
El G50 no es el último modelo de coche solar, ni la reunión de los 50 países más poderosos del planeta. Se trata, en cambio, del encuentro de un grupo de 12 misioneros de la Consolata convocados en Roma para un curso de formación permanente de un mes de duración (del 4 al 30 de mayo de 2026). Son personas que llevan a sus espaldas no solo años de vida (75, 78, 80…), sino también una rica experiencia misionera con 50 años de ordenación sacerdotal o de profesión religiosa, como nos recuerda el acrónimo G50.
Por Jaime C. Patias *
Al igual que los 12 primeros discípulos, los misioneros han sido acogidos por la comunidad de la Casa Generalicia. Son originarios de diferentes países y dan testimonio del Evangelio en diversos países de África, América Latina y Europa.
La iniciativa está organizada por la Oficina General para la Formación y coordinada por el Consejero General, el padre Mathews Odhiambo Owuor, junto con los padres Antonio Rovelli y Ernesto Viscardi, y propone un tema para cada semana: la Palabra de Dios y la Vida Consagrada, las etapas de la vida, la misión hoy y un diálogo informativo con la Dirección General. La metodología incluye estudios guiados por expertos, reflexión personal, intercambio en grupos, retiro, meditación, oración y celebración.

El grupo visitará también los lugares conmemorativos de Turín y Castelnuovo Don Bosco, en el marco del Centenario de la muerte del Fundador, San José Allamano.
El programa del curso explica así su objetivo: «Promover y actualizar a los misioneros proporcionándoles elementos de conocimiento, de crecimiento humano, espiritual, pastoral y experiencial para poder vivir mejor la vocación religiosa, mejorar la capacidad de discernir y desarrollar las competencias específicas en la tercera edad para servir adecuadamente según el estilo y el carisma del Instituto».

La «teología del descanso»
La misa de apertura del curso, el lunes 4 de mayo, fue presidida por el padre Mathews Odhiambo. Dirigiéndose a los hermanos mayores, el responsable de la formación recordó la importancia de la «teología del descanso» según el Fundador. «El Instituto considera la formación de sus candidatos y miembros una actividad de suma importancia. Es un camino indispensable que conduce a la madurez y a la plenitud vocacional en la consagración como misioneros de la Consolata; pero, “¡primero santos, luego misioneros!”», explicó. En este sentido, «el descanso se considera un medio para servir mejor a Dios, no una huida de los compromisos. En resumen, para San Allamano, la misión requiere un equilibrio dinámico: el misionero debe trabajar con empeño, pero sabe detenerse para descansar el cuerpo y alimentar el espíritu».

Para un misionero, «tras cincuenta años de siembra, el descanso es un acto de fe: es entregar el campo al verdadero Señor de la mies, reconociendo que la misión es obra Suya, no nuestra. Detener la marcha hoy, tras cincuenta años de fidelidad, significa honrar el cuerpo y el espíritu. Es en el silencio de la pausa donde la Consolación, carisma fundacional del Instituto, deja de ser solo un anuncio para los demás y se convierte en una experiencia vivida en primera persona», recordó el padre Mathews.
En este año de Vida Comunitaria, «vuestra pausa se convierte en una experiencia compartida para reavivar la chispa de la consagración. No es un tiempo para la nostalgia, sino para redescubrir la belleza de la mayor edad: una etapa en la que la sabiduría se convierte en el don más precioso para los hermanos más jóvenes y para toda la Iglesia – declaró al felicitarles -. Que esta pausa jubilar sea un tiempo de profundo renacimiento físico, psíquico y espiritual, para seguir siendo, tanto en el descanso como en el servicio, auténticos canales de consuelo».

Ceremonia de apertura
La ceremonia de apertura comenzó junto a la puerta de la Casa Generalicia, guiada por algunos símbolos. En el suelo había una cuerda, muchos hilos entrelazados entre sí, signo de comunión: una llamada a la importancia de la formación a la fraternidad y a la misión. El grupo G50 se reunió ante un pequeño altar con la Palabra de Dios y las imágenes de la Consolata y de San José Allamano. «Recojamos esta cuerda del suelo y mantengámosla unida: formemos un semicírculo ante el Cirio Pascual, la luz de Cristo que ilumina la misión en el mundo», invitó el padre Antonio Rovelli.
A continuación, en una procesión encabezada por el Cirio Pascual, seguido de un panel con las fotos de los participantes, la Palabra de Dios y las imágenes de la Consolata y de San José Allamano, los misioneros caminaron cantando hacia la sala de las columnas, el lugar del encuentro. Al llegar tuvo lugar la invocación al Espíritu Santo y cada uno encendió una vela en la Antorcha del Centenario, símbolo de la luz del carisma que nos dejó San José Allamano y que guía nuestra historia.

Posteriormente, cada misionero tuvo la oportunidad de presentarse. Hubo un primer intercambio de historias de vida y misión marcadas por éxitos, alegrías y dificultades, como es propio del discipulado de Cristo en la misión ad gentes.
El superior y el ecónomo de la casa, los padres Osvaldo Coppola y Gabriele Casadei, dieron la bienvenida a los hermanos y presentaron el funcionamiento de la casa.

Por la tarde, el padre Antonio Rovelli explicó detalladamente el programa del curso y los misioneros se prepararon para abordar el primer tema: «La Palabra como guía en la vida consagrada»: Será el tema de la jornada de retiro guiada por el padre Fabio Ciardi, OMI, al día siguiente, martes 5 de mayo.
En los próximos días nos esperan muchas gracias y bendiciones.
* Padre Jaime C. Patias, IMC, Oficina de Comunicación.



