Consolata: Madre de los mil dolores y las mil esperanzas

Mensaje del Superior General, P. Stefano Camerlengo para la Fiesta de la Consolata celebrada este sábado, día 20 de Junio de 2020

“En este tiempo de pandemia, María socorre a toda la humanidad. María no es solamente la que recibe nuestras súplicas para presentárselas a su Hijo, sino que es especialmente y por encima de todo, la Madre que nos enseña la verdadera misión”, dice un extracto del Mensaje. Confira:

“Sí, nuestra dulcísima Madre, que nos ama como a la pupila de sus ojos, que ideó nuestro Instituto, lo sostuvo en todos estos años material y espiritualmente, y siempre está lista para acudir a todas nuestras necesidades. La verdadera Fundadora es la Virgen María” (Beato José Allamano).

Muy queridos Misioneros, Misioneras, Familiares, Bienhechores, Amigos, Comunidades todas:

La fiesta de la Consolata es siempre una cita importante para nuestra vida de hijos e hijas que desean encontrar, con el corazón colmado de alegría, a la Madre. Y queremos particularmente este año darle un tono de consolación y esperanza en este tiempo durísimo caracterizado por la muerte de muchas personas desaparecidas a nuestros ojos por la epidemia, cuando todos nos sentimos más frágiles e inciertos ante el futuro debido a la emergencia causada por el coronavirus.

El nombre de María es un nombre dulcísimo cargado de apretadas emociones que afloran a nuestros labios en los momentos más intensos, en las necesidades y situaciones más desesperadas. Es el nombre de una madre solícita, de amiga sincera, de hermana mayor siempre a nuestro lado en las diversas situaciones de nuestra vida.

¿Quién es la Virgen María para nosotros, quién es la Consolata?

Deseo decirlo con palabras de Charles Peguy, poeta francés creyente de principios del pasado siglo.

«Hay días en los que parece que no hay santo alguno al que acudir. Cuando mayor es el peligro, lo santos normales no bastan y es necesario subir más arriba, directamente hasta nuestro Dios y la Santísima Virgen. Ella pasó por tantas vicisitudes desde que fue Mamá, que desde entonces no es solo la Madre de los siete dolores, porque nosotros la hemos hecho no solo la Madre de los cien dolores, sino la Madre de las mil esperanzas».

Esa es la Virgen María para cada uno de nosotros: la Madre de las mil esperanzas. Pero justamente alguien podría objetar: ¿Dónde está la esperanza en un mundo como el nuestro, que sufre más de estremecimientos de muerte que de dinamismos de vida? ¿Dónde está la esperanza en este tiempo caracterizado por una crisis que tarda en superarse y se siente amenazada con tantos problemas y dificultades?

La Virgen María sabe ver que Dios actúa, que el ritmo del tiempo está en sus manos, que están confiados a los humildes el presente y el futuro del Reino del amor.

También nuestro Fundador, el Beato José Allamano, nos invita a confiar en la Consolata: “Somos un milagro viviente de las gracias de la Virgen. Debemos sentirnos santamente soberbios de pertenecer a la Virgen bajo este título envidiado por muchos. El amor filial es por naturaleza tierno, hay que recurrir a Ella igual que a una madre. ¡Quien no tiene un poco de sentimiento y de amor particular a la Consolala, no tiene corazón, y nosotros debemos tener ese corazón!” (Así los quiero, n. 158).

Vivimos un momento en el que todos nos vemos hijos necesitados del afecto y el consejo que solo una madre puede dar. El mundo tiene por delante una perspectiva dolorosa, pero también llena de esperanza que este tiempo comporta, la esperanza de poder cambiar de paradigma, de cambiar la actitud y la configuración de nuestra vida individual y colectiva.

En las dificultades aparentemente insuperables, la devoción mariana ha tenido siempre una función importante. La Virgen María, la Consolata, ha tocado los corazones de millones de fieles, ha conseguido milagros, conversiones y gracias de su Hijo. Nuestro pensamiento se dirige al querido Santuario de la Consolata, casa de refugio y de consolación. Pensemos en todos los demás Santuarios que conocemos, que forman parte de nuestro mundo misionero y que desde siempre son lugares a donde cotidianamente se dirigen tantas personas a los pies de la Virgen María para compartir sus penas, sus alegrías y sus esperanzas.

La Virgen María trae al mundo al Salvador y es la única que se mantiene fiel a Él hasta el pie de la cruz. En el Evangelio son muy pocas las palabras atribuidas a María porque Ella, como sucede en el auténtico apostolado, deja que hablen los hechos, los signos, la profecía y los gestos.

El Evangelio nos dice que María conservaba en su corazón todo lo que veía realizarse ante sus ojos. El silencio de María es la demostración suprema de la predicación de las obras más que de las palabras. La Virgen María no es un amuleto, consagrarse a Ella significa vivir, en la lógica del Evangelio, al servicio de la humanidad como Jesús.

María socorre hoy, tiempo de pandemia, a toda la humanidad. María no es solamente la que acoge nuestras súplicas para presentárselas a su Hijo, sino que es especialmente y por encima de todo la Madre que nos enseña la “verdadera” misión. Es modelo de fe y caridad para todos porque experimentó las tribulaciones que solamente una madre puede aceptar, incluida la crucifixión de un Hijo inocente.

Maria Consolata contempla hoy desde dentro nuestras situaciones y nos repite: «Haced todo lo que Él os diga». Solo Jesús puede renovar el milagro del amor, además del de la crisis.

Con ocasión de la fiesta de nuestra Madre, la Consolata, mirémosla a Ella para aprender a vivir, a creer y a esperar. Invoquemos el auxilio de María Consolata para todos dirigiéndonos a Ella con la más sencilla y bella de las expresiones de fe: Ave María. Recojamos las invocaciones y los gritos de tantas personas que confían en nuestras oraciones y en nuestra solidaridad. Unámonos a todos los que alaban el nombre de María, la Madre que nos sostiene y nos anima con su ternura.

Que su sonrisa bendita nos lleve a Dios, de quien proviene el don de la misericordia que consuela, que encienda la esperanza que nos impulse con valentía hasta nuestros hermanos para permanecer pacientemente al lado de quien más nos necesita, y que infunda la paz en nuestro corazón inquieto y en el mundo entero.

A todos y cada uno, feliz fiesta de la Madre Consolata. ¡Ánimo y adelante in Domino!

Roma, 7 de junio de 2020, Solemnidad de la Santísima Trinidad!

P. Stefano Camerlengo, IMC, Superior General

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