Montelindo y Pirané: un reencuentro con la historia, la fe y la misión

Capilla Consolata, Barrio Consolata, Pirané. Junto a P. Matías y fieles de la capilla

Desde Las Heras, Mendoza, hasta Loma de Montelindo y Pirané, en Formosa, casi 1.700 kilómetros de ruta dieron inicio a una experiencia de reencuentro con las comunidades y la historia de los Misioneros de la Consolata en Argentina. El P. Donald Mwenesa emprendió este viaje llevando las reliquias de San José Allamano, con el deseo de renovar la fe, fortalecer los vínculos con las familias y mantener viva la memoria de tantos misioneros que sembraron el Evangelio en estas tierras.

Por Donald Mwenesa *

El recorrido atravesó Córdoba, Santiago del Estero y Chaco, con una parada en Machagai antes de continuar hacia Formosa. Pero no se trataba solamente de llegar a un destino: era volver a las raíces, encontrarse con rostros conocidos y descubrir que, aunque hayan pasado los años, la misión sigue viva en el corazón de las comunidades.

Las reliquias de Allamano: un signo de fe y esperanza

La primera jornada misionera comenzó en Loma de Montelindo con la visita a la comunidad de Loma El Quebranto, donde se celebró la Santa Misa y se compartió un momento de cercanía con las familias. Más tarde, en Las Lomitas, los fieles de la capilla de la Consolata recibieron con alegría las reliquias de San José Allamano. Fue un encuentro de oración y fraternidad que permitió renovar la espiritualidad misionera y fortalecer los lazos con la familia de la Consolata.

Al día siguiente, la misión llegó a la Escuela Loma Alberdi, su jardín de infantes y la Escuela N.º 87 de Montelindo. Niños y educadores participaron de momentos de encuentro y oración. También hubo visitas a los enfermos, llevando una palabra de esperanza y la cercanía de una Iglesia que quiere acompañar a quienes más necesitan consuelo.

Por la tarde, en la Escuela Secundaria Hermindo Luna, el diálogo con los jóvenes permitió escuchar sus inquietudes, compartir sus esperanzas y reflexionar sobre los desafíos del mundo actual. La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía en la capilla San Cayetano de Montelindo.

Cada visita recordó que la misión no consiste únicamente en anunciar un mensaje, sino también en escuchar, acompañar y compartir la vida. Como enseñaba San José Allamano, la santidad es fundamental para la vida misionera; una santidad que se expresa en la cercanía, la sencillez y la entrega cotidiana.

Capila Consolata, Monte Lindo

Pirané: una historia misionera que permanece viva

Desde Montelindo, el camino continuó hacia Pirané, donde la misión recuperó una dimensión especial: el reencuentro con la historia de los Misioneros de la Consolata en Formosa.

La visita comenzó en las comunidades de Santa Lucía y de la Virgen del Pilar, donde se compartieron encuentros con los enfermos y los niños de catequesis. La jornada concluyó con la celebración de la Santa Misa en la parroquia Santa Rosa de Lima.

La presencia de los Misioneros de la Consolata en Formosa se remonta a 1947. Durante décadas, sus religiosos acompañaron a numerosas comunidades, colaboraron en la organización de parroquias, promovieron la formación cristiana y recorrieron extensos territorios para anunciar el Evangelio. Su servicio dejó una huella profunda en la vida de la Iglesia local.

Aunque la presencia de la congregación en la parroquia de Pirané concluyó en 2011, después de más de seis décadas de servicio, su legado permanece en la fe de las familias y en la memoria de las comunidades. La crónica recuerda la existencia de 47 capillas vinculadas a aquella presencia misionera y evoca a numerosos religiosos que entregaron su vida al servicio pastoral.

Volver a Pirané fue, por tanto, mucho más que realizar una visita. Significó reconocer una historia compartida, agradecer a quienes abrieron el camino y renovar el compromiso de seguir acompañando al Pueblo de Dios.

Una Iglesia cercana a quienes sufren

Uno de los momentos más significativos de la misión tuvo lugar en el Hospital Distrital de Pirané. Allí se celebró la Santa Misa junto a familiares de los pacientes y personal sanitario, rezando por los enfermos y por quienes trabajan diariamente al servicio de la salud.

Después de la celebración, el P. Donald recorrió las salas del hospital, visitó a los pacientes y administró el sacramento de la Unción de los Enfermos a quienes lo necesitaban y lo solicitaban.

Escuela Primaria de Monte Lindo

La misión continuó bajo la lluvia, entre calles embarradas y dificultades para llegar a algunos hogares. En la capilla y en el barrio San José Obrero, el encuentro con los enfermos y sus familias volvió a poner de manifiesto el sentido profundo de la evangelización: hacerse presente allí donde hay dolor, soledad o necesidad.

La visita de las reliquias también llegó a Gran Guardia, donde se celebró la Eucaristía junto a la comunidad. Fue una oportunidad para compartir la fe, agradecer el camino recorrido y renovar el compromiso de anunciar el Evangelio con sencillez y espíritu de familia.

Una misión que continúa

La experiencia concluyó el 20 de septiembre con la celebración de la Eucaristía en la capilla de la Consolata, en Pirané. La comunidad agradeció la visita de las reliquias de San José Allamano y los días compartidos, que renovaron los vínculos de fe y fraternidad. También quedó animada para continuar preparando los 80 años de presencia de la parroquia Santa Rosa de Lima.

Desde allí comenzó el regreso a Mendoza, atravesando nuevamente las rutas de Formosa, Chaco, Santa Fe, Córdoba y San Luis. Quedaban atrás muchos kilómetros, pero permanecían los rostros, las historias y la alegría de las comunidades que habían recibido al misionero.

La experiencia de Montelindo y Pirané nos recuerda que la misión no se mide solamente por las distancias recorridas ni por las actividades realizadas. Su verdadera riqueza está en los encuentros que transforman, en la fe que se fortalece y en la esperanza que vuelve a florecer.

Volver a las raíces no significa quedarse mirando el pasado, sino agradecer la historia recibida y encontrar nuevas fuerzas para seguir caminando. Con San José Allamano y bajo la protección de Nuestra Señora de la Consolata, la misión continúa: en cada comunidad, en cada familia y en cada gesto de consuelo que hace presente el amor de Dios.

Misa en Centro de Salud, Pirané

* Por P. Donald Mwenesa, IMC – Misionero en Argentina.

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