
Puerto Leguizamo – Putumayo, fue sede del Curso de Inducción para misioneros y misioneras que han decido insertarse en el territorio amazónico. Durante el curso, desarrollaron diversas actividades que permitieron a los participantes degustar, oler y tocar la Amazonía. En este sentido, el curso fue un espacio para conectar el corazón con este territorio sagrado.
Por José Fernando Flórez Arias *
Desde el 29 de abril hasta el 05 de mayo, 34 misioneros y misioneras entre laicos, laicas, religiosos, religiosas y sacerdotes provenientes de países africanos y de América Latina, se dieron cita en Puerto Leguízamo (Putumayo- Colombia) a fin de realizar la inducción que el Vicariato de Puerto Leguízamo Solano, ofrece en cabeza del CAPI (Centro Amazónico de Pensamiento Intercultural) a misioneros y misioneras que desearon insertarse en el territorio amazónico desde diversas jurisdicciones eclesiales que pertenecen a la Amazonía, como la Arquidiócesis de Florencia y el Vicariato antes mencionado, haciendo hincapié en un pensamiento “glocal”- pensar globalmente, actuar localmente-.
Más allá de enumerar contenidos y metodologías que va desde mapas parlantes hasta salidas de campo; nuestro interés se centraba en visibilizar diversas fibras con las cuales cada misionero y misionera se iba a entretejer en este territorio bajo dos pilares fundamentales: descálzate porque lo que pisas es tierra sagrada y date la oportunidad de sentir el territorio porque lo que no pasa por el corazón, no está conectado con tu vida.

Así la Amazonia se convierte en lugar teológico y teofánico – si así se puede nombrar- que nos invita lentamente a profundas conversiones llevándonos no solo a estar, sino y ante todo a saber estar. Y para ello, más allá que cursos de misionología, antropología o sociología (que también son necesarios) está la experiencia vital. El oler, el ver, el degustar, el palpar, el dialogar… la comensalidad. Y eso solo se da en la medida en que estamos, para saber estar; siempre desde el respeto y sintiendo la presencia de Dios que a cada momento tiene algo para comunicarnos a través de la naturaleza y la gente que la habita.
En Puerto Maldonado, el papa Francisco nos dio una ruta de navegación para saber estar en esta Amazonía al decirnos: “Cada cultura y cada cosmovisión que recibe el Evangelio enriquece a la Iglesia con la visión de una nueva faceta del rostro de Cristo. La Iglesia no es ajena a vuestra problemática y a vuestras vidas, no quiere ser extraña a vuestra forma de vida y organización. Necesitamos que los pueblos originarios moldeen culturalmente las Iglesias locales amazónicas. […]Ayuden a sus obispos, ayuden a sus misioneros y misioneras, para que se hagan uno con ustedes, y de esa manera dialogando entre todos, puedan plasmar una Iglesia con rostro amazónico y una Iglesia con rostro indígena”.
Así la inducción fue un espacio de encuentro, tejido y horizonte en donde afloraron más preguntas que respuestas, en donde el Espíritu de Dios nos arrebató y nos desafió a saber ser Iglesia en este territorio Sagrado llamado: Amazonía.
* Por José Fernando Flórez Arias, IMC – Desarrolla su labor misionera en Soplín Vargas – Perú y es miembro del Consejo Regional del Instituto en Colombia.





