Una Semana Santa transformadora en la Amazonía Colombiana

Reflexiones de una misionera laica en Puerto Leguízamo, Putumayo, Colombia.

Por Viviana Sandoval*

Entrando en el territorio

En el corazón de la exuberante selva amazónica colombiana, se encuentra Puerto Leguizamo, una pequeña ciudad donde la naturaleza desborda vida y los desafíos cotidianos son parte del paisaje. Mi experiencia como misionera laica en este rincón remoto del país, junto al obispo, sacerdotes, religiosas y seminaristas fue verdaderamente transformadora y enriquecedora.

Desde el momento en que llegué, me recibieron con los brazos abiertos tanto la comunidad religiosa como los habitantes locales. La calidez y la hospitalidad de la gente de Puerto Leguizamo me conmovieron profundamente. A pesar de las dificultades que enfrentan a diario, su espíritu resiliente y su alegría de vivir eran palpables en cada interacción.

Acompañando a la hermana Yaneth, de la comunidad religiosa de la Presentación, tuve el privilegio de sumergirme en las tradiciones y la fe católica del resguardo indígena de Lagarto Cocha, ubicado junto al río Putumayo. Una de las experiencias más conmovedoras fue participar en el Viacrucis. Rodeados por los sonidos de la selva, recorrimos el camino de la Pasión de Cristo, reflexionando sobre el sacrificio y la redención. La devoción y el respeto de los miembros de la comunidad indígena hacia esta tradición dejaron una profunda impresión en mi corazón. 

Habitando el territorio

Además, tuve el honor de apoyar en las celebraciones de la Semana Santa en la Parroquia de Nuestra Señora La Consolata. La comunidad religiosa me recibió con los brazos abiertos, compartiendo conmigo su fervor religioso. Desde la procesión del Domingo de Ramos hasta el viernes Santo, cada momento fue una oportunidad para sumergirse en la espiritualidad y la comunión con Dios y con los demás fieles.

Saliendo del territorio

Quiero expresar mi profundo agradecimiento al señor Obispo Joaquín Humberto Pinzón por su cálida acogida y por la maravillosa organización de las visitas a las comunidades, como Soplin Vargas (Perú) y Lagarto Cocha. Su liderazgo y su compromiso con la Iglesia católica fueron inspiradores para todos nosotros.

También quiero agradecer al Seminarista Jhon Eduar y al Padre Blas por su generosa acogida y por compartir conmigo su sabiduría, su amor y entrega por la Iglesia.  Puerto Leguizamo y su gente ocuparán siempre un lugar especial en mi corazón, así que toda la comunidad religiosa que hacen un trabajo extraordinario por llevar el mensaje de Dios y de nuestro señor Jesucristo a las comunidades de la Amazonía. En medio de la belleza natural de la Amazonía y la devoción de su gente y la comunidad religiosa, encontré una profunda conexión con mi fe y un renovado sentido de propósito. Que esta experiencia siga inspirando y fortaleciendo mi camino espiritual, y que la luz de la fe continúe brillando en esta hermosa región de Colombia.

Viviana Sandoval es misionera laica. 

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