Padre Nino Vigani: un misionero que dejó huellas de cercanía, servicio y formación

P. Nino Vigani IMC – foto: archivo Consolata Argentina

El misionero de la Consolata Antonino Vigani falleció el 15 de octubre de 2026 en Buenos Aires, Argentina, a los 87 años. Con 63 años de profesión religiosa y 57 de sacerdocio, dedicó toda su vida a la evangelización en Argentina, donde se distinguió por su sencillez, su compromiso con los más pobres y su capacidad para formar comunidades y despertar vocaciones.

Por P. Julio Caldeira IMC *

El padre Antonino Vigani, conocido cariñosamente como “padre Nino”, misionero de la Consolata, falleció el jueves 15 de octubre de 2026 en Buenos Aires, Argentina. Su partida, en pleno mes misionero, deja el recuerdo de un hombre que hizo de la austeridad, la formación, la cercanía con la gente y el compromiso con las periferias una manera concreta de vivir el Evangelio.

Nacido el 17 de noviembre de 1938 en Gorlago, provincia de Bérgamo, Italia, antes de ingresar a los Misioneros de la Consolata trabajaba en el mundo industrial. Realizó su primera profesión religiosa el 2 de octubre de 1963, en Certosa di Pesio, estudió teología en Madrid, España, y fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1968.

A inicios de 1970 llegó a Argentina, país en el que desarrolló toda su vida misionera. Su servicio pastoral lo llevó por las provincias de Córdoba, Mendoza, Formosa, Buenos Aires, Santiago del Estero, Santa Fe y Chaco. Trabajó en San Francisco, Mendoza, Palo Santo, Paso del Rey, Suncho Corral, Pampa de los Guanacos, Rosario, Machagai, Merlo, Pirané, Pozo del Tigre y Estanislao del Campo. También asumió responsabilidades como vice superior y consejero regional de los Misioneros de la Consolata.

Su historia se comprende mejor a través de quienes compartieron su camino y de las comunidades que recibieron los frutos de su entrega. Cinco testimonios permiten acercarse a las distintas dimensiones de su legado misionero.

Conferencia Regional en Lujan, Argetina, julio 2018_ Foto: Jaime C. Patias
Padre Daniel Bertea: «Un misionero de toda la vida»

El padre Daniel Bertea, superior regional de los Misioneros de la Consolata en Argentina, recuerda al padre Nino como un hombre que abrazó la vocación misionera con una entrega radical y permanente. En su mensaje de despedida, titulado «Diciendo adiós y hasta pronto a nuestro hermano Nino», destaca que, después de sus primeros estudios en Italia y de su formación en España, Nino llegó a Argentina en 1970 y permaneció allí durante décadas, excepto por vacaciones o tratamientos médicos.

«Abrazó el ser misionero con todas las letras desde el principio. Un misionero para toda la vida, saliendo fuera de su tierra para toda la vida, donando su tiempo para compartir el anuncio del Evangelio con los más pobres y humildes, enseñando sobre Jesús, pero ayudándolos a descubrir también cómo ellos ya tenían semillas del Verbo y muchos valores evangélicos en sus propias vidas; y, por otro lado, aprendiendo de la cultura de la gente».

Para Bertea, esta actitud expresa una manera de comprender la misión que no consiste solamente en anunciar el Evangelio, sino también en reconocer la presencia de Dios en las culturas y aprender de los pueblos a los que se sirve.

La Palabra de Dios ocupaba un lugar central en la vida del padre Nino. «Su centro era la Biblia, particularmente el Evangelio, y el resto, ciertamente, era secundario», señala. Desde esa centralidad, se convirtió en un reconocido catequista y formador de catequistas, capaz de transmitir el Evangelio con profundidad y sencillez, siempre a partir de la lectura de la realidad de las personas.

Bertea también recuerda su participación en la vida del Instituto, donde fue respetado por sus compañeros y asumió en distintas ocasiones responsabilidades como vice superior y consejero regional. Aunque tenía un estilo propio y muchas veces trabajaba solo, mantuvo su sentido de pertenencia y colaboró con numerosos misioneros y Misioneras de la Consolata.

Su sencillez se expresaba en los detalles cotidianos. En los últimos años, viviendo en la casa regional de Buenos Aires, continuó sirviendo a la comunidad con tareas sencillas: abrir y cerrar puertas, limpiar la mesa después de las comidas, disponer las botellas de agua, cuidar la limpieza y participar en el Rosario de la capilla.

