Mons. Diamantino: “La Cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo nuestro ser”

Mons. Diamantino impone la ceniza al obispo José Luis Ponce de León. Fotos: Jaime C. Patias

Con la celebración del Miércoles de Ceniza la Iglesia inició el camino de la Cuaresma en preparación de la Pascua. En la Casa General de los Misioneros de la Consolata en Roma presidió la misa, Mons. Diamantino Guapo Antunes, IMC, obispo de Tete en Mozambique. También concelebró Mons. José Luis Ponce de León, IMC, obispo de Manzini en eSwatini.

Por Redacción

Por iniciativa del Papa Francisco, el inicio de la Cuaresma, este año el 2 de marzo, fue una jornada de oración y ayuno por la paz en el mundo, especialmente en Ucrania.

“Como cada año, la Cuaresma se abre con las palabras del profeta Joel, escuchadas en la primera lectura, que señalan el camino: “Volved a mí con todo vuestro corazón” (Joel 2,12). Es una invitación que sale del corazón de Dios, que con los brazos abiertos nos implora que volvamos a él”, observó Mons. Diamantino en su reflexión. Y continuó:

“La Cuaresma es y debe ser siempre un camino de retorno a Dios, después de habernos alejado de él. No siempre estamos dispuestos a volver (…). Ahora Dios apela a nuestros corazones. Hoy es el momento de volver a Dios, es un momento de conversión”.

Lea a continuación, el texto completo de la homilía de Mons. Diamantino.

1. Hoy comenzamos el camino de la Cuaresma. Una Cuaresma dolorosa como las últimas dos pasadas. Antes nos afligía la pademia, hoy nos preocupa una guerra injusta que está muy cerca de nosotros, el Papa Francisco nos pide que recemos y ayunemos para que termine.

Como cada año, la Cuaresma se abre con las palabras del profeta Joel, escuchadas en la primera lectura “Vuelve a mí con todo tu corazón” (Joel 2:12). Es una invitación que sale del corazón de Dios, que con los brazos abiertos nos ruega que volvamos a Él.

La Cuaresma es y debe ser siempre un viaje de regreso a Dios después de habernos alejado de Él. No siempre estamos dispuestos a volver. Cuántas veces le hemos dicho: “Señor, vendré a ti más tarde, espera un poco …. Hoy no puedo, pero mañana empezaré a rezar mejor y a hacer más por los demás”. Ahora Dios apela a nuestros corazones. Hoy es el momento de volver a Dios, es un momento de conversión.

2. La Cuaresma es un viaje que implica toda nuestra vida, todo nuestro ser. Es el momento de revisar los caminos que tomamos, de encontrar el camino a casa, de redescubrir la conexión fundamental con Dios, de quien todo depende.

Intentemos preguntarnos: ¿Dónde está mi corazón? ¿Hacia dónde me lleva: hacia Dios o hacia mi propio yo? ¿Amo un poco al Señor y un poco al mundo, o tengo un corazón arraigado en Dios? ¿Me siento cómodo con mis hipocresías, o lucho por liberar mi corazón de la duplicidad y la falsedad que lo atan?

3. La Cuaresma como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria, es la imagen de toda nuestra existencia terrena. En su Mensaje para la Cuaresma de este año, el Papa Francisco se centra en la vida del hombre, al que compara con un campo, que hay que sembrar con buenas obras para que dé frutos de paz y amor. El Papa parte de la exhortación de San Pablo a los Gálatas: “No nos cansemos de hacer el bien; porque si no nos damos por vencidos a su debido tiempo, cosecharemos”. Ya que tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos” (Gal 6,9-10a). (Gal 6:9-10a).

4. Efectivamente nosotros cosecharemos si adoptamos la mentalidad de «Dios agricultor» que nos enseña a encontrar la verdad y la belleza “no tanto en el tener como en el dar, no tanto en el acaparar, sino en el sembrar el bien y compartir”. Si nos comprometemos así, si sembramos semillas de bien, los frutos sólo pueden ser abundantes. Empecando por nosotros mismos y nuestras “relaciones cotidianas”. “En Dios”, en efecto, “ningún acto de amor, por pequeño que sea, y ningún esfuerzo generoso se pierde”. Y es un contagio positivo que concierne a toda la comunidad, porque -señala el Papa- servir al Padre, “libre de pecado, produce frutos de santificación para la salvación de todos”.

5. Hoy inclinamos la cabeza para recibir las cenizas. Al final de la Cuaresma, inclinaremos aún más la cabeza para lavar los pies de nuestros hermanos y hermanas. La Cuaresma es un descenso humilde dentro de nosotros mismos y hacia los demás. Nos hace pequeños.

Cristo ha venido a nuestro encuentro. Y nos invita a volver a Él, a redescubrir la alegría de ser amados.

Mis mejores deseos de una Santa Cuaresma para todos.

Monseñor Diamantino Guapo Antunes, IMC, Obispo de Tete, Mozambique.

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