San José Cafasso: “el padre de los encarcelados”

Prudente y reservado, fue maestro espiritual y formador de sacerdotes. Una de sus enseñanzas es la valoración del deber cotidiano en vista de la santificación. En su ministerio pastoral, se dedicó a los encarcelados, expresando una gran misericordia y el rostro amoroso, paternal y consolador de Dios. Cafasso era una persona extraordinaria en el ordinario.

José Cafasso nació en Castelnuovo d’Asti en 1811, fue el tercero de cuatro hijos, de los cuales la última, Mariana, será la madre del Beato José Allamano. Desde muy joven se lo veía como un pequeño santo en la familia y en toda la ciudad.

Hizo sus estudios teológicos en el Seminario de Chieri y en 1833, fue ordenado presbítero. Cuatro meses después se fue a vivir al Internado Eclesiástico para perfeccionar su formación sacerdotal y pastoral. Allí vivirá por toda su vida, volviéndose su rector. Cuida de la enseñanza con gran atención y tiene por objetivo formar a buenos confesores y predicadores hábiles.

José estudia y profundiza en la espiritualidad de San Francisco de Sales, que él transmitiría después. Contribuyó directamente en la formación y en la construcción de la personalidad y de la espiritualidad de Don Bosco y José Allamano. Es típico de su enseñanza la valoración del deber cotidiano en vista de la santificación.

Siempre atento a las necesidades de los últimos, visitaba y apoyaba los más pobres, llevándoles la consolación que venía de su ministerio sacerdotal. Su apostolado consistía también en el acompañamiento espiritual de los encarcelados y de los condenados a la muerte, hasta el punto de ser definido como “el padre de los encarcelados”.

Prudente y reservado, maestro espiritual, fue Director de padres, laicos, políticos y fundadores. Murió tras una breve enfermedad, con tan solo 49 años, el día 23 de junio de 1860. Fue beatificado en 1925 y canonizado por Pio XII en 1947, que lo reconoció como “modelo de vida sacerdotal, padre de los pobres, consolador de los enfermos, alivio de los encarcelados, salvación de los condenados al patíbulo”. Sus restos descansan en el Santuario de la Consolata.

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