
«La Vida Consagrada, que en su pasado tuvo un gran desarrollo en Europa y luego en América, hoy está creciendo en Asia y África y, desde esta realidad geográfica, sigue siendo protagonista de la evangelización en el mundo».
Por Arlei Pivetta *
Así lo afirmó la subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, la hermana Carmen Ros Nortes, N.S.C., este miércoles 7 de mayo, dirigiéndose al grupo de misioneros de la Consolata jubilares reunidos en Roma para el curso de formación permanente.

La religiosa, originaria de Murcia (España) y perteneciente a la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, destacó que «la Vida Consagrada siempre ha buscado responder a los desafíos emergentes de su tiempo. Hoy, para seguir siendo esta respuesta profética, necesita vivir la sinodalidad y ser símbolo de fraternidad y esperanza».
En este breve vídeo grabado tras su intervención, Sor Carmen Ros resume su reflexión y deja un mensaje de esperanza
En el día en que comienza el Cónclave, en comunión con toda la Iglesia y el mundo, el grupo presente en la Casa General IMC en Roma espera con ansiedad la elección del nuevo Papa.
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Según Sor Carmen Ros, hoy los retos son aún mayores y la Vida Consagrada debe adaptarse, reaprender y volver a las fuentes del carisma para actualizarse. En este sentido, recuerda que el Papa Francisco instó para que la Iglesia estuviera cerca de los más pobres y marginados: «¡ser pastores con olor a oveja!».
Vivimos un tiempo de cambios y rápidas transformaciones, la Vida Religiosa debe estar alerta para «leer los signos de los tiempos» y tratar de dar nuevas respuestas a los nuevos problemas, siempre a la luz de la Palabra de Dios. «Ya no puede dar las mismas respuestas que en el pasado, porque las necesidades y los desafíos han cambiado y a un ritmo muy rápido. Las noticias que antes tardaban años en llegar ahora están disponibles en tiempo real».

Sor Carmen Ros señala que «en un mundo de constante vulnerabilidad e incertidumbre, vivir la Vida Consagrada requiere mucho coraje y determinación. Esto se debe a que lo que era seguro ya no lo es. La Vida Religiosa es un signo profético en la sociedad y debe estar presente donde están los últimos, los excluidos, para ser presencia real de Dios en la vida de los que ya no tienen esperanza de vivir».
La religiosa destacó también, la importancia «de la identidad y de saber situarse como hombre y mujer de Dios, para ser el nuevo rostro de Dios en el mundo. Tenemos que hacer un camino. Ese camino no está preparado, sino que hay que hacerlo cada día».

Ser religioso o religiosa, como decía la Madre Teresa de Calcuta, es ser pequeño, pero significativo. «Lo que yo hago es una gota en el océano. Pero sin ella, el océano será más pequeño». Parece insignificante, «pero es de gota en gota como se hace el océano», concluía.
La Vida Consagrada necesita siempre «oxígeno nuevo» para ser vida para todos. «Necesita ser sencilla pero organizada, donde el peso de las grandes estructuras no sea más importante que el servicio a los hermanos y hermanas. Sin embargo, las estructuras han tenido y tienen su valor como apoyo a la evangelización».
Otro aspecto indispensable es la formación, que, según ella, «tiene fecha de comienzo, pero no de fin. Es un compromiso para toda la vida, tanto para el religioso individual como para la congregación». Al comentar sobre la crisis de muchas congregaciones y Sociedades de Vida Apostólica, que enfrentan una disminución de las vocaciones frente a los cambios en la misión, «un carisma, cuando ya no responde al tiempo presente, debe aceptar que ha hecho su historia y aprender a morir en paz».
Motivados por las reflexiones de la asesora, los 16 misioneros jubilares (25 años de ordenación y/o profesión religiosa) compartieron sus preocupaciones y alegrías sobre la Vida Consagrada, enriqueciendo el estudio del tema propuesto por el programa del curso, que se desarrolla del 5 al 31 de mayo.
* Padre Arlei Pivetta, IMC, misionero en Boa Vista, Roraima.