
Desde Barquisimeto, la familia Consolata se unió para compartir la alegría de la vida entregada, donada y ofrecida de aquel que, siendo un joven sacerdote, llegó al Santuario de la Virgen Consolata, patrona de Turín, Italia. Allí le tocó redescubrir cómo María ha sido consolada desde el comienzo de su labor en la historia de la salvación y cómo, desde la obediencia de su “hágase en mí”, llega hasta los pies de la Cruz comprendiendo que es y será Consolación para el mundo.
Por Danmari Mujica *
Es ella, la Virgen Consolata, quien anidando en el corazón de San José Allamano despertó la inquietud y la urgencia de corresponder al mensaje de Isaías 66, 19: “Anunciarán mi gloria a las naciones”. Este llamado busca alcanzar los lugares más aislados y los corazones bienaventurados, tal como lo hace hoy para la Iglesia universal. Su estancia centenaria en el cielo sigue siendo sal y luz en la tierra, y esperanza evangelizadora en el mundo actual.
Padres, hermanas, laicos y amigos se encontraron para seguir dando a conocer la misión como una opción de vida y la consolación como un regalo que llega a través del Evangelio. Este continúa siendo Buena Noticia para todo aquel que lo busca o lo espera, porque ha reconocido al Dador de la vida y Guía por excelencia. Como el mismo Allamano decía, él era “secretario y tesorero” de la Consolata, pues la reconocía como la verdadera fundadora.

La fiesta del agradecimiento comenzó en el Centro de Animación Misionera (CAM), profundizando cada mensaje durante la novena junto a aquellos que dan vida al centro de animación: desde los más pequeños de “Sor Irene”, hasta los fieles servidores y amigos de “Manos Abiertas y Pies Ligeros”. Estos dos apostolados hacen vida cada semana desde la formación misionera, la espiritualidad y el servicio a quienes habitan en las calles.

En este tiempo, la mejor forma de celebrar es compartir la vida del Padre Fundador. Por ello, se abrieron las puertas para recibir a jóvenes curiosos y de corazones inquietos que buscan conocer más de Dios Padre. Fue una aventura enriquecida por testimonios de quienes, al conocer a los hijos e hijas de San José Allamano y la Consolata, se han quedado prendados de este carisma y responden con sus vidas a la vocación recibida.

Durante todo el fin de semana, doce jóvenes – al igual que los discípulos – tuvieron la oportunidad de convivir y escuchar cómo San José Allamano correspondió a lo que Dios le pedía. Vieron cómo pudo hacer camino con su vida comprometida y cómo alcanzó a darle forma y mantener viva la llama de una familia misionera que hoy continúa marcando pautas en tantos corazones y rincones del mundo.
La familia Consolata no son unos pocos; son todos aquellos que, comprendiendo su ser misionero, anhelan la santidad e intentan cada día ser dignos de este carisma. Son todos esos lugares donde cada misionero y misionera ha entregado su vida, se ha desgastado por el Evangelio, ha sembrado el amor de Dios y ha compartido la consolación recibida.
Este 2026 es un año para continuar celebrando, agradeciendo por los dones concedidos al Fundador y valorando que esta historia tiene el derecho de seguir siendo escrita. Aún tiene mucho que contar.
* Danmari Mujica, LMC, CAM Barquisimeto, Venezuela.



