Padre Alberto Minora: Aniversario de la ordenación sacerdotal

EL PADRE ALBERTO MENORA COMPARTE SU VIDA Y MISIÓN DURANTE EL CURSO DE FORMACIÓN G50 EN ROMA

Con el corazón rebosante de alegría, unamos nuestras mentes y nuestras voces en himno de alabanza a nuestro Dios. Y si nuestras palabras son pobres y balbucientes dejemos que lo exprese el corazón.

Por Alberto Minora *

Gracias sean dadas a ti, Padre celeste, dador de vida, creador del mundo y del hombre que en todo momento y sin cansancio busca su deseada felicidad.

Gracias por la vida que me has dado gracias por el don del sacerdocio.
Desde entonces (han pasado 50 años)
“Padre”, me llama el niño que acaricio,
“Padre”, me llama el joven que aprecio,
“Padre”, me llama el adulto que oriento,
“Padre”, me llama el anciano que admiro.

“Padre”, me llama …En mí no encuentra respuesta.
Ser “Padre” no es fácil ni se improvisa.
Ser “Padre” no es sólo biología,
Ser “Padre” es la tarea de una vida entregada a Dios.

Que se hace fecunda porque el pobre, el enfermo, el alejado, el último descubre en tu presencia, tu palabra y tu gesto que vale mucho a los ojos de Dios, este Dios que nos ama con locura.

A ti, Señor, elevamos hoy nuestra alabanza, a ti que eres su enviado Salvador del mundo y del hombre. Que siempre sueña un mundo nuevo y diferente donde la hermandad y el amor no son sueños. Sino la más bella de las realidades.

El padre Alberto Minora con participantes del curso de formación continua G50 en Roma.

Gracias Jesús, soy misionero. Gracias, Jesús, eres mi modelo. Has entrado con fuerza en mi vida. Conoces a fondo mis limitaciones. Has pronunciado mi nombre para seguirte “Aquí estoy, Señor”, te he respondido.

Soy misionero: a anunciar tu reino me envías
Soy misionero: a continuar tu misión me empujas.
Soy misionero: a hermanar los pueblos me exiges,
Soy misionero: a realizar prodigios me instruyes
Soy misionero:…

He fracasado, a veces. Al mirarte a ti, Señor, encuentro fuerza para no cansarme en mí camino y escuchar, tocar, dar esperanza. Al que encuentro en la orilla de mi senda, como lo hiciste Tú. (Buen Samaritano). Al Espíritu también demos alabanza, nuestro himno de gratitud suba hasta Ti. 

A Ti Espíritu de vida y santidad; a Ti Espíritu del Padre que todo lo penetra y lo invade; a Ti que renuevas la faz de la humanidad. 

Gracias, Espíritu Santo: tu fuerza no me abandona. Gracias, Espíritu Santo: la vida religiosa es don tuyo. Un sí he pronunciado hace tiempo. (hace 50 años). Un sí que se vuelve definitivo y comprometedor en un estilo nuevo de vivir.

Vivir con Cristo en la pobreza. Vivir con Cristo en la castidad. Vivir como Cristo en la obediencia. Y si en esto a veces he fallado, sólo ha sido por mi debilidad.

Entra, hazte presente otra vez en mí. Sacúdame con tu fuerza, dame valentía. Para que pueda sentir tu presencia, en mí, en ti, en él, en todos… Y construir horizontes nuevos. Donde el cielo con la tierra se confunden.

Nuestra acción de gracias, no termina, se funde, oh María, en tu cántico de alabanza. A ti que eres Madre de Dios y de los hombres. A ellos les entregas tu Hijo Jesucristo: la gran consolación. De ti, Virgen María me siento amado. De ti,  Virgen María me siento hijo.

Desde pequeño aprendí a quererte. Tu rostro sereno ya me es familiar y a ti te abro mi corazón, “Misionero de la Consolata” soy. Este es mi nombre y mi apellido, compromiso de vida y deseo a la vez. Te pido Madre che no le falte tu protección al mundo entero, al Instituto (en Argentina, Venezuela e Italia en donde trabajé), a los superiores, compañeros, familiares, a la comunidad parroquial.

A los que en mil maneras me han ayudado y animado, dales el céntuplo por lo que han hecho por mí. A los que por mi maldad he ofendido, enséñales a darme tu perdón. Para mí, sólo te pido, una caricia y un beso tuyo. Y que cures las heridas que hay en mí. Quisiera vivir con alegría mi futuro. Llevando a Cristo, el Consolador a toda la humanidad. Así como lo hiciste Tú.

* Por P. Alberto Minora, IMC, misionero en Argentina

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