarnos, pero también reprendernos en el momento en que las cosas no iban bien. De ti aprendí muchas cosas, la renuncia, la humildad, la fe, la transparencia y la honestidad en todo” (Daniela Mayorga Betancur, del Santuario de Fátima en Manizales).
Sus últimos años los dedicó al Santuario Nuestra Señora de Fátima en Manizales, desde donde hoy la comunidad lo despide con el corazón arrugado por no volver a ver su rostro ni escuchar sus palabras, pero con la alegría de que ahora se encuentra disfrutando de la vida eterna junto al Padre, por quien vivió y entregó su vida al servicio de los demás.

Amante y contemplativo de la Naturaleza
Podríamos decir que fue un arriesgado alpinista en los mismos Alpes europeos, al pie de los cuales nació y muchas veces escaló, del nevado del Ruiz que frecuentaba solo o con turistas y amigos, seminaristas o compañeros de comunidad. Al final, por intuición, lectura y experiencia, se convirtió en consultado especialista del Nevado y sus alrededores, fotógrafo reconocido en y por el diario La Patria, de gran circulación regional y nacional.
Amigo de las plantas y las verduras, embelleció ambientes y cultivó huertas, de las que se alimentó y compartió a manos llenas. No solo se aprovechó de la belleza de la creación para sus extraordinarias y artísticas fotografías, sino que la cultivó y cuidó con esmero, arte y cariño, enseñando a otros a hacer lo mismo. Plantaba rezando, cultivaba cantando y repartía sonriendo.

¡Gracias Agustín por lo que fuiste, hiciste y transmitiste!
Por Paula Martínez, Comunicadora Social