La “pro-vocación” es determinante en la animación misionera de la comunidad cristiana, porque “tienta”, invita y seduce. La realidad misión es una pro-vocación contundente que apasiona y llama.

Por Cristhian Alarcón, IMC
La misión en si misma contiene “pro-vocaciones”, las produce y las siembra en el corazón de las personas. Pero hay que tener en cuenta que de los 7.000 millones de personas que poblamos el planeta, 4.000 millones no conocen a Jesús. Este dato revela que el mandato misionero del Evangelio, “ir por el mundo a anunciarlo”, apenas está en desarrollo y que es mucha la misión que le queda por hacer a la Iglesia, a ti y a mí a favor de la misión.
Presentamos diez “pro-vocaciones” de la misión, para que te animes a seguir este camino:
La realidad de la misión
Por ello entiéndase todo lo que hay en la misión: fronteras, ríos, densos territorios llenos de bosques y panoramas bellísimos, barrios periféricos y pueblos que muchas veces son aporreados por la agresión humana. En la realidad de la misión se encuentran: la interculturalidad, el diálogo interreligioso, la lucha por la justicia, la militancia a favor del Bien Común y la organización comunitaria. También en la realidad de la misión están los pobres y su mundo, sus ansías y sus espiritualidades.
Los misioneros y misioneras
Ellos son una muy grande y linda provocación: sus vidas, sus testimonios y sus obras; mujeres y hombres de varias edades que predican y cantan, que sirven y enseñan; dialogando, construyendo, acompañando y sobre todo compadeciendo la situación de las gentes y de los pueblos donde misionan; aprenden idiomas, conocen culturas, tienen corazón amplio y mirada universal; son alegres, saben orar, sus humanidades son sencillas y pobres, con paciencia y al ritmo del caminar de los pueblos van acompañando su fe y la van compartiendo.
Ellos motivan a muchos para optar por ese estilo de vida, sus voces, sus obras, sus actuaciones son grandes pro-vocaciones misioneras que calan en el corazón de los jóvenes.
La pastoral misionera
Es el quehacer de los misioneros: sus pedagogías y metodologías para sembrar el Reino de Dios en los pueblos y culturas, sus dinámicas evangelizadoras, sus relaciones interpersonales llenas de bondad y testimonio. La pastoral misionera provoca participación.
La espiritualidad misionera
Es la vida del Espíritu que porta en sí el misionero y que vive en la comunidad donde evangeliza. Esa espiritualidad lo hace ser una persona madura, sabia y buena. Esta espiritualidad es la que le permite tener palabra de valor y profética. Su vida en el Espíritu le permite tener alegría, energía, iniciativa y creatividad. He aquí una fuerte pro-vocación misionera: la vida en el Espíritu de los misioneros.
Salir, la salida misionera
Ponerse en salida misionera, como dice el papa Francisco, es sentir la alegría de evangelizar. La salida misionera es una pro-vocación de primera marca, porque desafía, exige el riesgo y la generosidad. Salir como pro-vocación misionera, me hace mirar la realidad, descubrir que hay otros que necesitan y que esos otros son mi alegría.
La alegría de la misión
Nada más aburrido que lo que no tiene sentido y vida. La alegría de la misión es de grande pro-vocación misionera en el corazón de los jóvenes y una motivación vocacional muy potente: diría que la más latente en mi vocación. La alegría de la misión es pro-vocación porque es engendrada por la vida comunitaria, que contrasta con el individualismo que cada día se implanta más en nuestra sociedad.
El establecimiento del reino de Dios donde hay dolor y necesidad
El reinado de Dios es la única posibilidad de salvación que tiene el planeta para ser casa común y la humanidad para ser familia. El misionero es un vocero del Reino de Dios y su propuesta de partir el pan, de vivir el perdón y la reconciliación, de reconocer a Dios como Padre-Madre y al otro como hermano. Es Jesús el verdadero propulsor de pro-vocación: él llama, convoca y envía.
Caminar y estar con Jesús en medio de las gentes
Estar en medio de las gentes, conocer a Jesús y caminar con él… ¡He ahí la grandeza de la misión¡ La misión es una verdadera posibilidad para encontrarlo y tener trato personal con Él. En este sentido los misioneros somos privilegiados y es precisamente por eso que la Misión en sí misma es una provocación: porque en ella se puede seguir concretamente a Jesús y sentir en el alma lo que significa e implica ser misionero.
El encuentro con los pueblos y sus culturas
Vivir la cultura del otro, entrar en diálogo intercultural, esforzarse por entender su idioma, su modo de ser, sus particularidades y partir el pan con ellos es ver como Jesús se incultura y de qué manera encarna su Buena Noticia en los pueblos. Sin duda, la inculturación es una pro-vocación vocacional misionera para quien tenga la oportunidad de asistir y descubrir esa dinámica porque nos pone en comunicación y convivencia con los pueblos.
Dar la vida para ganar la vida
Cuando se está con los misioneros ancianos, los que gastaron su vida en la misión, no se puede dejar de sentir admiración por aquello que encierran en el alma: la inabarcable alegría que produce el “hecho misionero”, el saber que te has gastado la vida buscando el bien de los otros y después de tantos años estás con la satisfacción de que hiciste lo que producía felicidad. La sangre de los mártires es pura pro-vocación misionera pues nos enseña que no hay una acción más bella que dar la vidacomo Jesús nos enseñó. La misión es gastar la vida para ganarla.
Cristhian Alarcón, IMC, estudiante de Teología en Roma.