
“No solo lloramos a un sacerdote, celebramos una vida que fue una ofrenda continua a Dios por medio siglo”. Era un sentimiento común expresado en la última despedida de un sacerdote que llegó a los corazones de miles de personas y quien falleció el 2 de febrero 2026, en Nyery (Kenia), Solemnidad de la Presentación del Señor, el día dedicado a la Vida Consagrada.
Por Patrick Irungu Mungai *
La ceremonia tuvo lugar el lunes 9 de febrero, en la catedral de Murang’a donde el arzobispo emérito de Nyeri, monseñor Peter Joseph Kairo quien fue el primer obispo de Murang’a (1983 a 1907) presidió la santa eucaristía y junto con el actual obispo, monseñor James María Wainana, acompañado por los sacerdotes, religiosos y miles de personas quienes lo conocieron.

El padre Daniel Mureithi fue una figura muy querida y será recordado no solo por su servicio espiritual, sino también por: Su compromiso con la educación y el bienestar de los jóvenes; Su labor pastoral en diversas parroquias donde se destacó por su humildad y cercanía con la gente; Ser un pilar de apoyo para la comunidad durante momentos de dificultad social.
Durante la misa, los obispos subrayaron que su vida centró en la fidelidad y el servicio incansable en estos casi 50 años que sirvió porque fue ordenado en 1976. El mensaje de los obispos destacó los siguientes puntos clave:
Voz de la Sabiduría: Lo describieron como una “biblioteca de fe”. Al haber servido bajo varios obispados, se destacó su papel como mentor de sacerdotes más jóvenes y su estabilidad dentro de la Diócesis de Murang’a.
Fidelidad hasta el final: Se enfatizó que su vida fue un testimonio de “correr la buena carrera”. Los obispos subrayaron que alcanzar las bodas de oro sacerdotales (casi 50 años de servicio) es un signo de profunda devoción y resiliencia espiritual.
Llamado a la Unidad: En la homilía, se hizo un llamado a la comunidad para que mantengan vivo el legado de caridad del Padre Mureithi, instando a los fieles a cuidar de los demás con la misma humildad con la que él lo hacía.
Un “Buen Pastor”: De acuerdo con los testimonios de la gente, se le recordó como un hombre que nunca buscó la gloria personal, sino el bienestar de sus feligreses.

La conexión con los Misioneros de la Consolata
Los Misioneros de la Consolata fueron los pioneros de la evangelización católica en la región central de Kenia. Su historia en la actual Diócesis de Murang’a comenzó en 1902, cuando el jefe local “Karuri wa Gakure” los invitó a establecerse en sus tierras. En el momento eran los primeros cuatro misioneros de la Consolata; los padres Thomas Gays y Filippo Perlo, junto con los hermanos Celeste Lusso y Luigi Falda. Ellos fundaron diferentes misiones, entre ellas:
- 1902, Tuthu (Nuestra Señora Consolata) – donde se celebró la primera misa el 29 de junio de 1902 bajo un árbol Mugumo.
- 1902, Murang’a (Sagrado Corazón) – La sede actual de la Catedral de la diócesis.
- 1904, Mugoiri (Nuestra Señora de los Dolores
- 1907 Gaturi (Reina de los Apóstoles) – Fundada como parte de la estrategia de “estaciones intermedias” para conectar las misiones de Nyeri y Murang’a.
- 1908, Ichagaki (Nuestra Señora de la Asunción)
- 1910, Gatanga (San José Obrero)
- 1910 (Nuestra Señora de Fátima)

Los misioneros siguieron administrando esas misiones hasta que la Diócesis de Murang’a fue erigida oficialmente el 17 de marzo de 1983, separándose de la Arquidiócesis de Nyeri. Desde entonces, la administración ha pasado mayoritariamente a manos del clero diocesano local.
La historia del padre Daniel Mureithi es una figura fundamental para entender la transición de la Iglesia en Murang’a de una misión extranjera a una institución local. Donde los misioneros de la Consolata pusieron los cimientos, los hombres como el padre Daniel Mureithi dieron la continuidad en la construcción de la estructura espiritual de la comunidad actual.
El padre Daniel Mureithi es históricamente significativo por ser uno de los primeros sacerdotes africano ordenado en la Diócesis de Murang’a y el primer vicario general desde que fue constituido como diócesis. Su ordenación no solo fue un logro personal, sino un símbolo de que la semilla plantada por la Consolata en 1902 había dado finalmente sus propios frutos locales.

Creció en una época donde ser católico y educado bajo el sistema misionero requería una gran determinación. Se puede observar lo siguiente:
Influencia: Fue educado por los Misioneros de la Consolata, quienes vieron en él el potencial para el liderazgo eclesiástico.
Seminario: Realizó sus estudios de filosofía y teología en una época de grandes cambios sociales en Kenia (al comienzo de la independencia), lo que moldeó su visión de una Iglesia que debe estar cerca del sufrimiento y las aspiraciones de su pueblo.

A diferencia de los misioneros que venían de fuera, el padre Daniel hablaba el idioma no solo de la boca, sino del corazón de la gente de las montañas de Murang’a y por eso se puede decir que fue le fácil:
Pionero en la Inculturación: Ayudó a que los rituales católicos se sintieran menos “extranjeros” para los Gikuyu (la etnia que se encuentra en Murangá), integrando valores locales con la fe cristiana.
Mentor de Generaciones: Tras su ordenación, trabajó en diversas parroquias de la diócesis y diferentes áreas pastoral como decía su biografía, convirtiéndose en un modelo a seguir para los jóvenes que más tarde se convertirían en la gran mayoría del clero diocesano actual.
Su vida tiene una gran importancia porque representa el puente entre la era de los pioneros de la Consolata y la era de la Iglesia local autónoma. Sin figuras como él, la Diócesis de Murang’a no habría podido establecerse como una entidad independiente en 1983, ya que él demostró que el clero nativo estaba listo para liderar.
En la región de Murang’a, el padre Daniel es recordado con gran afecto por su humildad y su capacidad para mediar en conflictos comunitarios durante los años difíciles de la lucha por la independencia y la consolidación de la fe.
* Padre Patrick Irungu Mungai, IMC, misionero en México.


