Familia y comunidad misionera recordaron al P. José Martín Serna en su primer aniversario

Celebración Eucarística memoria del primer aniversario de la pascua del P. Martín Serna. Santuario de Fátima – Manizales, Colombia. Foto: Misioneros de la Consolata, Madre y familiares del Padre Martín.

El 28 de abril de 2026, en el Santuario de Fátima de Manizales, se celebró la Eucaristía por el primer aniversario del fallecimiento del P. José Martín Serna Jurado, Misionero de la Consolata, en una ceremonia que reunió a su familia, comunidad misionera y numerosos fieles para hacer memoria agradecida de su vida y legado.

Por Comunicaciones IMC * 

En el Santuario de Fátima, en Manizales, Colombia, se celebró la Eucaristía en memoria del primer aniversario de la pascua del P. José Martín Serna Jurado, Misionero de la Consolata colombiano, cuya vida sigue siendo recordada como testimonio de sencillez, entrega y profundo espíritu misionero en África, Europa y América.

La celebración fue presidida por el P. Venanzio Mwangi, superior de los Misioneros de la Consolata en Colombia, y concelebrada por diversos sacerdotes. La ceremonia reunió a numerosos fieles, amigos y miembros de la comunidad, junto con la presencia significativa de la familia Serna Jurado, encabezada por su madre, Nelly, y sus hermanos.

Un testimonio de vida que permanece

Durante la Eucaristía se hizo memoria agradecida de la vida del misionero. El P. Julio Caldeira, misionero de la Consolata quien lo acompañó de cerca, lo recordó como “un hombre de pocas palabras, pero de muchos gestos y acciones, un verdadero maestro del silencio fecundo”. Asimismo, destacó su cercanía: “era un hombre de familia, de comunidad, de misión, de Dios y de la gente… siempre presente, con gestos de esperanza y fraternidad”. También subrayó la profundidad de su testimonio: “tenía una fuerza interior inigualable, vivida en la sencillez y en una pobreza evangélica ejemplar”.

Túmulo donde reposan los restos del P. Paulino y P. Martín Serna, IMC en Manaus, Brasil.

Al referirse a sus últimos años, señaló: “el padre Martín vivió todo con total entrega a Dios, confiando plenamente en su misericordia”, recordando además sus propias palabras: “si tuviera otras vidas, en todas sería misionero de Jesús y de la Consolata”. El P. José Martín Serna Jurado falleció el 28 de abril de 2025 en Manaus, Brasil, mientras ejercía la función de Maestro de Novicios y vicario del Área Misionera Família de Nazaré, donde vivía el padre Julio, quien lo sucedió en este servicio misionero.

La voz de la familia

Por su parte, Yessica Serna, sobrina del P. José Martín, compartió un emotivo testimonio en nombre de la familia: “hoy nos reunimos con el corazón lleno de recuerdos, para honrar la vida del Padre Martín que dejó una huella profunda en todos nosotros. A un año de su partida, su ausencia duele, pero su legado sigue más vivo que nunca”. En sus palabras, destacó la dimensión humana y espiritual del misionero: “no solo fue un hombre de fe, fue un verdadero misionero de vida. Entregó su tiempo, su amor y su vocación al servicio de Dios y de los demás, llevando esperanza donde hacía falta y sembrando amor en cada corazón que tocó”.

Asimismo, afirmó: “su vida nos enseñó que servir es amar, y que amar es dar sin esperar nada a cambio”. Y añadió con gratitud: “sabemos que su misión no terminó aquí, que ahora descansa en la paz de Dios, al que tanto amó y sirvió”.

La sobrina del misionero también expresó el agradecimiento de la familia a la comunidad de la Consolata: “gracias por acogerlo, por caminar a su lado en su misión y por ser familia en su entrega a Dios. Su apoyo, sus oraciones y su cercanía han sido un consuelo inmenso para nosotros”.

Un legado que sigue vivo

La celebración en Manizales fue así un espacio de memoria agradecida y comunión, donde su vida fue recordada como una semilla fecunda en la misión. Su legado continúa inspirando a la Iglesia y a todos aquellos que fueron tocados por su testimonio.

El legado del P. José Martín Serna Jurado permanece como una huella silenciosa y profundamente fecunda: la de un misionero que hizo de la sencillez su grandeza, del servicio su lenguaje y del amor su forma de vivir. Con un corazón limpio y disponible, supo estar cercano a todos, sembrando esperanza sin hacer ruido, acompañando con gestos más que con palabras, y entregándose sin reservas a Dios y a la gente. Su vida, tejida entre la misión, la fraternidad y la fe, sigue inspirando a vivir con autenticidad, a amar sin medida y a confiar plenamente en Dios, incluso en medio de la fragilidad. Es memoria viva que impulsa, ejemplo que permanece y luz discreta que continúa guiando el camino de muchos.

* Por Comunicaciones IMC – Región Colombia

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