“Que esta vez sea distinto”

La mano violenta de los hombres ha arrebatado la vida a Mons. Osório Citora Afonso el 6 de junio 2026 en su residencia episcopal en Quelimane (Mozambique).

Por Elmer Pelaez Epitacio *

Con indignación evangélica y con fe nosotros proclamamos que creemos en la victoria de Dios y de la verdad y por ello esperamos que pronto la mano de Dios mueva los corazones y se haga justicia ante este crimen.

La sangre del inocente grita y llega al cielo clamando justicia y nuevamente nos pregunta: ¿dónde esta tu hermano? Este grito retumba en nuestra conciencia, exigiendo respuestas concretas por la vida, la justicia y la dignidad.

Hoy la vida de nuestro hermano misionero, que ha sido martirizado, nos obliga a salir del silencio y hacer del evangelio praxis de amor y justicia. El silencio hoy se hace cómplice de la violencia, por eso la iglesia debe ser voz y lucha que, en nombre de Jesús, responda por la vida de mons. Osório Afonso. Su asesinato es una llamada urgente a actuar; a buscar con valentía la verdad y la justicia como él lo hizo.

La oración que elevamos al cielo por la vida de Él es compromiso por la reconciliación y el perdón que exige cambio y no repetición. El Evangelio no es venganza, sino restauración y transformación. Su muerte no puede quedar como una más en la lista de los que mueren por predicar la Palabra: su muerte debe despertar conciencia y compromiso.

La sangre de mons. Osório Afonso es un clamor a una conversión profunda, seria y comprometida. Sin ninguna duda creo que esta sangre misionera transformará el mal en bien.

Elevamos una oración especial por su familia, y de modo particular por su mamá. A ella le ha tocado vivir la alegría más grande y el dolor más grande que un ser humano puede vivir en esta tierra. Sus lágrimas que hoy caen no se conviertan en lodo, sino en perlas preciosas delante del Dios de la Vida.

A todos los hombres y mujeres de buena voluntad: Aunque cueste, sigamos mostrando que la Verdad nos hará libres (Jn 8,32).

Gracias, mons. Osório Afonso, por tu vida y entregada a la misión. Que San José Allamano y María Consolata intercedan por nosotros, hoy y siempre. Amén.

* Padre Elmer Pelaez Epitacio, missionario della Consolata.

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