Terremotos en Venezuela: una experiencia asustadora

Esos temblores son considerados los peores que han azotado el país en los últimos 100 años. Foto: ADNSUR

Al anochecer del 24 de junio de 2026, día de la Solemnidad del Nacimiento de San Juan Bautista, en Venezuela vivimos una experiencia aterradora. Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en la escala de Richter sacudieron el país, provocando al menos 20 réplicas en las horas siguientes.

Por Horácio Teodósio Jackson *

Edificios y viviendas se derrumbaron en la capital, Caracas y en otras ciudades y han dejado, hasta el momento, 164 muertos, más de 1.500 heridos y miles de personas desaparecidas. Sin embargo, el Servicio Geológico de Estados Unidos estima que el número de muertos podría oscilar entre 10.000 y 100.000.

Los dos temblores se produjeron poco después de las 6 de la tarde, hora local, a menos de un minuto de diferencia el uno del otro. El epicentro del sismo principal se localizó cerca de la ciudad de El Guayabo, a unos 160 kilómetros de Caracas. Esos temblores son considerados los peores que han azotado el país en los últimos 100 años.

Más de 500 equipos de emergencia trabajan para rescatar a los sobrevivientes de entre los escombros. Las imágenes difundidas en las redes sociales han mostrado a venezolanos que celebraban a cada superviviente encontrado con vida.

Minutos antes del suceso algunas personas recibieron en su teléfono por el Google la alerta de terremoto, pero nadie hizo caso pues no era cosa común recibir este tipo de mensaje. De repente sentimos la casa que se tambaleaba gradualmente hasta que las sacudidas fueron tan fuertes que las puertas y neveras se abrieron con violencia y la casa se movía como un árbol en medio de fuertes vientos. Hubo, como es fácil adivinar, mucho pánico: el desespero nos atrapó; se oían gritos de miedo por todos los alrededores; todos clamaban auxilio a Dios.

Edificios dañados en la capital, Caracas. Foto: Beni Kapala

Pasados unos minutos nuestro Superior Delegado IMC, padre Beni Kapala, pidió informaciones de todas nuestras comunidades en el país. “En Caracas hemos vivido una experiencia terrible. Todo se movía a nuestro alrededor: la casa, el suelo. Nosotros estamos bien, gracias a Dios, sin mayores problemas, pero veíamos cómo se derrumbaban los edificios y casas”, reportó el padre Beni. “Muchas familias durmieron afuera por temor a que las paredes de sus casas se derrumbaran. En este momento, se están realizando esfuerzos para rescatar a las personas atrapadas bajo los escombros. Aún no sabemos cuántas personas murieron. Ahora es el momento de solidaridad y oración”, dijo.

Padre Richard, desde Barquisimento, reportó que estaban todos bien aunque el terremoto los sacudió muy fuertemente. Padre Charles Mad’aluma, desde Tucupita en el Delta del río Amacuro, nos informó que fueron sorprendidos mientras estaban celebrando la misa pero nada de grave sucedió. Padre Horácio Jackson desde Barlovento, reportó que pasaron un susto severo, pero que nada grave le ocurrió a los misioneros. Padre Clemente Madeira, desde Carapita en la periferia de Caracas, dijo que advirtierojn muy fuertemente el temblor pero la comunidad seguía “viva”. En Nabasanuka en el río Orinoco el padre Andrés García dijo que el susto fue grande pero nada grave aconteció.

Personalmente en Caucagua, en la región de Barlovento, después de las celebraciones de la Solemnidad del nacimiento de San Juan Bautista fui a la casa parroquial y empecé a sembrar en un espacio de tierra que tenemos. Estaba un poco cansado y por ello decidí irme dormir un rato para recuperar fuerzas. Estaba casi dormido cuando sentí como alguien que empujaba la cama y me pregunté «si en la casa estoy solo, ¿quien podría hacer eso?»

Me terminé de despertar cuando las sacudidas se intensificaron: las cosas se movían como olas del mar, las paredes parecían de gomas. Me di cuenta de que estaba ocurriendo un terremoto.

Busqué vestirme lo más rápido que pudiera y ni había terminado de hacerlo cuando salí por las escalera dando bandazos como si estuviera borracho ya que paredes y se sacudían de un lado para otro. Al final logré salir y seguro.

La experiencia de este día nos enseñó a estar siempre listos y prevenidos.

Hoy es un día para pedir oración para todo el pueblo venezolano: ante esta tragedia que ha producido pérdidas de vidas humanas y destrucción no podemos perder la esperanza; como misioneros tenemos que seguir siendo embajadores de la consolación.

* Padre Horácio Teodósio Jackson, IMC, misionero en Venezuela.

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