
En la Ciudad de México se realizó el II Encuentro Nacional sobre Traducciones y Adaptaciones Litúrgicas Indígenas, una iniciativa que buscó fortalecer la inculturación de la fe y promover una participación más plena de los pueblos originarios en la vida de la Iglesia
Por Julio Caldeira IMC *
Del 23 al 27 de marzo, la Comisión de Liturgia de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) reunió a obispos, sacerdotes, especialistas en lenguas indígenas y agentes pastorales provenientes de diversas diócesis del país, junto a representantes de otras naciones latinoamericanas.
En este contexto, el cardenal Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas, subrayó que el encuentro constituyó un espacio privilegiado para “compartir experiencias de las diócesis, analizar criterios bíblicos, litúrgicos y culturales, y proponer procesos” que permitieran avanzar en la inculturación de la liturgia en los pueblos originarios.
La participación —que superó las expectativas iniciales— reunió a 91 personas de numerosos pueblos indígenas, entre ellos zapoteco, maya, náhuatl, tseltal y mixteco, así como delegados de Bolivia, Colombia y Guatemala. El purpurado destacó especialmente la presencia de jóvenes y mujeres, signo de esperanza y continuidad en este camino eclesial.
Cercanía y acompañamiento de la Iglesia universal
Uno de los aspectos más significativos del encuentro fue la presencia y acompañamiento del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Según el cardenal Arizmendi, esta cercanía confirmó que el camino emprendido se desarrolló en comunión con la Iglesia universal:
“Sentimos que no estamos haciendo algo indebido… el Dicasterio nos acompaña, nos comprende y nos anima”, afirmó, destacando que las orientaciones recibidas no buscaron limitar, sino abrir caminos seguros para el discernimiento pastoral.

La inculturación, expresión del misterio de la Encarnación
En su reflexión, el cardenal recordó que la inculturación no es un elemento secundario, sino una exigencia del misterio cristiano:
“La Encarnación es modelo de inculturación: ‘La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros’”, señaló, subrayando que el Verbo de Dios asumió una cultura concreta y un lenguaje propio del pueblo.
En esta misma línea, evocó la experiencia guadalupana como un signo elocuente de cercanía: la Virgen María se manifestó en náhuatl, insertándose en la cultura de los pueblos originarios.

Un camino abierto por el Concilio y llamado a avanzar
El cardenal Arizmendi recordó que el Concilio Vaticano II ya había alentado este proceso, afirmando que la Iglesia no impone uniformidad, sino que respeta y promueve las riquezas culturales de los pueblos. Sin embargo, reconoció que los avances habían sido aún limitados:
“Han pasado más de cincuenta años y hemos avanzado poco en esta línea”, advirtió.
En sintonía con el magisterio del papa Francisco, el purpurado invitó a no frenar la creatividad misionera y a promover formas concretas de inculturación en la vida litúrgica.

Valorar y custodiar la riqueza de los pueblos
Finalmente, el cardenal hizo un llamado a toda la Iglesia a reconocer el valor de las culturas indígenas como expresión de la acción de Dios:
“Apreciemos, valoremos, respetemos y promovamos las culturas indígenas”, exhortó, invitando a ser aliados en su conservación y desarrollo.
Un compromiso que, en palabras del propio cardenal, buscó que estas culturas “no se pierdan”, sino que continuaran enriqueciendo la vida y la misión de la Iglesia.

* P. Julio Caldeira es misionero de la Consolata en la Amazonía colombiana / con informaciones de la CEM y del Card. Felipe Arizmendi


