La Virgen de Chiquinquirá: Reina y Pedagoga de la Esperanza

Cuadro original en el altar central de la Basílica de Nuestra Sra de Chiquiquirá en Chiquiquirá, Boyacá. Foto: Luis Mario Luna

Por Salvador Medina *

Para todos los colombianos y una buena parte de los venezolanos la Virgen de Chiquinquirá nos es familiar. Muchos hemos peregrinado al Santuario de Chiquinquirá, lugar donde su viejo y ajado lienzo, pintado por el artista español Alfonso de Narváez, residente en Tunja, se fue renovando y recobrando el color la figura de Virgen del Rosario, vestida con manto azul oscuro y bordes dorados, toca, corona y un cetro en su mano derecha y un rosario rojo en su izquierda; el Niño Jesús sostenido por los brazos de la Virgen, cubierto con un manto rosado y con su propia corona; San Antonio de Padua, a la derecha de la Virgen, llevando un escapulario, una cruz y un libro y San Andrés Apóstol, a la izquierda, sosteniendo la Sagrada Escritura y la cruz en forma de X, signo de su martirio. Ambos pintados en el lienzo original por ser el primero patrono del encomendero que solicitaba la imagen y el segundo, del fraile que la había mandado a hacer.

Esta renovación milagrosa despertó y sigue despertado la admiración, la contemplación y la piedad de muchos hasta el punto de construirle hermosos santuarios – basílicas, en la ciudad que le da el nombre, Chiquinquirá y en la vecina Maracaibo, Venezuela, puntos de referencia, peregrinación y encuentro. En Colombia, además, la han declarado Reina y Patrona de la República.

El milagro del lienzo restaurado y expuesto a la veneración popular nos ofrece un rico mensaje evangelizador, que nos lleva, más allá de la piedad y devoción a la formación de mejores y más auténticos seguidores y servidores de su Hijo Jesús, diciéndonos como en la Boda de Caná, “hagan lo que Él les diga” (Jn 2,5), antes que nosotros le pidamos a ella que haga otros milagros.

Ella, como madre, nos comparte o entrega a su Hijo Jesús. Como discípula se une a todos nosotros, discípulos misioneros, en la escucha, el seguimiento y la misión del que nos llamó a su seguimiento para que estemos con Él (busquemos la santidad) y salgamos a testimoniarlo y anunciarlo más allá de nuestras propias fronteras (seamos misioneros/as). Como pedagoga, maestra en la Escuala de Jesús, nos orienta, con varias iniciativas, a vivir y trabajar para que la vida sea plena y feliz aquí en esta tierra y allá en la eternidad. Veamos algunas de estas iniciativas que nos pueden inspirar y en las que podemos participar:

  1. Lugar de encuentro: desde el inicio de la renovación del lienzo comienza a convocar y congregar españoles, indígenas, mestizos, afrodescendientes y otros peregrinos. No elimina las diferencias, pero sí las reúne, generando espacios de encuentro, en un país como Colombia, desde la época colonial marcado por profundas tensiones sociales, culturales y políticas, generadoras de diferentes violencias y violaciones. Los matricula a todos en una escuela de diálogo, perdón y reconciliación, con la pedagogía del encuentro, reforzada por el llamado ecuménico a la reconciliación que hizo el Papa Juan Pablo II cuando visitó el Santuario en 1986.
  • Artista de la restauración: el milagro reconocido consistió en la renovación de un lienzo deteriorado, simbolizando la permanente capacidad del Evangelio para renovar la belleza del ser humano, de los pueblos y de la creación. Enseñándonos la pedagogía de la belleza que comienza por la visión y la contemplación, antes que por la palabra, como diciendo: el silencio también habla y hay que escucharlo. Nos invita a contemplar y respetar la belleza del ser humano y de los derechos humanos, la belleza de la creación y los derechos de la tierra, la belleza de la familia, los niños y los ancianos, el cuidado y el respeto por el otro y sus derechos.
  • Pedagoga de la esperanza: la Virgen de Chiquinquirá ha acompañado guerras, epidemias, migraciones, pobreza, terremotos, conflictos políticos, etc. Acudiendo a ella el pueblo sostiene la esperanza certificada, no únicamente mediante milagros, sino también con su presencia, como en Caná y en el Calvario. Lo inscribe en la escuela del futuro, con la pedagogía de la esperanza activa.
  • Puente entre Colombia y Venezuela: la “Chinca”, como la llaman los colombianos o “la Chinita”, como la nombran los venezolanos, no es únicamente una patrona nacional sino un puente de amistad, canal de comunicación, intercambio de bienes y servicios, de hermandad que supera fronteras y divisiones ideológicas o políticas. 
  • Nuevo festivo en Colombia: el 9 de julio, día de la Virgen de Chiquinquirá, fue declarado festivo por el Gobierno nacional reconociendo la importancia histórica, cultural y religiosa de Chiquinquirá, Boyacá, al cumplirse 440 años del milagro.

* Por P. Salvador Medina, IMC – Director de la oficina de comunicaciones IMC – Colombia y del Centro de Misión y Culturas en Bogotá.

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