
Un poco lejos del punto geográfico donde ocurren las apariciones que le dan vida a la advocación a Nuestra Señora de Fatima, hace 109 años en Cova de Iría y donde miles de peregrinos visitan cada 13 de mayo su santuario en Fátima – Portugal, decide la Virgen peregrinar y hacerse santuario, barrio y pueblo. En un rincón que apenas nacía en la ciudad de Manizales, un sacerdote italiano, Misionero de la Consolata, marca el movimiento peregrino, quedándose de manera permanente, compartiendo incluso su nombre con el barrio que hoy la festeja emocionado y agradecido: Fatima.
Por Santiago Rangel *
Para el Padre Gerardo Botaccin, constructor y fundador del santuario, su ser como misionero le implicaba un movimiento que lo conduciría más allá de sus fronteras físicas y existenciales, convirtiéndolo en un peregrino de su vocación que, cuando es designado a la misión en la región Colombia, invierte su energía y dinamismo en el diseño, construcción y administración de este Santuario físico y humano.
No lo construye solo, sino con la compañía fervorosa de un pueblo humilde y generoso. Contagia con su entusiasmo a la naciente comunidad, logrando generar un movimiento suficiente para hacer que, “a punta de empanadas” como lo dice Carmencita, se lograra iniciar y culminar la construcción del templo. Así, el peregrinaje de la Virgen María y del Padre Gerardo se vuelve Barrio y toma forma de Santuario, lugar de encuentro para cientos de peregrinos cada 13 de mayo, hoy en Fiesta Patronal.
Una fiesta nada improvisada, cuidadosamente preparada a lo largo del año y, de manera inmediata, con una Novena bien participada. En su fiesta y nuestra fiesta, Ella se torna peregrina y recorre todo el barrio, saliendo y regresando a su santuario. Con ella, se establece esa relación fundamental de cualquier peregrino en el mundo: la hospitalidad. Se disponen las calles, las casas, las familias y los sectores, para vivir y acompañar la procesión con la Virgen. Todos espiritualmente conectados con la camándula del Santo Rosario, mientras Ella convoca toda la comunidad a su fiesta. Lo hace también de manera íntima y personalizada visitando las familias y pasando la noche en la casa de algunos privilegiados que la acogen.



Como la señora Liliana, agente pastoral del Santuario, que tiene muy claro que hay que recibir a la virgen y darle el mismo trato que ella le da a los peregrinos que vienen o van a visitarla. A fin de cuentas, Lili, también ha sido peregrina en su vida y cuando no vivía en Fátima, aspiraba y pedía la gracia de poder tener una casita en el barrio que tanto quería. – !Ayy rangelito¡ Si, cuando nos fuimos a vivir a Villahermosa yo vivía pidiendo a la virgencita de Fátima que nos diera una casita por acá en Fátima, para estar cerca del Caucho y de todos. A mí no me gustaba eso por allá y todos los días cogía una buseta y me venía.–
El día de la fiesta, el despertar es muy temprano, el peregrinar de la comunidad inicia para participar del movimiento inicial de la celebración. La Virgen también lo hace, para acompañar el Rosario de Aurora, que no espera a que el sol se despierte para anunciar con pólvora y avemarías la llegada de los peregrinos y la puesta en marcha de los comestibles que más tarde se ofrecerán como almuerzo para ellos.
Los peregrinos no llegan solos y como pedir, también es traer, en ese movimiento de hospitalidad, aparece la sacramentalidad de la fiesta: la vasija de las peticiones que los peregrinos dejan por escrito a los pies de la Virgen y que emprenden su rumbo hacia el cielo en la Eucaristía presidida por el Obispo, a las cuatro de la tarde. El incienso conoce el camino hacia el cielo y por eso acompaña el peregrinar de los anhelos, sueños y clamores que durante toda la fiesta están presentes en el movimiento que conduce el corazón de los fieles al Sagrado Corazón de Nuestra Señora de Fátima.
Todo lo que aquí ocurre en este día me permite ver que, por fuera del templo y en las celebraciones, hay cosas sagradas que, en la razón fundamental de su ser, son movimientos motivados por la fe, la piedad y la devoción que llenan o satisfacen los anhelos y peticiones de la gente. Sin duda, la fiesta patronal es el momento y el lugar que Nuestra Señora de Fátima dispone para que ese encuentro sea posible y para que todo lo que aquí ocurra se vuelva sagrado, festivo y patronal.
En consecuencia, me reconozco, también, como un peregrino que a su llegada de Ibagué fue bien recibido por el barrio, aceptado en el santuario y reconocido por la Virgen. Que por estudiar Antropología aprendió a ponerle atención a las cosas que hacen posible la vida, como lo puedo reconocer en la vida del barrio y el peregrinar del Santuario. Celebro esta fecha porque entiendo, antropológicamente, que está fundamentada, al final del día, en la Virgen peregrina que es hospitalaria porque nos recibe, nos escucha y nos atiende a todos; se hace peregrina y nos hacemos peregrinos. Elevo a tus pies mi humilde petición: la salud de mi madre. Qué esta humilde petición emprenda el camino peregrino hacia el cielo y que sea bien recibida, como los peregrinos que llegan a Fátima.
*Santiago Rangel Ramos, estudiante de Antropología y habitante del Barrio Fátima



