La misión ad gentes en clave de consolación-liberación

Concluye en Bucaramanga el Congreso Juvenil Consolación y Misión, una experiencia que impulsa a los jóvenes a llevar la consolación recibida a sus entornos cotidianos, convirtiéndose en testigos de esperanza. Inspirados en el Evangelio y el carisma de los Misioneros de la Consolata, los participantes asumen el compromiso de acompañar, dignificar y transformar realidades. El Congreso termina, pero la misión continúa: salir al encuentro, consolar y anunciar con alegría a Jesucristo, allí donde la vida clama por esperanza. ¡Vamos, consolados a consolar!

Por Salvador Medina *

Este tercer día, último del Congreso, no fue de triste despedía sino de serio y desafiante envío al mundo personal, al territorio familiar, a los diferentes contextos sociales, académicos o laborales y eclesiales, a compartir la consolación – liberación experimentada y asimilada a lo largo del Congreso. 

Nos hemos preguntado y tratado de responder: ¿con qué me quedo? ¿Para qué me sirve? ¿Cómo, dónde y cuándo lo voy a utilizar? ¿A quiénes y a qué me siento enviado? Entendiendo que la que la misión, leída desde la práctica de Jesús y el carisma misionero de la Consolata, no consiste solamente en anunciar una doctrina o realizar actividades religiosas, sino en salir e ir al encuentro de personas, pueblos y ambientes necesitados de compañía y solidaridad (consolación – liberación) a favor de la vida plena y feliz. 

En toda la jornada nos han iluminado Palabra de Dios, los rostros de los afligidos, el gemido de la tierra y algunos aportes de las ciencias sociales y la tecnología. Escuchamos, contemplamos, el Dios del Éxodo y a Jesús de Nazareth, con ese mirar compasivo de ambos y su consecuente actuar justo y misericordioso que lleva a la Consolación libertadora (Ex 3,7-14 y Lc 4, 16-21).

Hemos concluido que la Consolación bíblica no es simplemente tranquilizar a quien sufre. Que es la respuesta de un Dios que entra en la historia del sufrimiento y envía misioneros que susciten procesos de liberación. Por eso, consolar no se reduce a aliviar el dolor, es también ayudar a recuperar la dignidad, la esperanza, la libertad y la capacidad de caminar; que tampoco liberar consiste solo en sacar de una situación de opresión, sino que es acompañar a las personas, los pueblos y los ambientes hacia una vida reconciliada, digna, comunitaria y esperanzada.

Finalizando nos preguntamos: ¿Quiénes son hoy las personas, los pueblos y los ambientes que necesitan consolación y liberación? ¿Qué heridas humanas, sociales y/o ambientales encontramos allí? ¿Qué tipo de consolación necesitan esas realidades? ¿Qué procesos de liberación podemos suscitar, junto con ellos, desde el Evangelio?

Esto evita reducir la misión a “ir a predicar” y permite comprenderla como presencia evangelizadora, acompañamiento, promoción humana, reconciliación, defensa de la dignidad, cuidado de la “casa común” y anuncio explícito de Jesucristo. 

Concluimos el Congreso, celebrando todo lo vivido, en el altar de la Eucaristía y desde allí siendo todos enviado por el P. Eugenio Uiliamo, en nombre de la Iglesia: “Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15); “Hagan discípulos de todos los pueblos …” (Mt 28,19); “Ustedes son testigos” (Lc 24,48), “Sean mis testigos” (Hch 1,8); “Como el Padre me envió, también yo los envío … vayan y perdonen …” (Jn 20,21).

Podemos deducir que la MISIÓN surge de un llamado y su respectivo envío, y se realiza como presencia que anuncia, acompaña, consuela, libera, transforma y resucita. Cinco movimientos la concretarán al regreso a nuestros ambientes:

  1. Salir: la consolación rompe el encerramiento.
  2. Encontrar: no se lleva primero una respuesta; se encuentra una persona, una cultura, un pueblo, una historia, un territorio.
  3. Escuchar: la consolación comienza muchas veces por la escucha.
  4. Acompañar: no se trata de solucionar rápidamente el sufrimiento ajeno, sino de caminar con quien sufre.
  5. Liberar: la consolación verdadera conduce hacia la dignidad, la libertad, la reconciliación y la esperanza.

Conclusión: La consolación es el rostro cercano de la liberación y la liberación es la dimensión transformadora de la consolación”. El Congreso no termina con la última actividad sino con una misión, un envío: del Congreso a la misión, de la consolación recibida a la consolación ofrecida, de la reflexión a la vida. 

¡Buen camino misionero! Vamos, consolados a consolar.

Por P. Salvador Medina, IMC – Director del Centro de Misión y Culturas en Bogotá y la Oficina de Comunicaciones.

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