
Francisco Viáfara es seminarista afrocolombiano en la etapa de teología del Instituto de los Misioneros de la Consolata (IMC) en Sao Paublo – Brasil, y comparte desde su experiencia personal una profunda reflexión sobre los desafíos que enfrentan los jóvenes afrocolombianos, la riqueza de su identidad cultural y su compromiso como discípulo de Misionero de la Escuela de Jesús, en un mundo global e intercultural.
Por Luis Mario Luna Velásquez *
Desafíos y esperanza
Los jóvenes afrocolombianos viven hoy una serie de desafíos estructurales que limitan su desarrollo y bienestar tales como: la exclusión social, la falta de acceso a una educación de calidad, el desempleo, la precariedad en los servicios de salud y la persistencia de la violencia, especialmente en territorios marcados por el conflicto armado. A esto se suma una baja presencia del Estado y el riesgo constante de pérdida de la identidad cultural
Sin embargo, no todo es adversidad. “A pesar de estos desafíos”, afirma Francisco, “muchos jóvenes se destacan como líderes y agentes de transformación en sus comunidades”. Este compromiso es un signo de esperanza que brota desde las raíces culturales y espirituales del pueblo afrodescendiente.

Algunos signos importantes en la identidad afro son: la música, la danza y la oralidad; estos tienen un lugar central en los procesos de la evangelización, sus raíces afro enriquecen la celebración litúrgica y la convierten en una expresión identitaria de resistencia, resiliencia y dignidad. Francisco resalta que estas expresiones culturales no solo embellecen la liturgia, sino que integran de manera viva y significativa la fe cristiana con la vida y el sentir del pueblo afrocolombiano.
“Estas formas de expresión fortalecen la identidad, facilitan la transmisión de mensajes y fomentan la participación, especialmente de niños y jóvenes que descubren en ellas una forma de vivir su espiritualidad con autenticidad”, comenta.

Este joven misionero en formación, vive la afrocolombianidad como una riqueza para la misión y reconoce que desde la formación misionera en el Instituto, puede vivir una espiritualidad encarnada en su cultura, aportando una visión intercultural al anuncio del Evangelio, más allá de sus fronteras territoriales. “Mi formación es también un camino de conciencia crítica y compromiso con el pueblo. Vivir mi identidad afrocolombiana es reconocer mi historia, mis raíces y mi responsabilidad en la misión”.
Finalmente, Francisco sueña con seguir gastando su vida como misionero en otro país, llevando la riqueza de su cultura para dialogar con otras. “Quiero integrar la cultura del país en el que sirvo con la riqueza cultural afrocolombiana, uniendo saberes, conocimientos, espiritualidad y tradición que dignifiquen a las personas y fortalezcan los lazos comunitarios”.

Su visión misionera es clara: hacer del Evangelio una experiencia cercana, alegre y encarnada en la realidad: “Aspiro ser un puente de encuentro entre pueblos, promoviendo una misión intercultural donde todos aprendamos unos de otros y caminemos juntos hacia un mundo más justo, fraterno y en paz”
Sin duda, el testimonio de Francisco Viáfara es un llamado a reconocer la belleza y el valor de la identidad del pueblo afro, sus raíces y saberes como aporte al Instituo, la Iglesia y la sociedad. Su voz, joven y comprometida, nos recuerda que el Evangelio se encarna también con ritmos, colores y sabores de cada pueblo; y que, desde esa diversidad, el Reino de Dios se hace presente, cercano y fecundo.
Luis Mario Luna Velásquez, Oficina de Comunicaciones IMC Colombia