Volver a la fuente para formar en tiempos de cambio

Grupo de formadores del Continente americano reunidos en México. Foto: IMC México

Los misioneros de la Consolata del continente americano que se dedican a la formación de las próximas generaciones de misioneros se reunieron en la ciudad de Guadalajara, México, del 19 al 23 de enero, para compartir experiencias, evaluar los procesos formativos, revisar las realidades de las comunidades y establecer criterios comunes para la formación. El XIV Capítulo General (2023) ha propuesto al menos un encuentro presencial de los formadores al año.

Por Lorenzo Gómez *

En un tiempo marcado por profundas transformaciones culturales, tecnológicas y eclesiales y en el marco del centenario de la muerte del Fundador, San José Allamano, el Instituto sintió nuevamente la urgencia de volver a la fuente. No como gesto nostálgico, sino como opción espiritual y carismática para renovar la misión formativa hoy.

Con la participación de seis formadores y del Consejero General para América, padre Juan Pablo de los Ríos, el encuentro se vivió como un verdadero kairós: un espacio de escucha del Espíritu, de discernimiento comunitario y de revisión sincera del modo como estamos formando los nuevos misioneros. Los aportes compartidos, desde diversas miradas, convergieron en una certeza común: no hay formación auténtica sin una profunda experiencia de Dios, sin poner al centro la persona y sin una lectura honesta de los signos de los tiempos.

Un momento durante la reunión de formadores. Foto: Lorenzo Gómez

Volver a la fuente espiritual

La programación inició con el Retiro Espiritual, guiado por el padre Lorenzo Gómez, de la CAF de Bogotá, bajo el tema: “Volver a la fuente: dejarnos formar para formar, según la pedagogía de San José Allamano”. Desde el inicio se nos recordó una verdad sencilla y exigente: nadie puede formar de verdad si antes no se deja formar por Dios.

Inspirados por la figura de Jesús, Maestro y Señor, el retiro puso en el centro una pedagogía que no transmite solo ideas, sino vida, identidad y misión. Jesús forma desde la cercanía, el servicio y el testimonio; forma para la misión, no para la repetición. En esta clave, el formador aparece no como protagonista absoluto, sino como mediación humilde del Espíritu, compañero de camino y testigo creíble.

La espiritualidad y pedagogía de San José Allamano atravesaron todo el retiro como hilo conductor. Sus intuiciones siguen siendo sorprendentemente actuales: “Antes que misioneros, santos”, “formar el corazón es más importante que llenar la cabeza”, “la paciencia y la caridad lo forman todo”. En ellas resuena una convicción profunda: la formación es un arte paciente, personalizado y profundamente humano.

Volver a la fuente significó, para muchos formadores, confrontarse con preguntas esenciales: ¿Desde qué experiencia interior acompaño hoy? ¿Formo desde la confianza o desde el miedo? ¿Acompaño personas o solo gestiono procesos?

Acompañar vocaciones en una realidad cambiante y digital

El segundo aporte, presentado por el psicólogo Abraham González Alcalá, de la archidiócesis de Guadalajara abordó con lucidez el contexto actual de la vida religiosa y del acompañamiento vocacional, marcado por lo que algunos autores llaman una “realidad líquida”: fragilidad de certezas, cambios acelerados y transformaciones profundas en los modos de pensar, relacionarse y comprometerse.

La irrupción de las tecnologías digitales y de la inteligencia artificial plantea desafíos inéditos. No se trata solo de nuevas herramientas, sino de nuevos lenguajes, ritmos y mediaciones que influyen directamente en la construcción de la identidad, en la vida espiritual y en la capacidad de discernimiento.

La vida religiosa vive hoy tensiones evidentes: disminución numérica, fragilidades internas, dificultades para sostener procesos de oración profunda y entrega radical. Sin embargo, también emergen búsquedas auténticas y jóvenes atraídos por una vida religiosa significativa, comprometida con los pobres y con la misión.

Desde esta realidad, se subrayó con fuerza que no hay vida religiosa auténtica sin desarrollo humano, y que la formación no puede reducirse a actividades aisladas, sino que se “teje” en la vida cotidiana: comunidad, misión, entrevistas formativas, relación con la familia, uso de la tecnología. Todo forma.

El Santuario de Guadalupe en México

Un llamado especial fue el de asumir un uso crítico y ético de las tecnologías, evitando tanto el rechazo temeroso como la adopción ingenua. La pregunta no es solo qué tecnologías usamos, sino cómo y para qué las usamos, y si estas realmente ayudan a crecer en libertad interior, madurez y profundidad espiritual.

Formar desde el continente: una formación encarnada y misionera

El padre Mauricio Guevara, formador en el Seminario teológico de São Paulo (Brasil) invitó a mirar la formación a la luz del Continente América, con sus territorios, culturas, heridas y esperanzas. Formar en América exige una mirada encarnada, atenta a la realidad concreta donde nacen y crecen las vocaciones.

A través de cinco ejes formativos, el documento propuso verdaderos desplazamientos de mentalidad: del territorio al método, del poder a la dignidad, de la doctrina a la experiencia, del control a la confianza, del ideal al proceso.

La formación aparece, así como un camino, no como un filtro; como un proceso de humanización evangélica que busca formar personas libres, responsables y capaces de discernir su misión. La autoridad formativa, lejos del autoritarismo, se entiende como servicio que dignifica, genera confianza y promueve corresponsabilidad.

En esta perspectiva, la espiritualidad no se enseña solo con contenidos, sino que se acompaña como experiencia vivida, profundamente conectada con la vida cotidiana y la misión. La Lectio Divina, la vida comunitaria y la delegación responsable emergen como espacios privilegiados de crecimiento.

Una formación que nace de la vida y conduce a la misión

El Encuentro Continental de Formadores IMC nos dejó una convicción clara: formar hoy implica dejarnos convertir como formadores. Volver a la fuente espiritual, asumir con realismo los cambios culturales y tecnológicos, y formar desde la dignidad, la confianza y el proceso, son caminos inseparables.

Fieles al carisma de San José Allamano y en sintonía con la Iglesia sinodal, estamos llamados a una formación integral, comunitaria y misionera, capaz de generar no solo misioneros preparados, sino personas santas, humanas y apasionadas por el Reino.

Porque, como nos recordó el Allamano, “el ejemplo arrastra más que las palabras”, y solo una vida formada en la fuente podrá seguir formando para la misión.

Actualmente, el Instituto en el Continente americano cuenta con 42 estudiantes en teología (Brasil 19, Colombia 17 y Argentina 6). Los seminaristas en filosofía y propedéutico son 9. Este año, el noviciado de Manaos no tiene novicios.

* Padre Lorenzo Gómez, formador en la Comunidad Apostólica Formativa (CAF) de Bogotá.

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