Al despedirlo, padre Daniel invita a reconocer también la importancia de acompañar a los ancianos y enfermos, recordando la experiencia vivida durante la hospitalización de Nino.

«Visitemos a Cristo en el anciano y en el enfermo, aun cuando a veces la situación nos exige humildad y fortaleza, porque por ahí no se puede entablar un diálogo o no responden, y ciertamente lo importante es la presencia y la oración».

Su mensaje concluye con una expresión de esperanza: el padre Nino, llamado por Dios en pleno mes misionero, descansa ahora en el Señor y, desde el cielo, seguirá acompañando a sus hermanos para que vivan la misión con mayor entrega y sencillez.

P. Nino Vigani IMC – foto: archivo Consolata Argentina
Alicia Salinas: «Dejó huellas de evangelización, de humildad y amor por la gente»

La memoria del padre Nino permanece especialmente viva en Palo Santo, provincia de Formosa, donde fue párroco de la Inmaculada Concepción de María entre 1974 y 1980 y después en parroquias vecinas entre 2001 y 2014. Alicia Salinas, laica de la comunidad, catequista de Confirmación, ministra de la Sagrada Comunión y representante legal de la escuela católica local, lo conoció en 1975 y conserva recuerdos que expresan la cercanía del sacerdote con las familias y la vida cotidiana del pueblo.

«¿Cómo no recordar al padre Nino? Sacerdote con mucha sabiduría. Me celebró la misa de mi casamiento, pero una semana antes nos recibía en la parroquia para hablarnos de la vida matrimonial. Nos hizo pronunciar el compromiso nupcial a cada uno de nosotros, aun sabiendo que mi futuro esposo era tímido y de pocas palabras. Lo convenció y eso me puso muy emocionada el día de mi boda».

Alicia recuerda a un misionero cuyo testimonio era conocido por toda la comunidad.

«Era misionero de la Consolata con un testimonio de vida impecable, de esos que conocía toda la gente del pueblo de Palo Santo. Estuvo a cargo de la parroquia Inmaculada Concepción de María; recorría en bicicleta todo el pueblo, todos los días».

La bicicleta se convirtió en una imagen característica de su presencia pastoral: un sacerdote cercano, que recorría las calles y acompañaba a las personas sin grandes formalidades. Al recordar al padre Nino, expresa con gratitud: «Lo recordamos con mucho cariño y en este lugar, durante los años que estuvo, dejó huellas de evangelización, de humildad y amor por la gente. Querido padre Nino, QEPD».

Matrimónio de Alicia Salinas, años setenta – Foto: archivo personal (mejorada con IA)
Padre Ponciano Acosta: «Su testimonio despertó en mí la pregunta de ser misionero»

El padre Ponciano Acosta, sacerdote diocesano de la diócesis de Formosa, nacido en Palo Santo y ordenado sacerdote el 28 de diciembre de 1991. Después de 35 años al servicio de su Iglesia diocesana, desde comienzos de 2026 desarrolla su misión en Puerto Leguízamo, en la Amazonía colombiana. Su historia vocacional está estrechamente vinculada al testimonio del padre Nino, a quien conoció cuando tenía unos 15 años y comenzó a participar en la parroquia de la Inmaculada Concepción.

«Ese paso produjo en mí una atracción grande al escuchar sus homilías tan llenas de sabiduría y al ser siempre recibido tan fraternalmente».

Poco después se comprometió como catequista y llegó a acompañar dos grupos de niños que se preparaban para la Primera Comunión.

«Las reuniones y espacios de formación fueron excelentes, atractivos, prácticos y, sobre todo, profundos», recuerda.

Entre las experiencias que marcaron su vida está la ocasión en que el padre Nino le permitió llevar la Comunión a su abuela materna, que se encontraba postrada en cama.

«Eso no lo olvido nunca y, a lo largo de mi pastoral como cura, siempre lo cuento como ejemplo de cómo un joven o adolescente puede asumir seriamente un compromiso con Jesús Eucaristía».

El padre Ponciano también destaca la valentía de Nino durante los años de la dictadura militar en Argentina.

«Él tenía valentía en sus palabras y actitudes. No era nada fácil la situación general y la gente podía contar con él».

Su austeridad, su sencillez y su cercanía con los pobres cautivaron al pueblo. También mantuvo el contacto con quienes habían emigrado a otros lugares y fue un gran formador de jóvenes, ayudándolos a pensar con lucidez y a comprometerse con la realidad.

