El Misionero como sujeto ético: la Compasión-Misericordia como Santidad

El Papa Francisco en la Bula “El rostro de la Misericordia” (2015) afirmó que la compasión (o su equivalente que es la misericordia) es la fuerza más poderosa del universo y citó allí, la conocida frase de Santo Tomás: “la omnipotencia de Dios es su misericordia”.  

Por Leonel Narváez *

El filósofo Joan-Carles Mèlich afirma que “la ética es la respuesta compasiva que le damos al dolor del otro” (Ética de la compasión, 2010, pp 237).  Darle respuesta al dolor del otro es igualmente una hermosa definición de la consolación. Es esa la tarea básica de un misionero, como sujeto ético por excelencia: llamado a responderle a las situaciones más extremas de la misión. No basta con repetir eucaristías, los sermones de siempre, rosarios, novenas, procesiones, catecismos y ritos, a espaldas de las situaciones complejas que se viven en nuestras parroquias. De lo contrario nos podrían llamar “misioneros de misa y olla”.

El bien, el deber y la dignidad

Colombia tiene cerca de 10 millones de víctimas oficialmente registradas y clasificadas en 15 categorías de hechos victimizantes, que incluyen el desplazamiento forzado, el homicidio, el secuestro, la tortura, la violación, y otros delitos como el abuso sexual, el aborto forzado, los atentados terroristas y las minas antipersonas, entre otros. 

¿Qué actitud ética debe significar todo este “dolor del otro” para los Misioneros que llevan el nombre de la consolación? Trágicamente, poco o nada sabemos de esta realidad cotidiana de Colombia.  Por eso, Melich insiste en que la ética responde a tres categorías claves: el bien, el deber y la dignidad.

–   No hay ética porque sepamos que es “el bien”, sino porque hemos vivido y hemos sido testigos del mal. ¿Podríamos afirmar nosotros los Misioneros de la Consolata que hemos conocido la violencia más cruel, la miseria extrema, el abandono total, el dolor sin medida, que tanto dolor nos ha ayudado a fortalecer nuestra ética? La ética estructuralmente exige una dimensión de consolación, lo afirmaba hace siglos el querido Aristóteles en su “Ética a Nicómaco” (libro XI). El problema es que todavía no conocemos los componentes básicos de la consolación.

–  No hay ética porque seamos “dignos”, sino porque somos sensibles a lo indigno, porque nos dejamos interpelar por los excluidos de la dignidad humana, los considerados infrahumanos, los que son “ninguneados” o ignorados.  Con frecuencia, nosotros Misioneros, alcanzamos a hacer diagnósticos sobre las realidades, en el mejor de los casos, hacemos una mínima programación pastoral. Sin embargo, esos excluidos, sin dignidad, infrahumanos, quedan fuera de nuestras prioridades.

“Sentir con el otro” de manera profunda

Con frecuencia, quienes trabajamos por los demás, nos contentamos con ser moralmente correctos cumpliendo con los deberes religiosos y morales (moral autónoma y moral de mínimos), silenciosamente nos consideramos seres ejemplares porque estamos en territorios de misión alejados y difíciles. Sin embargo, allí, tristemente, podemos éticamente estar alejados del dolor del otro, del excluido, del más pobre, de las situaciones de pecado que viven nuestros pueblos (moral heterónoma). 

Esa consolación activa es la misma misericordia o compasión que Jesús convirtió en el corazón de su sueño: posicionar el Reino de Dios. Esa fue la misión de Jesús y es esa la misión a la estamos llamados los Misioneros de la Consolata. Hacer actos de caridad sueltos, sin el esfuerzo por construir procesos que busquen resolver las causas, se convierte en paternalismo ingenuo. 

Compasión-misericordia es “sentir con el otro” de manera profunda. Compasión es entender, eso que enseñó Nelson Mandela con la inspiradora teoría del “ubuntu”: en el otro estoy yo. Ellos son nosotros. Cualquier sufrimiento infligido al otro, de muchas maneras es sufrimiento para sí mismo. Cuando San Pablo habla de cuerpo místico, se está refiriendo a lo mismo. Las partes del cuerpo social son tal y cual como las partes del cuerpo humano: cuando duele una parte es todo el cuerpo el que duele. Y viceversa: el bienestar de una de las partes es también el bienestar de todo el cuerpo. Eckhart Toole, un reconocido experto en compasión, la define como “la conciencia de un profundo vínculo de ti mismo con todas las criaturas”. 

Aunque el carisma de la consolación para los Misioneros de la Consolata está apenas en su infancia, es motivo de alegría el esfuerzo de hacernos cada vez más conscientes de la mina preciosa que nos legó San José Allamano. 

En resumen: la ética es la espiritualidad de la compasión-misericordia cuando vamos al encuentro y consolamos el dolor de quien encontramos en nuestro camino, “bajando de Jerusalén a Jericó”. Ese ser misericordiosos automáticamente nos hace santos, pues es lo que el mismo Jesús entendió por santidad. De ahí su mandato perentorio: “sean misericordiosos como Dios es misericordioso” (Lc 6,36).

* Por Padre Leonel Narváez, IMC – Sacerdote Misionero de la Consolata, sociólogo con posgrados en las Universidades de Cambridge y Harvard. Actualmente es presidente de la Fundación para la Reconciliación.

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