Evangelio del XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

 San Mateo 5, 1 – 12

Seguían a Jesús grandes multitudes… Él les dijo: “Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo”

Reflexionemos

Jesús: es el Santo entre los santos, en su vida y palabra está la santidad que Dios ha pensado para sus hijos. Su programa es un llamado que invita al cambio.

La multitud: Representa a los que desean vivir la santidad. Hacen todo para buscar a Jesús y con perseverancia son consecuentes hasta encontrar la gran felicidad.

Las bienaventuranzas:

Primero: carnet que identifica al cristiano, son ellas realidades terrenas que preparan la gran bienaventuranza eterna. 

Segundo: no son algo liviano o superficial. Pueden vivirse si el Espíritu Santo invade, libera de la debilidad y comodidad al que desea alcanzar la santidad.

Pregunta:

¿Qué cosas te hacen pensar que se aleja de ti la santidad?

Oremos:

Señor en medio de alegrías y tristezas ayúdanos con tu Gracia a ser santos viviendo con intensidad la caridad.

Recuerda:

¡SANTOS, SÍ!, y para ello, “Buenos” y “Felices”. Amén

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