Entre sus recuerdos conserva una anécdota que revela la sensibilidad pastoral del misionero. Después de regresar de unas vacaciones, el padre Nino contó que una mujer se había alegrado al escuchar las campanas de la iglesia porque eso significaba que él había vuelto. Su respuesta fue sencilla: «Si tuviera que pasar la vida tocando campanas para alegrar a alguien, lo haría».

Cuando recibió su traslado, Nino quería marcharse casi en silencio, de madrugada. Sin embargo, un grupo numeroso de personas lo esperaba en la terminal de autobuses para despedirlo y agradecerle.

Para el padre Ponciano, el testimonio del padre Nino, junto con el de la hermana Norberta Simoncelli, Misionera de la Consolata, despertó una pregunta decisiva:

«Su testimonio de vida, su misión (y la de la Hna. Norberta Simoncelli MC) fue lo que generó en mí la pregunta fundamental: ¿no podría yo seguir su ejemplo como Misionero?».

Hoy, su propio camino sacerdotal y su servicio misionero en la Amazonía colombiana muestran cómo aquella semilla sigue dando frutos más allá de las fronteras argentinas. Al despedirlo, expresa su gratitud: «¡Gracias, querido Nino, por tanto! Tu memoria seguirá viva en mi corazón y en nuestra querida Formosa».

Conferencia Regional en Lujan, Argetina, julio 2018_ Foto: Jaime C. Patias
Hermana Gabriela Bono: «Un hombre inculturado, pobre y cercano al pueblo»

La hermana Gabriela Bono, Misionera de la Consolata, compartió con el padre Nino distintos momentos de su vida misionera. Su experiencia de servicio pastoral y social en el norte de Argentina y Bolivia, junto con sus responsabilidades como superiora general de la congregación y superiora regional en Argentina-Bolivia y posteriormente en América, le permitió conocer de cerca su compromiso evangelizador.

En su mensaje de condolencia por la Pascua del padre Nino, recuerda la alegría de haber podido trabajar con él y reconoce en su vida un modelo de misión.

«A lo largo de toda su historia en Argentina nos ha dejado un modelo de vida misionera».

La hermana Gabriela destaca especialmente su capacidad para inculturarse, su austeridad y su atención a la realidad de las personas.

«Un hombre muy inculturado, pobre, cercano al pueblo, muy atento a todas las situaciones. Un hombre erudito, de una cultura muy vasta, especialmente todo lo que era historia: era una enciclopedia y recordaba todo el camino nuestro, de nuestro pueblo argentino. La verdad que le debemos mucho, mucho, mucho».

En su recuerdo se unen dos características que marcaron la vida del padre Nino: una amplia cultura, alimentada por la lectura y el conocimiento de la historia, y una profunda capacidad de cercanía con la gente.

No se trataba de un saber alejado de la realidad, sino de una formación puesta al servicio de la evangelización y de la comprensión de los pueblos.

«Ha trabajado en la evangelización con una mente iluminada verdaderamente y con tanta capacidad de cercanía al pueblo», afirma.

Su testimonio concluye con una acción de gracias: «Gracias, Señor, por habérnoslo dado. Desde el cielo nos bendiga y nos contagie esa pasión misionera».

Padre José Auletta: «Opción y formación por y en las periferias»

El padre José Auletta, misionero de la Consolata que compartió casi cincuenta años de misión con el padre Nino en Argentina, propone una síntesis de su trayectoria: «Opción y formación por y en las periferias».

Auletta recuerda que gran parte de los años de Nino estuvieron dedicados a las comunidades de la diócesis de Formosa —Palo Santo, Pirané, Pozo del Tigre y Estanislao del Campo—, además de sus servicios en San Francisco, Mendoza, Santiago del Estero, Rosario, Machagai y Merlo.

«En cada lugar donde estuvo se caracterizó por la opción por las periferias, haciendo que su estilo de vida austera sintonizara con la realidad de múltiples carencias que las identificaba».

Sin embargo, esa opción por los pobres no se reducía a responder a las necesidades inmediatas. Nino se dedicó a promover las capacidades de las personas y a formar agentes pastorales.

«Precisamente allí, sin caer en el pobrismo populista-asistencialista de conmiseración, se dedicó a la promoción y formación de agentes de pastoral (catequistas, referentes de áreas sociopastorales, jóvenes), valorando sus capacidades e impulsando, sin fanatismo, el estilo de las Comunidades Eclesiales de Base».

La formación que ofrecía nacía de sus continuas lecturas y de su atención a la realidad sociopolítica y religiosa de Argentina. Auletta destaca que en su pensamiento estaban presentes tanto los cambios de los gobiernos civiles y militares como las distintas respuestas de la Iglesia, incluidas las figuras proféticas de monseñor Enrique Angelelli y los mártires riojanos.

Su lucidez, su estilo directo y su capacidad de cuestionar contribuyeron también a las reflexiones sobre el proyecto de vida y misión del Instituto, así como a iniciativas eclesiales relacionadas con la pastoral juvenil.

Para Auletta, no es necesario multiplicar los elogios, pues el propio padre Nino no disfrutaba de ser alabado. Lo importante es reconocer la fecundidad de una vida concreta, sencilla y entregada.

Al concluir su testimonio, lo sitúa entre quienes continúan inspirando el camino de la Iglesia misionera:

«El P. Nino ya es parte de esa “nube de testigos” proféticos “que nos abren el camino-misión que tenemos por delante”» (cf. Hebreos 12,1).

Conferencia Regional en Lujan, Argetina, julio 2018_ Foto: Jaime C. Patias
Una memoria que continúa dando frutos

Los cinco testimonios muestran distintas dimensiones de una misma vocación: reconocen al misionero que entregó su vida a Argentina y puso el Evangelio en el centro, al pastor cercano que acompañó a las familias y dejó huellas en Palo Santo, al formador que despertó vocaciones, a la persona que demostró una profunda inculturación y cercanía con el pueblo, y a quien destacó por su opción por las periferias y su compromiso con la formación de agentes pastorales; en todos aparece el mismo rasgo de una misión vivida sin grandes formalidades, con austeridad, profundidad y una presencia constante junto a la gente.

La vida del padre Antonino Vigani recuerda que evangelizar significa anunciar a Jesús, reconocer las semillas del Verbo presentes en cada cultura, formar personas capaces de asumir su responsabilidad en la Iglesia y acompañar a quienes viven en las periferias. Su misión terrena ha concluido, pero sus huellas permanecen en las comunidades que acompañó, en los jóvenes que formó, en las obras educativas que continúan creciendo y en las vocaciones que nacieron de su testimonio.

Como escribió el padre Daniel Bertea al despedirlo, el padre Nino ha recibido su descanso y, desde el cielo, seguirá acompañando a sus hermanos para que vivan la misión «con mayor entrega y sencillez, dejándolo todo por Jesús».

Gracias, padre Nino, por tu vida entregada al Evangelio, por tu cercanía con los pueblos y por enseñarnos que la misión se hace fecunda cuando se vive con sencillez, se comparte con los pobres y se construye junto a la gente.

Conferencia Regional en Lujan, Argetina, julio 2018_ Foto: Jaime C. Patias
Breve Biografía

Padre Antonino Vigani nació el 17 de noviembre de 1938 en Gorlago, provincia de Bérgamo, Italia, hijo de Elia Vigani y Bresciani Camilla. Inmerso en el mundo del trabajo industrial, en los años sesenta decide entrar con los Misioneros de la Consolata. Ingresó en el noviciado en septiembre de 1962 y realizó su profesión religiosa el 2 de octubre de 1963 en la Certosa di Pesio. Cursó sus estudios de teología en Madrid, España, entre 1966 y 1969, ciudad donde fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1968.

Entregó su vida entera a la labor misionera en América Latina, desarrollando una extensa trayectoria pastoral en Argentina:

1970 – 1972: Vicario parroquial en San Francisco, Córdoba.
1972 – 1974: Servicio pastoral en Mendoza.
1974 – 1980: Párroco en Palo Santo, Formosa.
1980 – 1984: Vicario parroquial y Vice Superior Regional en Paso del Rey, Buenos Aires.
1985 – 1986: Labor pastoral en Suncho Corral (Añatuya), Santiago del Estero.
1986 – 1987: Párroco en Pampa de los Guanacos, Santiago del Estero.
1988 – 1991: Párroco en Rosario, Santa Fe.
1991 – 1994: Párroco en Machagai, Chaco.
1995 – 1999: Vicario parroquial en Merlo, Buenos Aires.
1999 – 2002: Elegido Consejero Regional en Merlo, Buenos Aires.
2001 – 2004: Párroco en Pirané, Formosa.
2005 – 2014: Labor pastoral en Pozo del Tigre y Estanislao del Campo, Formosa.
2015 – 2019: Labor pastoral en Merlo, Buenos Aires.
2019 – 2026: Residencia en la Sede Regional en Buenos Aires.

Conferencia Regional en Lujan, Argetina, julio 2018_ Foto: Jaime C. Patias

* Padre Júlio Caldeira es magister en comunicación y misionero de la Consolata en la Amazonía colombiana

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